Autor: Semprún, Alfredo. 
   La desarticulación de la E.T.A. No puede ser definitiva mientras sus dirigentes se refugien en Francia     
 
 ABC.    08/03/1973.  Página: 45. Páginas: 1. Párrafos: 16. 

ABC. JUEVES 8 DE MARZO DE 1973, EDICIÓN DE IA MAÑANA. PAG. 45.

San Sebastián 7. (0e nuestro redactor, enviado especial.) Tras las muy laboriosas jornadas vividas en Guipúzcoa por la Policía —funcionarios «especializados» y no especializados incluidos—, la actividad ha remitido, volviendo al ritmo menos espectacular que suelen caracterizar a la labor de investigación.

La «base legal», es decir, la red de complicidad que Eustaquio Mendizábal, alias «Txikia», había logrado establecer en esta zona como punto de apoyo para sos andanzas ha sido totalmente desarticulada, y el citado pistolero, con alguno* de sus colaboradores, tratan hoy, a la desesperada, de escapar al acoso.

No obstante, sería un grave error, en el que, naturalmente, no habrá, de caer el jefe superior de Policía de Bilbao, señor Sainz, lanzar las «campanas al vuelo» con aire triunfalista, considerando la desarticulación a que nos hemos referido, como definitiva.

Mientras al amparo de los Pirineos los Mendizábal, los Pérez Revilla y compañía continúen gozando de tan cómoda posición y no se acierte a capturarlos en el curso de una de sus visitas a nuestro territorio, la desarticulación, como en anteriores ocasiones, puede ser considerada total, en efecto, pero no definitiva.

El armazón subversivo puede llegar también a ser reestructurado en un tiempo más o menos corto.

Esto es algo evidente y parecería absurdo negarlo. Aunque los propios pistoleros que, en San Juan de Luz, ampara la Anai Artea, reconozcan, como lo reconocen, que las cosas resultan cada vez más difíciles para ellos.

Cuenten aún, no hay que olvidarlo, y ellos lo saben muy bien, con varios factores a su favor, además del privilegio incalculable que representa la incomprensible libertad de movimientos que tienen en los Pirineos atlánticos franceses.

Uno de esos factores, a nuestro inicio el más importante, es la ofuscación que, también con evidente impunidad, se viene generando en un sector de la juventud vasconavarra, confundiendo v aprovechando su natural entusiasmo y apego a las tradiciones de sus mayores, para llevarles, a través de torvos senderos, hacia la encrucijada de injustificada frustración que, sórdidamente, van convirtiendo más tarde en no menos injustificado odio y afán de revancha.

Otro de los factores que favorecen a los Mendizábal y compañía, es el evidente y reiterado error en que se viene cayendo al seguir considerándoles como integrantes de una organización de tipo subversivo terrorista, atribuyéndoles además la defensa de unos ideales, cuya bandera sisme tremolando con mayor o menor eficacia, con más o menos justificación, las viejas manos del señor Leizaola.

Referirse, como se viene haciendo, a V o VI Asamblea, a «Frente militar» o «Frente político» de E. T. A., etc., es, en efecto, ignorar olímpicamente la realidad del momento que vivimos, contribuyendo a la confusión de la opinión pública, con las posibles ventajas que de esta confusión se derivan para aquellos a quienes así ven favorecido su sucio juego,

Si en un momento dado todo ello tuvo su justificación, llegando incluso a convertirse en una amenazante realidad que a nadie oficialmente parecía preocupar, hoy esa realidad se ha desintegrado por sí sola a impulso de las divisiones Internas, de laa banderías personales que puede detectar el más bordo observador que, cruzando la frontera, quiera profundizar en el tema,

Es lógico que, quienes viven del atraco de la extorsión o del secuestro, traten de seguir manteniendo vigente ese disfraz de sa auténtico «gangsterismo» que justifica su acción a los ojos del papanatismo o de quienes juegan la carta, fuera y dentro de nuestro territorio, del «antirrégimen» español.

Es lógico también que cuantos, más allá de nuestros Pirineos, pasean su desesperación y destierro forzoso, traten de parchear la nave que se hunde irremisiblemente y en la que les embarcó un entusiasmo juvenil que hoy, en lo más íntimo, saben defraudado. Es lógico y admisible que existan politicastros al estilo de Monzón, y pensadores de auténtica categoría, como Alvarez Emparanza, que intenten aprovechar lo que pudo ser y no ha sido para arrebatar la «cabeza» al viejo «presidente» con residencia en París.

Y es evidente que todos ellos, en conjunto, por tan distintos intereses, traten de ocultar la realidad, su triste realidad. Incluso que, de vez en vez, intenten reuníficarse en empeño imposible. Primero, porque descubrir el auténtico «gangsterismo» de quienes cruzan la frontera seria derrumbar definitivamente el edificio de sus ilusiones y esperanzas y la justificación del sacrificio de sus vidas, ya trancadas para siempre.

Después, no hay que olvidarlo, en razón de que las pistolas y metralletas, quienes las manejan sin límites de conciencia, no son ellos, los más, sino los otros, los menos, los pistoleros.

Todo ello es admisible. Lo que es imposible concebir es que aquí, a este lado de los Pirineos, donde se sufre tan directamente la acción del bandidaje ejercido por unos cuantos fuera de la Ley, se persista en mantener el «mito».

Hay que airear con rotunda claridad que Eustaquio Mendizábal y quienes con el se apoderan por cualquier medio a su alcance de los millones de pesetas, que son el único objetivo que persiguen, no militan en más campo que el creado por sus vicios, por sus ambiciones y su desesperación.

Aunque para justificarse ante quienes arriesgan su vida por ellos, de vez en vez, coloquen el explosivo en un punto considerado «político», en un cementerio fuera de toda vigilancia, o en cualquier oficina pública de tas cientos que tienen a su alcance y pone a su alcance la normal tranquilidad de que venimos gozando los españoles.

Y luego explicar a los incautos, a quienes creen o están a punta de creer en ellos, los motivos por tos que siempre son apresados aquellos que, por «creer en Eustaquio y sus ideales», ae entregaron a él y nunca caen en manos de la Policía quienes «promueven» su entusiasmo, les dirigen en sus hazañas y, desde luego, en toda ocasión se hacen cargo del dinero obtenido para huir con él a lugares más tranquilos.

Y ahora estamos viviendo una prueba más de todo lo que afirmamos.

Eustaquio, perseguido de cerca o no, ea el que tiene, para desesperación de sus compinches en Francia, en su poder Ja totalidad del rescate obtenido por el secuestro del señor Huarte. Mientras, están pasando a la disposición de la autoridad judicial correspondiente todos aquellos que le ayudaron a obtenerlos.—Alfredo SEMPRUN

LA DESARTICULACIÓN DE LA E. T. A. NO PUEDE SER DEFINITIVA MIENTRAS SUS DIRIGENTES SE REFUGIEN

EN FRANCIA

Caen en manos de la Policía los captados por e! señuelo falsamente idealista

de sus objetivos "políticos"

 

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