Autor: Arias-Salgado Montalvo, Rafael. 
   Socialdemocracia y Centro Democrático (yII)     
 
 Diario 16.    10/02/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 10. 

Socialdemocracia y Centro Democrático (y II)

Rafael Arias-Salgado

(Bloque Socialdemócrata)

En su primer artículo el autor expone las razones que han motivado la unión de un sector de la

socialdemocracia con la alianza electoral del Centro Democrático.

La primera objeción que se ha levantado contra el Centro Democrático alude a la presencia de

personalidades del antiguo régimen en su seno. Es cierto. Pero, como queda dicho, al asumir pública e

inequívocamente esas personalidades la democracia como objetivo político quedan automáticamente

enfrentadas a quienes desde posiciones autoritarias pretenden asegurar la continuidad de las Leyes

Fundamentales con ligeros retoques. Es una consecuencia de la forma en que se está realizando el cambio

político mediante reforma y no a través de una ruptura que no ha podido llevarse a cabo.

La segunda objeción sostiene que el Centro Democrático es una operación gubernamental. Nada más

inexacto. La idea de la alianza entre liberales, democristianos y socialdemócratas nace en julio de 1976 en

el seno de la oposición democrática. Tras múltiples reuniones y tentativas entre estas tendencias, la

intransigencia de principio de algunos sectores democristianos dio al traste con la idea y entregó en

bandeja la iniciativa a otras agrupaciones políticas que, sin pertenecer a la oposición democrática,

compartían, sin embargo, la estrategia centrista para conseguir la democracia y batir electoralmente a la

Alianza Popular, expresión del más puro continuismo.

Objeción importante

La tercera objeción que se ha dirigido contra la incorporación del Centro Democrático de un sector de la

socialdemocracia es que cercena la creación de un centro-izquierda como alternativa política autónoma -

Esta objeción es importante. Más para configurar una alianza que responda a este calificativo es preciso

valorar sus posibilidades electorales, porque el centro-izquierda existirá no porque voluntariamente lo

intenten algunas personas y grupos, sino en función de su éxito en los comicios y de su futura

representación parlamentaria. Personalmente, no creo que un centro-izquierda, enfrentado con el PSOE,

pueda conseguir un resultado positivo. Es más, arriesgar en estas elecciones una opción política sin

medios, sin candidatos, sin organización y sin tiempo me parece erróneo.

El centro-izquierda, aquí y ahora, es, a mí juicio, una posibilidad confusa que en todo caso, para ser

auténtica, exige mía alianza con el PSOE; nunca contra éste, mediante un entendimiento con fuerzas

socialistas minoritarias, algunas de ellas sumamente ambiguas que enarbolaron un socialismo amarillo.

Fuerza típica de centro

Finalmente, se ha afirmado que el Centro Democrático no es un auténtico centro, sino meramente una

agrupación de fuerzas políticas de centro-derecha. Tal objeción, formulada, en particular, por dirigentes

políticos democristianos, es insostenible. De una parte, el Equipo Demócrata Cristiano del Estado

Español, como cualquier democracia cristiana europea, es por BU ideología, por su composición y por los

sectores sociales a los que se dirige la típica fuerza política de centro. El Partido Nacionalista Vasco ha

sido históricamente un partido de derechas. La Federación Popular Democrática, conducida por don José

M. Gil-Robles, es actualmente un partido de centro-derecha. La Unión Democrática del País Valenciano,

cuyo líder visible es Ruiz Monrabal, tiene la configuración de un partido netamente centrista. La Unión

Democrática de Cataluña, de Antón Canyellas, ha hecho ya un pacto electoral con el centro-derecha

catalán. Únicamente Izquierda Democrática, dirigida por Ruiz-Giménez, ostenta un perfil claro de centro-

izquierda. Por ello carece de sentido que desde el Equipo Demócrata Cristiano se acuse al Centro

Democrático de conservadurismo, toda vez que la democracia cristiana es, mayoritariamente, una opción

conservadora —y es ahí dónele está su clientela— en todos los países del mundo en que ha llegado a ser

partido gobernante. Por otra parte, el carácter constituyente de las próximas elecciones, es decir, la lucha

por la democracia, excluye la calificación de los planteamientos políticos democráticos como más o

menos derechistas. Y es que, debe insistirse en ello, no está en juego una concreta fórmula de gobierno,

sino simplemente la democracia y su viabilidad. Además, la situación económica del país no permite

frivolidades. Ante una crisis como la que atravesamos, no hay derechas e izquierdas, sino acuerdos de

salvación nacional.

Auténtico bloque de centro

Pero la crítica formulada en los sectores democratacristianos es también inconsistente por un segundo

motivo. El Centro Democrático fue efectivamente constituido a iniciativa de fuerzas políticas de centro-

derecha, iniciativa arrebatada a la oposición democrática por la intransigencia de la Federación Popular

Democrática. Pero existe la posibilidad real de cambiar su configuración y convertirlo en un auténtico

bloque de centro con sus alas derecha e izquierda. La incorporación del sector socialdemócrata significa

el primer y más importante paso para modificar su imagen. La integración de la izquierda de la

democracia cristiana sería el segundo paso, no imprescindible pero sí muy conveniente, por el prestigio y

la autoridad moral de Ruiz-Giménez. De este modo, el Centro Democrático adquiriría la deseable

amplitud y fortaleza para que de las próximas Cortes Constituyentes, en pleno acuerdo constitucional con

el Partido Socialista Obrero Español, saliese una Constitución claramente democrática y con posibilidades

ciertas de estabilidad.

 

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