Autor: Montalvo, Jaime. 
 Para qué los sindicatos obreros. 
 Sindicato y asamblea (Y 2)     
 
 Pueblo.    11/11/1977.  Página: 9. Páginas: 1. Párrafos: 12. 

Para qué los sindicatos obreros

SINDICATO Y ASAMBLEA (y 2)

PARECE demasiado evidente que en estos momentos a la clase trabajadora española nos conviene un sindicalismo fuerte (y esperemos que cuanto antes, unitario), es decir, que el máximo de trabajadores estén autoorganizados en sindicatos de clase. El momento político y económico por el que pasa el país, la situación amenazante para los trabajadores de la crisis que nos invade, abundan de una manera muy intensa en esta necesidad.

Los trabajadores necesitamos sindicatos, pero, eso sí, sindicatos auténticamente democráticos, en los que los cauces representativos no mediaticen la auténtica soberanía de sus bases. Y esta cuestión nos preocupa y debe seguir preocupándonos permanentemente a los sindicalistas.

Pero esta adjetivación necesaria del nuevo sindicalismo que los trabajadores queremos, no supone la superación del sindicato en cuanto expresión organizada de la clase trabajadora. Y desde luego se supone la superación por la asamblea.

El sindicato tiene que plantear reivindicaciones inmediatas (y. Mi esto, con referencia al centro de trabajo, la asamblea puede cumplir un innegable papel), pero no sólo reivindicaciones inmediatas.

Un sindicato que enmarque su actividad en nuestra liberación como clase, un sindicato que ponga en cuestión el sistema capitalista en su conjunto, precisa de una estrategia en función de una ideología que supere la estrecha perspectiva de lo inmediato; de una «memoria», de un sentido de la responsabilidad que, desde luego, no caben en el movimiento asambleario, por su propia esencia.

Por eso es preciso desarrollar las asambleas, sí, y los comités nombrados por todos los trabajadores, pero no convertirlas torpemente en competidoras de los sindicatos.

Hoy y ahora necesitamos un sindicalismo fuerte en el que nos organicemos los sectores de la clase trabajadora con una conciencia de clase más depurada, manteniendo permanentemente en su seno una fuerte conciencia crítica. Me parece que lo que está en Juego justifica todos los esfuerzos en esta línea.

Por esto, uno no se explica la actitud de determinados sectores sindicales, que no contentándose con recortar las funciones que genuinamente deben asumir los sindicatos (por ejemplo, la negociación a niveles superempresariales), potencia fórmulas asamblearias que pueden constituirse en serios contraestímulos a la afiliación sindical. ¿Cómo puede entenderse, por ejemplo, la sorprendente atribución de poderes negociadores a niveles provinciales a unas particulares comisiones mixtas designadas por las asambleas?

Planteamos las cosas con la seriedad que exige el tema, ¿Quién cree fácil establecer canales auténticamente democráticos de representación asamblearia, que alcance todo el asunto profesional de la construcción de la provincia de Granada, por poner un ejemplo? Y lo que no deja de ser importante, ¿quién puede creerse que ´ tales asambleas no son fácilmente manipulables, no sólo por facciones sindicales mayorítarias o minoritarias, sino, incluso, por fuerzas extrañas a la propia clase trabajadora?

Aparte, y desde otra perspectiva, la asamblea en la que supongo que sólo participarán trabajadores de las plantillas de las empresas del sector de que se trate, es más probable que defienda intereses inmediatos de sus integrantes, antes que otros, que contempla la situación económica del país, el paro, etcétera, desde una correcta perspectiva de clase, claro está. No creo que, en la realidad, resulten exageradas o falsas estas impresiones.

Todo ello, sin entrar en la debilidad de las asambleas, históricamente demostrado para mantener duraderamente posiciones de fuerza, huelgas, etcétera. ¥ la mayor influencia

de las asambleas a las embestidas patronales.

Desde luego, que se nos podrás decir que potenciando el papel de los sindicatos estamos dando mayor incidencia a determinados trabajadores en la conformación de la suerte de todos. Ello es cierto, pero es precisamente ésta una conquista, nada fácil por cierto, de los trabajadores en más de un siglo de lucha.

