Autor: ;Martín Bernal, Obdulio. 
 Felipe-Calvo Sotelo, Calvo-Sotelo-Felipe. 
 ¿Hay sitio para los partidos bisagras?     
 
 ABC.    29/11/1981.  Página: 11-13. Páginas: 3. Párrafos: 27. 

DOMINGO 29-11-81

NACIONAL

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En perspectiva

En cuatro años se ha configurado un mapa político que parecía cerrado y estable, pero que día a día se

muestra más sujeto a convulsiones. A izquierda y derecha surgen escisiones en lo que parece un anticipo

de otra oferta política, justo para cuando las urnas vuelvan a movilizar al país. El centro del electorado

fue siempre el escenario de batalla entre los grandes para poder gobernar. Pero surgen nuevos productos

políticos como terceros en discordia entre el partido del Poder y la oposición. Son las formaciones que

podían configurarse como grupos bisagra en un ensayo de nuevas formas de Gobierno. Es una hipótesis

de teoría política que podría plasmarse a un año vista. ¿Son posibles las bisagras? Luis Peiró y O. Martín

Bernal han realizado el siguiente informe.

Felipe Calvo-Sotelo, Calvo-Sotelo - Felipe

¿Hay sitio para los partidos bisagra?

En las próximas elecciones los ciudadanos no podrán votar lo mismo, aunque no cambien el sentido de su

voto.

Por la derecha, Fraga ya no es el hombre casi derrotado, que busco en el 79 una coalicción de última hora

para dar un sentido de derecha moderada a una AP confundida, en la primera contienda, con el

franquismo residual. Fraga es la última actualidad de un conservadurismo pujante, victorioso en Galicia, y

que no tuvo recelos para salir a la calle el 27 de febrero en la más grande manifestación que se recuerda

en apoyo a la democracia.

Por la izquierda, el eurocomunismo del 79 no podrá exhibir la talla intelectual, y eí «pedigrí» de prestigio

que convirtió en 23 escaños el difícil equilibrio entre profesionales avanzados y los viejos luchadores

obreros que era el PCE. Hay una crisis por medio que ha descalabrado su imagen sin que aún se ofrezca

otra. Con ser fuertes los cambios en las minorías de nuestro parlamentarismo «a cuatro», nada como la

transformación en los dos grupos hegemónicos.

Adolfo Suárez creó un partido, desde el Poder, que sirvió de colchón a «las dos Españas» y que lideró el

largo inicio de la transición. El hombre que, casi contra pronóstico, logró ganar las últimas elecciones con

sólo diez minutos en la televisión, es posible que no esté la próxima vez para dar la cara por la opción de

centro. Y en la oposición, la idea de cambio personificada en Felipe González no tendrá el sello marxista

borrado en el traumático XXVIII Congreso del PSOE, y sí la imagen del líder que, con serlo de la

oposición, juega más a hombre de Estado, con la socialdemocracia como estandarte. ¿Caben más?

Todos los partidos se están reorientando para, sin cambiar la imagen, hacer una oterta renovadora. No la

anterior, porque ya no les será posible, aunque sí una nueva que no reniegue de los orígenes pero que

cubra los cambios operados en la vida política, con el afán de llegar a más votantes. Con todo hay quien

piensa que no todas las posibilidades están cubiertas, que éste no será, después de la tercera elección

democrática que se conoce en la nueva Monarquía, un país de mayorías para Gobernar. ¿Quién tiene dos

decenas de diputados, que unidos a los que ganen, por el centro a la derecha o por el centro a la izquierda,

aseguren el Poder durante una nueva legislatura? .Hay o puede haber más de un intento por conseguirlos:

son los grupos bisagra.

