Autor: González Seara, Luis. 
   ¿Un partido bisagra?     
 
 ABC.    29/11/1981.  Página: 12. Páginas: 1. Párrafos: 4. 

12/ABC

NACIONAL

DOMINGO 29-H-81

¿Un partido bisagra?

Uno de los divertimentos preferidos de algunos españoles es jugar a la imaginación simplificadora para

intentar meter, luego, a la realidad en esa simplificación. De ese modo se empieza por imaginar para

España un bipartidismo imperfecto, para sacar la conclusión de que aquí hace falta un «partido bisagra» o

de que cualquier partido nuevo que se cree es la tal «bisagra». Y una vez descubierta la palabra, los

razonamientos y las justificaciones son imparables. ¿No existe, en Alemania y Gran Bretaña, unos

partidos que hacen de bisagra entre la derecha y la izquierda? Pues bien, en España no vamos a ser menos

y exigimos también un partido bisagra. Poco importa que la realidad española sea distinta. La palabra

bisagra, llena de resonancias carpinteriles y de puerta toledana, empieza a adquirir contenidos mágicos y

taumatúrgicos, hasta el punto en que se empieza a decir por algunos que la «bisagra» es UCD,

denominación que, para un partido responsable de la gobernación del país durante tos últimos años, es el

colmo de la originalidad.

Si dejamos descansar un poco la imaginación, ¿cómo se nos presenta la realidad de los partidos

españoles? Sin referirnos a los extraparlamentarios, y contando únicamente con los representantes en el

Parlamento, tenernos a los comunistas, a los socialistas, a los centristas, a los de la Coalición

Democrática, a los vascos del PNV, de Euskadiko y de Herri Batasuna, a los catalanistas de Convergencia

y a los de Esquerra, a los andalucistas, a los aragoneses, a Fuerza Nueva y a otros más. En esas

condiciones, ¿cómo se puede hablar de «bisagra» y entre quiénes? ´

Los socialdemócratas que hemos abandonado recientemente UCD no tratamos de constituir bisagra

alguna, sino de intentar ofrecer una opción política nueva desde un partido que se presentará con su

programa y su plan de acción. Nosotros creemos que es irreal y, además, peligroso, querer llevar la vida

política española a una polarización de derecha e

izquierda que está en contradicción con la realidad social existente. Y pensamos también que es preciso

llevar a cabo en España una serie de reformas reales y transformaciones sociales que nos permitan

avanzar por los caminos de la modernización hacia un mayor bienestar y una mayor justicia. Por entender

que esto ya no lo podíamos conseguir desde la UCD actual, estamos pensando en la constitución de un

nuevo partido, para lo cual hemos iniciado una fase previa de creación en distintas provincias de las

asociaciones de Acción Democrática y esperamos contar con el apoyo de un amplio sector de españoles

que, sin ser socialistas, quieran cambiar la realidad española para convertirla en una sociedad civil y

secularizada, tolerante; que garantice los derechos y libertades de los ciudadanos; que consiga una

educación no discriminatoria para todos los españoles en una escuela libre; que sepa impulsar el

conocimiento, la innovación y el desarrollo científico, y tecnológico; que defienda y consiga un sector

publico de la economía eficaz y racionalizado; que reforme nuestras estructuras agrarias e industriales;

que busque y consiga una Administración pública eficaz y responsable; que, sin necesidad de

nacionalizaciones espectaculares consiga una mejor, más justa y más sociat distribución del crédito, y,_en

una palabra, que busque para España unas formas de vida superadoras de nuestro atraso histórico.

Esa oferta política se hace pensando en el pluralismo social español; los electores dirán en su día el gradó

de confianza que le otorgan, y después qe los resultados electorales será el momento de ver cómo se

recompone el sistema «Gobierno-oposición». Ahora, y a la vista de los datos existentes, una imaginación

reposada sugiere coaliciones para gobernar. Pero de ese futurible se encargarán las urnas.

Luis González Seara es diputado por Pontevedra y forma parte del grupo socialdemocrata Acción

Democrática.

Por Luis GONZÁLEZ SEARA

 

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