El voto de los emigrantes     
 
 Arriba.    04/01/1978.  Páginas: 1. Párrafos: 4. 

EL VOTO DE LOS EMIGRANTES

Mil novecientos setenta y ocho se caracterizará, fundamentalmente, por ´las reiteradas consultas electorales, que vienen e ser piedra angular para que el viejo —y para los españoles de ahora mismo, nuevo— «un hombre, un voto» se consolide como fundamento del modelo democrático en España.

Sin duda por falta de entrenamiento, los mecanismos electorales no estaban a punto, suficientemente engrasados, para lograr la universalidad en el voto de todos los españoles mayores de edad. El caso más sangrante, ciertamente, lo constituían los cientos de miles de españoles que, repartidos por Europa y América, se vieron forzados a emigrar para subsistir con el esfuerzo de su trabajo. Hasta ahora estos españoles encontraban dificultades mil para ejercer su derecho al voto. Desde ahora mismo, el tema entra en vias de franca y satisfactoria solución.

En efecto, la Presidencia del Gobierno, en el «Boletín Oficíal del Estado» del 3 de enero, ha hecho público un real decreto por el que se dispone la formación de un censo electoral especial de españoles residentes en el extranjero. Gran número de estos españoles, en la actualidad, por muy diversas causas, no figuran inscritos como residentes en ningún censo municipal, lo que les impedía votar, por causas obvias. Cumpliendo unos fáciles requisitos, desde ya mismo, podrán seguir siendo considerados como residentes en el último municipio donde tuvieran su domicilio en España, lo que les permitirá ejercer sus deberes ciudadanos con toda normalidad llegada la ocasión.

En el preámbulo del decreto de referencia se señala que es deseo constante del Gobierno —y obligación, añadiríamos nosotros— el conseguir una participación lo más completa posible de todos los españoles en las actividades políticas de la nación y, muy especialmente, en aquellas en las que han de manifestar su opinión mediante votaciones y elecciones legalmente establecidas.

Todos los españoles mayores de diecisiete años que residan habitualmente en el extranjero podrán de esta manera censarse a través del consulado español más próximo al ´lugar que residan en el extranjero.

El plazo para inscribirse en este censo especial finalizará el 15 de febrero, con lo que parece muy probable que en la primera convocatoria electoral que se haga en 1978 ya podrán tener regularizada su situación en el censo municipal correspondíente y emitir, por tanto, su vote.

Con esta disposición del Gobierno se hace justicia a unos españoles que hasta la fecha no han recibido el trato adecuado por una sociedad, el total de la comunidad que reside en el solar patrio, que Indiscutiblemente está en deuda con ellos.

Los emigrantes no sólo tuvieron el valor de elegir el camino más difícil para subsistir con dignidad, sino que edemas contribuyeron de manera decisiva a dar impulso al desarrollo español de los últimos veinte años. Lo menos que se podía hacer en la nueva España democrática era allanarles dificultades para que no pudieran considerarse, una vez más, ciudadanos de segunda.

Con este real decreto el Presidente Suarez ha cumplido una promesa que hizo hace pocos meses en Bruselas a los representantes de nuestros emigrantes. Por esta vez las palabras no se las ha llevado el viento.

 

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