TODO DEPENDE DE LEOPOLDO

«Me reafirmo en la necesidad del centro político, en la vigencia de una política de centro, distinta de la

derecha y de la izquierda, que continúe las reformas necesarias y posibles, sin conservar lo caduco ni

forcejear con la utopía...» Leopoldo Calvo-Sotelo iba pasando los folios de su discurso mientras los leía

ante los más de 200 compañeros de partido. Minutos después le proclamarían como presidente del

partido. «Porque todo depende de Leopoldo», dice uno de los más cualificados técnicos electorales

centristas. «En la línea de los resultados de las anteriores consultas, si UCD juega al centro derecha y el

PSOE se presenta como la opción de la izquierda, entonces *los bisagra" tendrían fácil sacar 15 ó 20

esbaños.»

Todo depende de UCD, porque precisamente por una situación determinada de UCD, Fernández Ordóñez

y los socialdemócratas que le siguen han dado el primer paso en el intento más serio por hacer la bisagra.

El problema es saber cual será la situación final antes del pistoletazo de la convocatoria de elecciones.

Ordóñez cree que ya puede reivindicar el centro para si, o más bien el centro-izquierda, dejando una UCD

para él ya inmersa en la derecha. Pero UCD —todo depende...— puede seguir siendo la ameba extendida

que mantiene dentro de sí a todas las fuerzas que la formaron —aunque el esfuerzo será que sigan, pero

bien avenidos— o pasar a retraerse, dejando fuera algo de lo que aún conserva dentro: democristianos,

martinviltístas, socialdemócratas, suaristas...´

«NO HAGÁIS CASO...»

El presidente de! Gobierno y del partido en el Poder quiso clarificar, la semana pasada, que todos caben y

deben seguir, que su labor no está por provocar salidas, «en UCD no sobran sino aquellos que piensen

que otros sobran». Y un aviso claro y terminante a militantes de élite para que disipen dudas de que UCD

se desnaturalice de sus principios, del único pacto posible para que surgiera como partido, «no hagáis

caso de quienes os hablan de cambios de rumbo, de golpes de timón». Y la idea del hombre que asegura

que no es de nadie, de ningún grupo, porque es de todos: «se me pondría en un grave aprieto y se me

obligaría a una mutilación si se me pidiera que me inclinara preferentemente por alguna de las tendencias

originarias de UCD». La posición perfecta para quien reclama para sí la función de «el clavillo del

abanico manteniendo unidas las diferentes varillas del partido, pero sin impedir el despliegue del

conjunto». UCD, es el mensaje, sigue siendo el centro. El tema es que cuaje y, aún así, que el elector se lo

crea y le guste. En cualquier caso, mantengan o no posiciones, UCD y PSOE buscan incorporaciones de

nuevos hombres en sus filas; dicen que para ampliar su oferta —«debo anticipar mi propósito de recabar

los apoyos que estime necesarios y de contar con las colaboraciones personales precisas», dijo ante sus

compañeros Calvo-Sotelo— con independientes, quizás para impedir el éxito de los bisa

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UCD y PSOE ven votos por el centro

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difícil que les arrebaten

gras por la expeditiva medida de llevarlos incluidos en sus listas electorales.

UNOS CREEN, OTROS NO

Con todos estos datos en la mano, unos ;reen y otros no, según es justo y natural. .os pesimistas —los de

la botella medio vacía— suelen estar holgadamente colocados en las baterías centristas o socialistas. Los

optimistas —los de la botella medio llena— son, obviamente, los que quieren hacer la bisagra y andan

ahora políticamente descolocados.

Los primeros tienen sus razones, y los otros también, como es de suponer. Los «pesimistas» dicen, entre

otras cosas, que el espacio de la UCD termina ya bien empezado el del PSOE y que entre ambos no cabe

«ni un alfiler». La veta socialdemócrata del programa centrista se superpone a los numerosos flecos

igualmente socialdemócratas de la oferta socialista. Además está el enojoso asunto crematístico: una

opción electoral necesita, para no quedarse en testimonial, tener mucho dinero detrás y delante y

conseguirlo no es tarea fácil. Y a mayor abundamiento.

nos encontramos con una ley electoral (todos quieren cambiarla, pero cada uno a su modo) cuyo principio

D´Hont no entiende mucho de matices y pequeñas cuñas políticas.

