Autor: Laso, Javier. 
   Abstención     
 
 ABC.    11/03/1980.  Página: 4. Páginas: 1. Párrafos: 4. 

ABC. MARTES, 11 DE MARZO DE 1980. PAG.

LAS CUATRO ESQUINAS

ABSTENCIÓN

LA derecha española, con las excepciones de rigor, no tiene arreglo. Le pasa lo mismo que a la izquierda,

pero por motivos diferentes. Nuestros compatriotas partidarios de un orden público impecable, de la

buena marcha de la economía, del desarrollo industria!, de la estabilidad de la peseta y de todas esas cosas

que delatan la salud de un país piensan que iodos esos problemas deben resolverse por si solos, gracias a

los oficios de algo que ellos designan vagamente como «la Autoridad». Si, por cualquier razón, la

necesaria armonía se resquebraja, debe intervenir inmediatamente «alguien» que la concierte, «alguien»

que es siempre el mismo: el encargado de sacarle las castañas del luego a la cómoda, medrosa y egoísta

gente de la derecha.

Si se convoca una consulta electoral de cuyo resultado depende algo fundamental para el futuro —y el

presente— de España, esos derechistas no van a perder el tiempo poniéndose en la cola a la puerta tdel

colegio donde les corresponde votar. Es mucho mejor irse de viaje, a visitar a la tía Eduvigis, o llevar a

los niños al campo, pobrecitos, a que tomen el sol. Si llueve, no van a mojarse estúpidamente por echar un

papelucho en una urna que ya ni siquiera es de cristal. En casa, abrigaditos, oyendo las noticias o viendo

algún programa de televisen. «¡Ya votarán los otros! Total, tu voto y el mió, mujer, no van a arreglar

nada. Y además, ;s/ se enteran a quién votamos! ¡Piensa en lo que nos puede pasar!»

No van a asistir al entierro del último guardia civil asesinado —«figúrate, puede haber carreras y

empujones y gritos»— ni a la manifestación que reivindica —esta vez si, reivindica— la bandera

española, ni —mucho menos— al discurso del candidato de la derecha. Lo prudente, lo razonable, lo

indicado es no meterse en nada, no opinar, no comprar el periódico que dicen que es «facha». «Ah, y no

vayas a decir cualquier cosa en la tienda o en el mercado, que luego te fichan y sabe Dios lo que nos

puede pasar.»

Desde luego, el terror es el terror y nadie está obligado al heroísmo. Pero muchas pequeñas cobardías,

muchas insigniticantes ausencias, muchos silencios mínimos arrojan luego ese cuarenta y tantos por

ciento de abstenciones de las Vascongadas. Abstenciones que no son de la izquierda, porque la izquierda

sabe lo que quiere y lucha por ello en las manifestaciones, en los encierros, con las pancartas o con las

metralletas. Y alguna vez, caballero, señora de derechas de toda la vida, hay que decirlo en alto e ir a

votar y sumarse al reducido número de los valientes, de «los locos», como ustedes les llaman. Porque, a

fin de .cuentas, señora, caballero, lo que se ventila es cosa de ustedes y de España. Y ustedes —cuarenta y

tantos por ciento, caballero, señora— han preferido quedarse en casa porque tenían miedo y el día estaba

muy desagradable.—Javier LASO.

 

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