Autor: López Sancho, Lorenzo (ISIDRO). 
   Lluvia en las vascongadas     
 
 ABC.    11/03/1980.  Página: 4. Páginas: 1. Párrafos: 6. 

ABC. MARTES, 11 DE MARZO DE 1980. PAG. 4

planetario

LLUVIA EN LAS VASCONGADAS

Sorprendentemente, llovía el domingo en extensas zonas de las provincias vascongadas, de modo que,

aproximadamente, un cuarenta y uno de los electores del país se quedaron en casa el día decisivo para

elegir a los diputados del primer Parlamento democrático de su historia autonómica. Las tanquetas

meteorológicas del general Sáenz de Santamaría habían sido enviadas Quizá un poco tarde para fumigar

los nubarrones.

El viernes, ya de madrugada, un grupo de estupendos mozallones vascos hablaban acaloradamente,

indignados, de la evolución de los acontecimientos políticos en su tierra. Decir que en muchos aspectos

carecían de razón sería injusto. En muchos aspectos sus censuras, su disgusto se fundaban en razones de

sobra, en razones como puños. Ignoro si el sábado siguiente tomaron el coche, el tren o el avión para ir a

sus pueblos a votar. Si fueron y votaron, hicieron lo que debían. Los que no lo han hecho, sin duda, han

sido los que componen ese cuarenta y uno de ausente que, inexplicablemente, debían de carecer de

paraguas y chubasqueros, tal vez porque en sus provincias la lluvia es un fenómeno poco frecuente.

La cosa es que algo más de la mitad del censo ha votado en las vascongadas y que el PNV, gran vencedor,

se ha quedado por debajo del cuarenta por ciento de ese cincuenta y nueve, poco o menos, de vascos,

vizcaínos y alaveses que no temieron a ninguna clase de lluvia al acudir a las urnas.

Estamos en una democracia que, por lo que sea, desiste de manera creciente de sus poderes democráticos.

Hay un sector de España que calla. Otro, que actúa. Concretamente en el país vasco los que callan fueron

en junio del 77 algo menos del dieciséis por ciento; en marzo del 79, algo más del treinta y uno por

ciento, en octubre del mismo año, más del cuarenta por ciento y ahora, cuando la Historia, como una

paloma se posa sobre el árbol de Guernica, salvo datos de última hora, han callado el cuarenta y uno por

ciento de los que debían haber osado expresar con esa claridad absoluta del voto lo que quieren o lo que

rechazan. A no ser que lo que rechacen sea la democracia, que también podría ser.

Así, la autonomía vasca va a comenzar su difícil marcha hacia una nueva estructura política en las

mismas penosas condiciones con las que la nación ha tenido que caminar por el estrecho, difícil, espinoso

sendero de la reforma: con un Gobierno carente de mayoría absoluta en el Parlamento. Eso significa, ya lo

hemos visto, un Gobierno obligado a pactar constantemente, a sustituir la decisión plena que sólo nace de

una mayoría efectiva, por el consenso, a necesitar de las costosas alianzas públicas o de reunión discreta.

Ha dejado Bernard Shaw escrito que el matrimomio es la unión de un hombre que quiere ir hacia el Norte

y una mujer que desea ir hacia el Sur por lo que ambos acaban yendo hacia el Oeste. En el caso vasco, la

tendencia final podría consistir en ir hacia el Este. Al Este, con cierta relatividad geográfica, está lo que

llaman Euzkadi Norte, y por esa latitud aprenderá el señor Giscard el costo de ciertas tibiezas, y más el

Este está el Ural, posición geopolítica que advertirán de un modo u otro ese cuarenta y uno por ciento de

electores aue el domingo tuvieron demasiado miedo a la lluvia.

Una etapa se ha cerrado. Otra se abre. Cualquier vaticio es hoy prematuro.— Lorenzo LÓPEZ SANCHO.

 

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