Pero lo más importante, el argumento final que esgrimen los enemigos de la bisagra es de mayor

trascendencia: nuestra democracia necesita fundamentalmente consolidación y estabilidad. Y ello se

logrará únicamente en un sistema bipartidista pluscuamperfecto, con dos grandes opciones electorales,

una de derechas y otra de izquierda, pero ambas responsables y moderadas en sus ámbitos respectivos.

Todo lo demás son ganas de incordiar.

Los «optimistas», los partidarios de la bisagra, aportan un repertorio de reflexiones bien distintas en letra

y música. Para empezar por el final, ellos mantienen que en este pafs no es posible un bipartldismo

perfecto por la sencilla razón de que las´políticas de la población son diferentes de las de los países

anglosajones, y la imagen social no es siquiera relativamente homogénea, sino muy diferenciada.

Estamos condenados, pues, a un bipartidismo imperfecto; a mayorías parlamentarias en precario, a pactos

de legislatura; en fin, a Gobiernos débiles y a una inestabilidad democrática crónica, con todos sus riesgos

e insuficiencias. En lugar de llegar al bipartidismo, añaden, lo que estamos es profundizando en una

bipolarízación de. fuerzas y, en consecuencia, una peligrosa bipolarízación social. Es preciso, por tanto,

construir una o varías fuerzas intermedias (llámense bisagra, cuña o más precisamente comodín) que

recojan las aspiraciones y los votos de amplias capas que no encajan en las grandes ofertas existentes.

Ello haría más fácfr el conseguir mayorías parlamentarias solidas, en la medida en que el partido bisagra

tendría capacidad e independencia para formar colaciones por la derecha o por la izquierda, según los

casos y el sentido de los votos.

Por lo demás —insisten— no existe un solo país en el mundo en el que el centro sea mayoritarto, eso es

algo antinatural y quiere decir que el centro no es tal, sino más bien derecha. Por tanto, el centro político

real —elástico y minoritario— no existe y hay que inventarlo.

LOS DOS GRANDES NO LO VEN DEMASIADO BIEN

No hay tendero que se alegre de que le abran en su barrio otro establecimiento en el que se vende el

mismo género. Aunque el aceptar la ley de la competencia obliga tanto a UCD como al PSOE a limitarse

a mostrar sus recelos, aunque más el uno que el otro.

«No veo sitio para cinco partidos nacionales. El sistema proporcional y las listas cerradas. Pueden quedar

reducidos a cinco o seis circunscripciones. No veo hueco. Pueden quedar laminados de por vida. Y lograr

cinco o seis diputados no es conseguir un partido que pueda hacer de bisagra, es quedarse en una minoría

más, como las que hay en el Congreso», considera José Ramón Caso, secretario de Organización de

UCD.

Guillermo Galeote, de la Ejecutiva del PSOE, tampoco lo ye claro: «Tengo mis dudas sobre su viabilidad

política tal y como está la ley electoral. Pueden quedarse en un número de diputados exiguo.» Y surge en

los dos portavoces la teoría del voto útil. «Si UCD acude a las urnas como opción diferenciado de AP, nos

seguirán votando a nosotros», asegura Caso. «Hay un sector del electorado, afirmar Galeote, que hasta

ahora no ha votado PSOE por ancestrales miedos y prevenciones. Ahí hay una franja a disputar. Si

rompemos esa barrera de temor a lo que puede suponer el PSOE en el poder el electorado optaría por

nosotros.»

