Autor: Rouco, Jesús. 
   Un nuevo campo de batalla para el sindicalismo español     
 
 El País.    28/07/1977.  Página: 2. Páginas: 1. Párrafos: 9. 

ENRIQUE RESEL

Europa Crece y se acerca. La Europa de los seis fundadores de las Comunidades —que aparece en el mapa con trama clara— creció recibiendo en su seno a Gran Bretaña, Irlanda y Dinamarca, dando lugar a la Europa de los nueve (trama oscura). En estos momentos asistimos a una discusión histórica que casi permite completar política, económica y socialmente el mapa geográfico de Europa. Con el ingreso de España, Grecia y Portugal (rayado) la Europa de los nueve puede convertirse en la de los doce. Un mapa algo más completo... y homogéneo.

Un nuevo campo de batalla para el sindicalismo español

JESÚS ROUCO

Uno de los innumerables"próblemas que plantea el pedido de atodo a las organizaciones políticas y sindicales españolas, aparece en el área de la creciente política proteccionista que en este momento desarrolla la Comisión Europea, trazada no sólo-en respuesta a las presiones de las empresas multinacionales, sino también a las de los propios gremios europeos, nacionales y comunitarios. En ése sentido se puede decir que las presiones sindicales resultan, por lo menos, tan aparatosas —aunque a veces menos efectivas— que las de la Europa del dinero.

Ayer, en una conversación con el portavoz de la Unión General de Trabajadores de España (UGT), Manuel Simón, pudimos comprobar que ese aspecto del asunto constituye en este instante una de las preocupaciones menos conocidas, pero no por ello menos presentes, del sindicalismo socialista hispano ante este acto histórico de la presentación formal de la candidatura española.

«Nosotros —aseguró el señor Simón— no podemos condenar esa reacción del sindicalismo europeo. Hay que considerar que en el área de los nueve el número de obreros parados supera ya los cinco millones y medio, y que sólo en algunos sectores, como el textil, se han perdido en la zona alrededor de 500.000 puestos de trabajo.

—Pero ¿no cree usted que esta situación —le apuntamos— puede provocar una escisión de envergadura en el movimiento obrero internacional, particularmente entre el de la CEE, por un lado, y el de las naciones del Tercer Mundo y de la Europa industrial menos evolucionada, como España o Grecia, por el otro?

-Sí —replicó-, es una perspectiva que de ninguna manera podemos ignorar, y que lamentamos. Pero tenemos que enfrentarnos a ella con realismo y comprensión. A las organizaciones sindicales nos toca ahora explicarles el problema a nuestros trabajadores, y llevar a cabo, por supuesto, todas las gestiones nacionales e internacionales necesaria». Precisamente, la cuestionarse debatiria en la reunion de sindicatos europeos del próximo septiembre, a la que asistirá la UGT. Para nosotros, la tarea también consiste en reforzar la unidad de Europa, y para ello es imprescindible reforzar la unión de sus trabajadores. Vemos a Europa, ante todo, como una comunidad de trabajadores.

Comisiones apoya el ingreso

En términos bastante parecidos se expresó el portavoz de Comisiones Obreras, para asuntos internacionales, Carlos Elvira. «Nosotros —nos dijo— apoyamos ahora él ingreso en la CEE. T.enemos que vivir en Europa. Algunos de estos problemas, como el de los textiles o el de la pesca, ya han sido planteados por Camacho hace unos días, durante una entrevista con Jiménez de Parga. En principio, pensamos que ni los sindicalistas ni los políticos europeos deben temer la competencia. La competencia incentiva el desarrollo. Lo que hay que evitar son los monopolios, la Europa de los monopolios. Comprendemos, naturalmente,.las inquietudes de los gremios europeos, y en ese sentido somos partidarios de las negociaciones con esos sindicatos, en los que también encontramos apoyo y comprensión. De esa manera creemos que podrá facilitarse la formación de una verdadera Europa de trabajadores.»

Como puede observarse, la cuestión ya está siendo abordada aquí en profundidad, incluido hasta el mismo Gobierno español, y también por los de todos los países afectados por las restricciones europeas. Muchos Gobiernos del Tercer Mundo, como la India, Brasil, Portugal o Indonesia, han puesto por delante la voz de sus propios sindicatos, verticales u horizontales, en la seguridad, no desprovista de fundamento, de que esa voz sería —como ha sido— mucho más fuerte y contundente que la de sus diplomáticos. Porque lo

cierto es~que por esa vía lo que se pone enjuego es el principio de la solidaridad obrera internacional Pero ha a ocurrido qué también los dirigentes del Mercado Común han empujado a la batalla a sus propios obreros. A mediados de 1975, miles de trabajadores del sector textil empezaron á manifestarse sobre las puertas de la Comísión Europea contra las importaciones de procedencia extracomunitaria. El presidente de la Confederación Internacional de Sindicatos Libres (CISL), Otto Karsten (socialista alemán), me dijo entonces: «El Tercer Mundo y los países europeos no miembros de la CEE no deben ver en estas protestas una muestra de insolidaridad. Han de recordar, simplemente, que nuestra fuerza internacional como elemento de respaldo a las justas reivindicaciones de los sindicatos del Tercer Mundo, depende también de la fuerza económica de Europa. Los obreros europeos necesitan el pan, no sólo, para comer, sino también para ayudar a los obreros del resto del mundo.»

«Exactamente igual que nosotros —me indicó luego, no sin humor, un sindicalista hindú, tambien socialista, que viajó a Bruselas para discutir con sus compañeros europeos el problema de los textiles—. Si nuestras empresas no pueden exportar a la CEE y nosotros no podemos comer, tampoco podremos ayudar mañana a los trabajadores europeos.»

El problema no ofrece, seguramente, una posibilidad de solución fácil, y parece claro que ambas partes, obreros «ricos» y «pobres», o si se quiere del «Sur» y del «Norte», deberán poner en la cuestión grandes dosis de «comprensión». «Los efectos de una guerra entre los dos mundos sindicales —reconoció recientemente Francois Mitterrand, jefe del Partido Socialista francés y eje de la Unión de la Izquierda gala— seríaa también, y quizás esencialmente, de orden político, y podrían representar Un peligro para algunas de las bases del socialismo europeo y mundial.»

 

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