Autor: García Serrano, Rafael. 
   Dietario personal     
 
 El Alcázar.    11/03/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 12. 

Por Rafael GARCÍA SERRANO

VIERNES, 11 DE MARZO

Estamos ya en ese momento en que los terroristas pueden ser llamados patriotas sin que se rasgue ,el velo del templo y en que sus funerales sean de misa militar, en la plaza del pueblo, y con ocho curas concelebrándola, homilías aparte. (Se recordará que el 20 de noviembre pasado el eminentísimo y reverendísimo cadenal Tarancón prohibió una modesta misa en la plaza de Oriente en sufragio y memoria de Francisco Franco).

A mí este instante no me sorprende nada —por mucho que me duela— y sé que lo vengo anunciando desde que comenzaron las actividades de la Eta en vida del Caudillo, anticipación que no me consuela ni tanto así.

Estamos ya en ese momento en que a los etarras se les llama "gudaris", soldados. "Gudari", en vasco, quiere decir guerrero. Es decir, se vuelve a la terminología de uso normal por ambas partes entre 1936 y 1939, lo cual a mí me da mucho qué pensar y me hace temer no ya por la paz, que se desmorona a chorros en todos los frentes, sino por la misma existencia de España.

La "ikurrifla", la bandera que ondeó al frente de la "Gudarostia" que decían los castizos de la CNT, o de la "Gudarozte", que es como los baskos racistas denominaron a su ejército, ha sido "tolerada" por el Gobierno, creyendo que esta tolerancia rentaría comprensión, entendimiento y sosiego. La cosecha ha sido bien distinta. La cosecha ha consistido en incorporar a las escasas filas de los que se atrevían a combatir la unidad de España con las armas en la mano, las muchedumbres cobardes que esperan siempre a ver de qué lado cae la victoria. Con ser esas masas menores que las masas vascas fieles, por esa misma condición, a la unidad de la Patria, son más revoltosas hoy, y más decididas hoy, por circunstancias políticas tan evidentes, que ni merece la pena aludir a ellas. Toda debilidad se paga cara.

Estamos ya en ese momento en que se honra a los "gudaris" con himnos y cánticos militares, ya escuchados entre 1936 y 1937 de modo singular, y hasta 1939 en algunas conmemoraciones oficiales barcelonesas, y lo aceptamos como un hecho normal.

Estamos ya en ese momento en que un gobernador civil ha de dar explicaciones a no sé quién por el hecho de que la Guardia Civil de servicio haya disparado en defensa propia. Estamos ya en ese momento en que antes de pedir definitivamente la retirada de la Guardia Civil de las provincias baskas e incluso la neutralización de la zona, se viene a exigir que la Guardia Civil no dispare pase lo que pase, ni siquiera al ser agredida. Estamos ya a un paso de que en el Consejo de Europa o en la ONU se trate del "caso basko" como se trató del de Argelia, si bien esa provincia francesa no había dado origen a Francia, ni en vinculación a la metrópoli podía ser tan noble, antigua y legal como la de Baleares, o Canarias, casos de los que ya oiremos hablar algo más de lo que desea el inefable y lánguido tontorrón de Meliá franquista de nómina y de juramentos y mucho más de lo que desea incluso el canario acogido oficialmente en Argel para atacar a España, el tal Cubillo.

Concretamente en esa tierra que es la mía, Navarra, Guipúzcoa, .Vizcaya, Álava, estamos ya en la página .más dolorosa de Lartéguy, que a mí me ha atormentado desde que la leí:

"El teniente está firme ante el comandante Esclavier, recogido el pecho, el mentón adelantado. Tiene veinticuatro años y una Legión de Honor nueva y flamante.

"—La bandera fellouze ondea sobre Argel, mi comandante. ¿Qué hacemos?"

Pues bien: la "ikurriña" ondea ya, pongamos, por resumir, sobre San Sebastián.

Y muchos españoles, incluidos los vascos y los navarros, sabemos quién tiene la culpa, que no es precisamente el enemigo, porque el enemigo no hace más que cumplir con su obligación. Pero no tenemos a quien volvernos para preguntar: — ¿Qué hacemos, mi comandante?

A menos que se lo preguntemos, como tantas veces en nuestra triste historia, al general "No Importa".

 

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