Los dos coinciden también en señalar el al

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Para las nuevas formaciones políticas los dos grandes no aseguran la estabilidad

tísimo coste de lanzarse a la aventura de sacar adelante unas elecciones centrándose prioritariamente en

unas cuantas ciudades, donde los bisagras puedan tener influencia. «El coste por cada escaño es altísimo

en esas circunstancias y requiere una inversión muy fuerte», asegura el centrista. «En este país la

campaña electoral requiere grandes apoyos económicos; yo no sé si Fernández Ordóñez tendrá suficiente

respaldo social y económico. No se olvide la presión de los grupos económicos, mucho tiene que ver la

presión de la CEOE en la crisis de UCD

Hay matices en uno y otro interlocutor al tratar de las personas que pueden liderar la «operación bisagra».

Para José Ramón Caso quien no «puede jugar a eso es Garrigues. En Estados Unidos el liberalismo es la

izquierda del Partido Demócrata, lo más avanzado del país. Aquí se confunde con la derecha capitalista

moderna. Garrigues tiene «apel» en las clases dirigentes empresariales, pero a nivel popular deja a su

izquierda a Fraga. Los socialistas manifiestan su respeto por Ordóñez: «Ahora ha salido de UCD un

pequeño grupo que merece todos nuestros respetos y que puede ayudar a configurar el mapa político,

dejando una UCD más coherente, quitándote veleidades populistas», dice Galeote, quien asegura que el

momento es de confusión en el panorama político y que el momento es de confusión en el panorama

político y que de aquí al 83 se va a observar una evolución muy rápida. «Todo depende —sintetiza— de

la actitud de tres personas: Suárez, Ordóñez y Calvo-Sotelo.»

LOS QUE QUIEREN Y LOS QUE DUDAN

La opción bisagra podrá salir o no. Pero ya tiene sus candidatos, aspirantes o presuntos. Esta nueva oferta

ha de situarse entre UCD y el PSOE, y existen varias ideologías y hasta grupos dispuestos a entrar o, al

menos a considerar, la operación. De entrada es difícil que cuaje en un solo partido, aunque Acción

Democrática, de Fernández Ordóñez, esté ya en la línea de salida. Pero hay otras plataformas que pueden

disputarte el espacio. Entre la plétora de intelectuales y políticos reunidos en la Fundación para el

Progreso y la Democracia es probable que se desgaje un bloque netamente dispuesto a dar la batalla

electoral. No es imposible, pero tampoco probable, que los «adelantados» de la Fundación lleguen a

converger con la formación socialdemócrata que Ordóñez intenta construir. Depende de donde y por

donde salga la «avanzadilla» de la Fundación. En el mejor de los casos, ahí tendremos un partido o

estructura bisagra, de orientación radical y vocación de centroiz-quierda. Pero no podemos olvidarnos de

la operación liberal que con tanto ahínco está urdiendo Antonio Garrigues Walker. En principio y tal

como aparece planteada, la plataforma de los liberales no tiene demasiada vocación de charnela política,

sino más bien de fuerza de centro derecha, voluntariamente ahogada, a entenderse con la UCD de Calvo-

Sotelo. Los designios de Antonio Garrigues son inexcrutables, y los de Calvo-Sotelo igualmente, por

ahora. Pero si este hermanamiento no fragua, quizá Garrigues y sus liberales se lo piensen, V decidan

entrar en la lid política en solitaria ^Con lo que tendremos otro partido bisaáí¿:ílp una coalición, en el

caso más fantasioso, de que decida formar pareja política con ´Ordóñez.

Estamos hablando de políticaficción en la que todas las posibilidades están abiertas —en política nada se

puede descartar—, tantas como las incógnitas, y no es la menor la que se sintetiza en un solo nombre:

Adolfo Suárez. El ex presidente dice tener un proyecto político en la cabeza. Si se decide a ponerlo en

marcha, ya fuera de UCD, podría ser otro nombre en liza en ese pasillo, para unos angosto, para otros

amplio, entre el partido del Gobierno y el de la oposición.

 

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