Autor: Bayod y Serrat, Ramón. 
   El vacio de poder sindical     
 
 Informaciones.    22/10/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 9. 

EL VACIO DE PODER SINDICAL

Por Ramón BAYOD Y SERRAT

NO se trata ya de reconocer virtudes ni de denunciar de-fechos sobre la antigua Organización Sindical. Pero el «aparato», corno estructura, hubiera permitido, con tan sólo alejar del mismo la injerencia gubernamental, convertirlo, por y para los trabajadores, en una de las fuerzas sindicales más potentes de Europa. Y porque esto lo sabían muy bien quienes no estaban- dispuestos a soportarlo, sean de derechas o de izquierdas, fue liquidada y sustituida a toda prisa por la presencia de unas «centrales» surgidas en olor de clandestinidad, carentes de afiliación popular suficientemente representativa, pero, eso, sí, aupadas en su mayoría por los grupos políticos que hoy andan por los aledaños del Poder.

La posible unidad sindical de los trabajadores ha sido sustituida por el pluralismo más sectario, en tanto que, como siempre, los patronos se han apresurado a construir su central única; la tantas veces reivindicada libertad: de reunión, de manifestación y, de huelga, ha dado paso a la coacción de piquetes obedientes a consignas no siempre emanadas dé la base en su inmensa mayoría; la organización de los sindicatos de trabajadores; transformada en tumultuarlas "asambleas" donde suelen imponerse no la seriedad que toda sindicalismo ha de asumir, sino la exaltación y demagogia» con el propósito de; "halagar" a unas masas que, ¿pesar de todo, van viendo ya el Juego y, por ello, no se deciden a "entrar" en tal o cual central.

Lo que tantos esfuerzos-consumió para los- sindicalistas- españoles —desde 1870 acá—, como es su organización en sindicatos responsables, es ahora motejado de "burocrático", retrocediendo así a los balbuceos propios del pasado siglo. ¿Por que las "centrales" han sido montadas no de abajo a arriba, sino de arriba a abajo, al amparo —casi todas ellas— de fuerzas políticas ajenas a la colectividad trabajadora, y en cuyo proceso los "intelectuales" burgueses juegan un papel no precisamente de segunda fila He aquí otro , "verticalismo" — si es que la palabra vale—, pero al revés. Entre tanto, el poder sindical permanece en el vacío, aunque pretendan llenarlo, a su modo, cada uno de los partidos políticos1 en liza.

Las "centrales" que representaron recieníemen´te en la Conferencia Internacional del Trabajo a loa trabajadores españoles, resulta´ ahora, como señaló el pasado verano un bien cualificado miembro del Gobierno, que no tienen militancia suficiente como para--ser interlocutores válidos en eí momento de instrumentar eso que se- conoce por pacto social. Si ello es así, tíos encontramos ante un»; obsérvancia algo extraña de lo» preceptos contenidoa al respecto en la Contitución de la O. I. T.; fenómeno al-que no son ajenos, desde luego, el mutismo, el abandono, la inhíbicion y 1a incapacidad del grueso de les responsables sindicales salido* de una» elecciones celebradas por mayoría democrática; y que desertftíWí precipitadamente desde el mas altó al mis bajo nivel.

Estamos ante una tremenda crisis de autenticidad, buscando- fuete apoyos que tan sólo cumple a; nosotros crear desde dentro. Hemos llegado a la mea descarada manipulación demagógica del lenguaje en su empleo estratégico, azuzando al pueblo con latiguillos que, sí hoy, tal vez pueden resultar espectaculares, mañana se convertirán en acusación fundada vuelta contra quienes, en lugar de contribuir a la consolidación del proceso democrático, se han afanado en convertirse en inquisidores de una situación pasada y disimular así su ineptitud para enfrentarse con la cruda realidad de los problemas, tanto de lo» perentorios como de aquellos que requieren una visión y solución a medio y largo plazo.

Y asi, en el plano social, no estamos sólo ente el agrio planteamiento dialéctico- entre capital y trabajo, sino frente a algo mucho mas grave; la lucha entre las distintas "centrales", qtie es lo último a lo que puede llegar el sindicalismo. Y esto» querámoslo o no, no es precisamente el frute positivo de la libertad, con o sin Convenio 87 de la O.I.T. Lo» intereses de partido privan-sobre los del país. Los trabajadores, segün la vieja filosofía liberal-burguesa son ya libres de pertenecer a-, y de fundar un, sindicato Y ahora, ¿qué?

Vemos hoy por todas partésirabajar a pleno rendimiento las piquetas del desmantelamíentor lo que no liemos advertido todavía es la presencia activa de los-arquitectos dedicados a sustituir» por otras realizacciones, aquéllo que tan torpemente se acaba dé liquidar a rajatabla, sin mas Pero, al tolo de la situación, algo me suenan aquí las palabras" que Wllíy Bernat acaba de soltar por nuestros pagos, tal vez porque, para sus adentros, se haya dado aquello de^ "no-es eso, no es eso.´´, tan familiar entre- nosotros,

Y-1e que de-verdad hoy falta en España, es, nda más ni nada menos ir qtte ira poder sindical fuerte, indigena, idéntico consigo mismo. Pero esto, ,naturaimente no les gusta demasiado a* los politicos de turno. Y a las Internacionales sindicales tampoco. De le que se trata es que el por sltíaicía sea inviable de que- los trabajadores -se enfrentan entre si, mientras» asistimos inmpasibles a pactos y mas pactos en las altura-pelitiesa.´Aunque con la significativa ausencia del sindicalismo en la mesa del diálogo.

Todo esto, para algunos, estoy seguro de que sonará- a antipático, "inmovilista" o a cualquier otro etcétera utilizado hoy por quienes se consideran carismáticos pontífices recién llegados al descubrimiento de la democracia. Pero entiendo que la libertad, como ya decía Orwell, mi colega inglés, consiste en el derecho a decirle a la gente aquello que no quiere oir.

 

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