Autor: Campmany y Díez de Revenga, Jaime. 
   ¡Pim, pam, pum!     
 
 ABC.    19/09/1981.  Páginas: 1. Párrafos: 6. 

Escenas políticas

PIM, PAM, PUM!

Ha terminado el Pleno de la colza. Menos mal que los padres de la Patria, entre forcejeos, pasteleos,

escarceos, floretees, coqueteos, cuchicheos, tanjeos, discreteos, paqueos y tiroteos, han encontrado un rato

y un resuello para acordar la administración de algunos alivios y socorros efectivos a las miles de familias

que han sufrido las consecuencias del misterioso aceite envenenado. Los padres de la Patria están de

acuerdo en que hay que investigar, en que hay que socorrer y en que hay que prevenir, y nos han dicho

que van a poner manos a la obra. Si se remedia lo que aún tiene algún remedio y se toma conciencia de

que hay que castigar a ios que se enriquecen matando, este penoso Pleno de la colza habrá servido para

algo más que para tener ocasión de celebrar un nuevo y singular combate político. Y a lo mejor alguna

vez en este país podremos tener la seguridad de que las cosas que nos venden son precisamente las que

queremos comprar, y que la carne será carne, la leche será leche, el vino será vino y el aceite será aceite.

No es que yo espere tanta felicidad, .pero, por lo menos, voy a tener el mínimo optimismo de creer que lo

que me vendan como carne, como leche, como vino o como aceite no va a resultar veneno. Pase .que nos

den gato por liebre, pero ¡señores negociantes y señores inspectores!, que el gato´no venga cebado con

cicuta. Y si para eso hay que crear un ministerio nuevo, pues se crea, hombre, que otras veces hemos

hecho un ministerio nuevo sólo para que pueda seguir siendo ministro don Pío Cabanillas, pongo por

ejemplo. Hay que reconocer que, a falta de otras habilidades, nuestros políticos tienen el arte y conocen la

ciencia de hacer y deshacer ministerios con mucha prisa y facilidad y de hacer y deshacer ministros con

todavía mayor desenvoltura.

También hay que reconocer que los políticos protagonistas de esta naciente, y quiera Dios que creciente,

democracia se han dado mucho más aire en tratarnos como contribuyentes que como consumidores. Es

muy posible que uno de los errores que todavía no le hayamos echado en cara a don Adolfo Suárez haya

sido el de hacer a don Francisco Fernández Ordóñez ministro de Hacienda en vez de hacerte ministro de

la Alimentación. ¡Qué horror, qué inmenso error! Ahora podríamos tener en mejores condiciones la

andorga y el bolsillo. Ese nuevo ministerio de alimentación se va a llamar también de pesca, y ése parece

un propósito plausible y encomiable. Si el nuevo ministerio empieza a funcionar pronto, es probable que

en esas fechas no nos hayan cerrado todavía los últimos caladeros. Los ministerios nuevos siempre sirven

para algo. Por ejemplo, en este Pleno se ha producido un grave desacuerdo entre la opinión del Gobierno

y la opinión de la Mesa del Congreso, acerca del tema de si se votaba o se dejaba de votar la moción de

casi censura, de reprobación o de regañina, como se le quiera llamar, a cinco ministros. ¡Pues bien, yo

estoy casi seguro de que eso no habría sucedido si todavía tuviéramos a don Ignacio Camuñas de ministro

de Relaciones con las Cortes! Don Ignacio Camuñas habría relacionado a don Leopoldo Calvo-Sotelo y a

don Landelino Lavilla, y ya está. Asunto concluido. Claro es que puede suceder que ia cosa no funcione.

Si la cosa no funciona, una de dos, o se quita al ministro o se quita al ministerio. Verbigracia, se creó

aquel ministerio de Cultura y Bienestar Social, y como el bienestar social no quedaba muy claro, lo

quitaron. Y a otra cosa. Con buena voluntad, en política, siempre se encuentran soluciones.

Una de las cosas que más admiran de este Pleno de la colza es la progresiva aproximación de los

socialistas al bando de los guardias. Hasta ahora habíamos visto y escuchado a un Partido Socialista casi

empeñado en que los guardias se estuviesen quietos ante los ladrones. Los guardias eran los odiosos,

crueles y totalitarios Cuerpos represivos, y los delincuentes debían vivir encaramados en una inaccesible

montaña de derechos, libertades, garantías y respetos. Los oradores socialistas del estreno del hemiciclo

democrático tronaban contra aquel zapatero prodigioso que le abrió la crisma al diputado don Jaime

Blanco cuando quena arrancarle de las manos a un detenido en flagrante .delito. Bueno, pues ahora, no.

Ahora los socialistas no sólo quieren que se castigue a los culpables —que es lo que Dios manda y |os

códigos—. sino que se castigue a quien sea, antes aún de investigar su conducta. Y, sobre todo, que se

castigue a los ministros. Para los socialistas, los ministros son culpables por definición. En ese sarampión

justiciero, los socialistas están acompañados por los comunistas, o sea, exactamente igual que en las

Administraciones municipales. Los comunistas lo que quieren es que se castigue a los delincuentes «de

corbata». O sea, que habrá que redactar algo así como el Código Penal para los clásicos del vestido. Pues

ya lo sabe usted, tío. a trincar carteras a asaltar Bancos, a adulterar el aceite, a quitarse la corbata y a vivir,

que son dos días. Tampoco hay que darle a eso demasiada importancia. Serán reminiscencias de lo de la

lucha de clases, o será que se han puesto nerviosos con lo de la OTAN.

Pero el número más sorprendente de la función ha sido, sin duda, el de esa caseta de pim-pam-pum para

ministros que ha inaugurado la oposición. Al fondo se ponen cinco ministros en fila, separados así como

por medio metro para dificultar el acierto. Los padres de la Patria forman cola ante la caseta provistos de

cinco pelotas de papel de voto democrático. Y ¡hala, al bonito juego político del pim-pam-pum, fuego!

Los padres de la Patria tienen el derecho aproximadamente constitucional y pararreglamentario de

disparar una pelota sobre cada cabeza de ministro o de renunciar al tiro. «Pues mira, a mí ese de los

bigotes no me cae simpático. Nada, nada, pelotazo.» Y así sucesivamente.

En la feria de este país de las Batuecas, como diría Larra, si los batuecos políticos no encuentran una

caseta de pim-pam-pum. no se divierten. Aquí, en las Batuecas, lo importante para los políticos no es

encontrar soluciones; lo importante es encontrar cabezas de turco, colgar sambenitos, levantar picotas y

bajar a palos a ios cucañistas que hacen la competencia.

Bueno, a trancas y barrancas vamos avanzando todos por la senda constitucional, aunque alguna vez nos

salgamos de la cuneta. Al fin y al cabo, ya nos tiene dicho los que entienden de eso —que nosotros

estamos en las primeras letras— que la democracia es cosa que no se aprende´ sino con el ejercicio. Y el

ejercicio nos pilla a todos un poco entumecidos. Cuando cerremos las casetas del pim-pam-pum esto será

más aburrido, pero ya se sabe que ta democracia no resiste el excesivo jolgorio. En cuanto uno se mete en

juerga, viene un sargento y te pone firme. De momento, ya hemos tomado una prudente precaución. En

este pim-pam-pum no hemos sacado a don Alfonso Guerra.—Jaime CAMPMANY.

 

< Volver