Autor: Camacho, Marcelino. 
   La asamblea es sindicalismo democrático     
 
 Pueblo.    24/10/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 14. 

La asamblea es sindicalismo democrático

Por Marcelino CAMACHO

Está claro que la única forma que permite a no importa qué sector de la sociedad expresar sn opinión y participar en la» decisiones es la asamblea. Así hay asamblea de fábrica cuando los trabajadores de la misma, en su conjunto, Quieren, democráticamente, decidir sobre algo. Hay asamblea^ de accionistas cuando tienen que manifestarse sobre ana gestión determinada.

Igualmente hay asambleas municipales o asambleas nacionales, los parlamentos locales o nacionales para, de alguna manera, expresar lo que él voto del conjunto del país delegado, ya que, naturalmente, a determinados niveles, no pueden reunirse, como es lógico, centenas de miles o Millones de ciudadanos.

Asi pues, está demostrado que tanto a nivel sindical como económico, ciudadano o político, la asamblea constituye la forma dé expresión mas democrática.

EL SINDICALISMO EN FRANCIA Y OTROS PAÍSES DE EUROPA OCCIDENTAL

De todos es conocido que el numero.de afiliados al total de centrales sindicales existentes en Francia se sitúa alrededor del 25 por 100 del conjunto de asalariados.

No cabe la menor duda de que esto significa que, salvo «B los, grandes acontecimientos laborales, la inmensa mayoría de trabajadores, no participa en el conjunto de los pro-Memas que les afectan. En cierta medida se establece una barrera, una especie de barranco, que no se salva más que « las circunstancias excepcionales, bien sean de tipo económico, social o político.

Ésto significa que, de alguna manera, una minoría de •filiados, al margen de su concepción del sindicalismo, está alejada casi permanentemente de las grandes masas de trabajadores.

LA BUROCRACIA EN EL SINDICALISMO O EN LA POLÍTICA

Cualquier definición de la burocracia en cualquiera de ntos dos sentidos citados indicarla que el burócrata, por supuesto no es el empleado de «burean» (oficina), sino que ge refiere fundamentalmente a una dirección burocrática que pierde el contacto con las masas y que se sitúa fuera de su control. Sin duda, eso es lo que sucede a un sindica´ tísmo como el clásico, que, partiendo única y exclusivamente de sus afiliados, quiere decidir en todo prescindiendo de las asambleas. Asi pues, el sindicalismo burocrático rechaza la asamblea.

EL SINDICALISMO DEMOCRÁTICO

El sindicalismo democrático parte de que, en general y aun en países como el nuestro, en que el grado de afiliación empieza a ser importante (la Confederación Sindical de CCOO tiene en el momento actual alrededor de un millón y medio de afiliados, lo que supone casi un 19 por 100 del total de la población asalariada), nunca llegará a ser la gran mayoría de los asalariados, por lo cual, si no establece una forma de ligazón permanente a través de asambleas abiertas al conjunto de. los trabajadores, corre ese riesgo de que hablábamos anteriormente de aislarse de la masa de trabajadores y de transformarse en sindicalismo de despacho.

Hay que decir que el sindicalismo burocrático por excelencia lo constituía el sindicalismo vertical fascista, pero no podríamos decir, si tenemos en cuenta la definición anterior, que no lo sea también ese sindicalismo que prescinde de la asamblea y que basa su acción única y exclusivamente en la sección sindical de sus afiliados.

LA ASAMBLEA Y SUS PELIGROS

Para luchar contra la asamblea, tanto los empresarios como este sindicalismo burocrático, parten de que las asambleas están llenas de peligros y pueden derivar hada situaciones incontroladas sin salida.

Nosotros podríamos responder que toda descubierta a nivel científico o no importa a qué otro terreno, tiene sus elementos negativos, que la energía atómica, por ejemplo, puede terminar en Hiroshima o en Nagasaki, en una matanza colectiva, mientras que la energía atómica dominada y orientada hacia fines pacíficos, está dando ya resultados extraordinarios al servicio de 1» Humanidad, y eso que no ha hecho más que comenzar su aplicación.

Así pues, la asamblea orientada por el sector mas consciente de los trabajadores, los afiliados a las centrales sindicales, por las secciones sindicales, puede evitar ese peligro le que la asamblea degenere y puede asegurar un» salida que, respetando la voluntad democrática de la mayoría, sea una solución correcta y conforme a los intereses de lo» trabajadores y del país.

Por otra parte, el papel de las centrales sindicales no disminuiria, sino que aumentaría al extender su influencia, orientación y control, si se dan soluciones justas, claro, a la totalidad de los trabajadores o a la mayoría de ellos, a través de la asamblea, al mismo tiempo que restablece los puentes t> la comunicación entre los afiliados y los no afiliados.

Como final, diríamos que si la asamblea, con voto a mano alzada o en la plaza de toros, sin orientación, puede terminar en algo Incontrolado, un sindicalismo burocrático, aislado de la mayoría de los trabajadores, provoca, inevitablemente, lo que corrientemente se ñama en Europa las huelgas salvajes —incontroladas también, claro—, con los mismos o mayores peligros que esas asambleas que se van de la mano.

Así pues, la Antea solución reside en combinar la acción consciente y organizada de los afiliados a las centrales sindicales, con la participación masiva de los trabajadores a través de la asamblea y el voto secreto. De ésta forma asistiremos a un sindicalismo realmente democrático, con una participación masiva de los trabajadores y, por supuesto, dando una salida correcta y ordenada a todos y cada uno de los conflictos que puedan presentarse.

 

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