Un patrimonio organizativo de la clase obrera al que de ningún modo podemos renunciar en un equivocado proceso involutivo. ¿Quién puede negar, por otra parte, que los vecinos integrados en la asociación de barrio, con auténtica participación en sus actividades, tienen mayor incidencia en la vida del barrio que aquellos que se inhiben o se niegan a «entrar en el juego»? Consideración que cabria referir a otros muchos ámbitos de nuestra vida social. En la satisfacción de estas dos necesidades que tenemos planteadas los trabajadores, en el presente, se enmarca o pretende enmarcarse, sin reticencias y sin bandazos tácticos, la estrategia de la UGT. Queremos, y no lo vamos a ocultar, que el sindicato sea cada día más fuerte. Queremos que cada día seamos más los trabajadores organizados en defensa de nuestros intereses. Pero también Queremos un sindicato auténticamente democrático que sepa asumir el sentir de todos los trabajadores. También queremos que en su auténtico marco, la asamb1ea juegue el importante papel de crítica, contrasto y reivindicación que le corresponde. Y esas pretensiones creo honradamente que se recogen en nuestra alternativa, según se recoge en la proposición de ley de acción sindical en la empresa que recientemente hemos presentado a la luz pública, en la que se prevé la coordinación funcional absoluta entre el comité de empresa, emanación de todos los trabajadores del centro de trabajo, a la sección sindical de la empresa, expresión en la misma de los trabajadores organizados, y el importante y novedoso recurso al referéndum de todos los trabajadores de la empresa, sindicados o no.

Jaime MONTALVO Profesor de Derecho del Trabajo (de UGT)

POLÍTICAS Y CEREMONIAS

LAS víctimas, que somos los que andamos d« calzas caldas, porque hemos perdido hasta el cinturón de apretarse, no tenemos más remedio que clamar al cielo. Como en el Tenorio, oiga: «Llamé al cielo y no me oyó- / y pues sus puertas me cierra de mis pasos en la tierra / responda el cielo y no yo...» No nos queda sino ir al pacto, o séase, al consenso, o, si se quiere, a la alternativa, en vista de que la coyuntura anda por los suelos y la fluidez por los aires...

• Esto es lo que me aconseja el vecino, que es hombre de muchas luces y de radares muy sensibles: se trata de arrimar el ascua a la propia sardina, lo que equivale a ponerse bajo el árbol de mejor sombra o colocarse al sol que más calienta. Que en esas estamos todos, oiga, buen señor, que aquí, camarón que se duerme la corriente se le lleva, y el que no tiene padrinos se queda judío, aunque lo mande Justicia y Paz en la tierra.

0 De modo que los unos por un lado y los otros por el mismo, todos estamos viendo con quién hemos de establecer el pacto, o séase, el consenso. Mi vecino, que es de cascara amarga, que todavía se dice por estas latitudes, sugiere que 1iay que pactar con los de Carrillo, sobre todo después de que Fraga le sirvió de padrino de pila en su intervención madrileña del Círculo Veintitantos (que ahora no serán tantos, después de las dimisiones promovidas por tan fausto motivo). Y es que, asegura mi vecino, que el que en definitiva acaba por llevarse el gato al agua (ignoro a qué gato se refiere, aunque sospecho que al de tres patas), es el eurpcomunismo, que viene a ser como el comunismo de antes pero al baño María, algo así como el vino tinto con sifón.

0 Pero a mí me parece, oiga, y ya me explicará si estoy errado (sin hache, por favor), que todavía los del Centro del Gobierno, descubridores de la cuadratura del Circulo, como todo el mundo sospecha, a pesar de los análisis y enfrentamientos y clarificaciones, tienen la sartén por el mango, y que tampoco sería malo meter el pacto con ellos, por si tienen cuerda para mucho tiempo. Que a mí me parece que sí que la tienen, aunque con nudos."

0 Y naturalmente están Fraga y sus muchachos, los de la Alianza, que no crea, oiga, que están muertos, como el Comendador del Tenorio y que hasta es posible que, salvo error u omisión, todavía puedan darnos la sorpresa, con una nueva imagen, por supuesto. Que bien se sabe que donde menos se espera salta Fraga,

´0 De modo que, realmente, todos estamos por ahora «sumidos en un océano de confusiones», pero con el periscopio a punto, dirigido hacia las costas del pacto. Desde la población civil a la militar; de la eclesiástica a la seglar; de los vivos a los pintados.

0 Porque lo único que parece estar claro es que tenemos que pactar. Pero ¿con quién? Esa es la cuestión, que diría Shakespeare.

0 Mientras en España, que es pactista por naturaleza y también por compromiso político, andamos todos con el culo a rastras, dicho sea con perdón, buscando con quién pactar. Que esto es un poco como de «función» de Tono. Que uno se encuentra en la calle con las gentes de su costumbre y en lugar de preguntar, como antes:

—Oye. ¿No sabes que han subido el precio del aceite?

Va e interroga:

—Oye. ¿Tú con quién vas a pactar?

Y es que, oiga, en este mes de los Fieles Difuntos empiezan a funcionar los vivos en pos del Pacto, que es una barbaridad. Con quien sea. El caso es pactar, o séase, llegar al consenso, porque en definitiva, el que a buen pacto se arrima, buena sombra y mejor porvenir le cobija.

Victoriano CREMER

 

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