Autor: Criado, Ramón. 
 Manuel Irujo regreso al País Vasco. 
 "Una emoción extraordinaria"  :   
 Aunque "había soñado que para esta fecha no quedase ningún preso político en las cárceles". 
 Pueblo.    25/03/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 11. 

MANUEL IRUJO REGRESO AL PAÍS VASCO

"UNA EMOCIÓN EXTRAORDINARIA"

“Aunque "había soñado que para esta fecha ya no quedase ningún preso político en las cárceles"

SAN SEBASTIAN. (PUEBLO, por Ramón CRIADO.)

El aeropuerto de Fuenterrabía se encontraba ayer tarde engalanado con «ikurriñas» y flores verdes, blancas y rojas, para recibir a Manuel de Irujo, navarro de Estella, ministro de la 11 República española y dirigente del Partido Nacionalista Vasco —ochenta y cinco años cumplidos—, que regresaba tras más de cuarenta años de exilio.

En el aeropuerto Ondarribitarra se concentraron algo más de mil personas para dar su «ongi etorri» (bien venido) al viejo líder, que en el exilio continuó sirviendo a la causa vasca y republicana, tanto en el P. N. V. como en el Gobierno, siendo ministro de Industria, Comercio y Navegación.

Las caras se veían alegres en los seguidores y afiliados al partido, que horas antes había salido de la clandestinidad, tras ser legalizado e inscrito en el registro correspondiente. Cada grupo aportaba su entusiasmo y su bandera, después todos aportarían su emoción y sus canciones, y, en general, aspiraban a estrechar o abrazar a Manuel de Irujo.

El líder nacionalista vasco procedía de Biarritz-Parma, y se dirigía a Pamplona, donde presidirá la Asanblea Nacional del Partido Nacionalista Vasco, que se comenzaba hoy en la capital navarra; pero como el aeropuerto de Noain no es internacional, el aero taxi que llevaba a Irujo tuvo que hacer una escala técnica en el aeropuerto internacional de Fuenterrabía para que el viajero cumpliese los requisitos de su regreso a España.

Pasadas las cuatro de la tarde tomó tierra una avioneta Cessna 310, procedente de Biarritz-Parma. Llegaba

don Manuel de Irujo acompañado de Pedro Sota, miembro del P. N. V., y de su sobrino, Pedro María Irují, delegado del partido en Venezuela. Al pie de la escalerilla esperaba una treintena de informadores para recoger las primeras palabras del político vasco.

«Una emoción extraordinaria.» Con esta primera frase resumía Irujo sus sentimientos al llegar a Fuenterrabía. La segunda pregunta formulada por T.V. E. inquirió conocer qué esperaba el señor Irujo de la Asamblea Nacional del P. N. V., y él dijo: «Lo seguridad de que el pueblo vasco dispondrá de una institución adecuada para la defensa de sus libertades.»

Mostró su emoción ante su próxima visita a Estella, donde de entre los actos programados él destacó una misa. En tanto que él Ayuntamiento de la ciudad navarra prepara un gran recibimiento, Manuel de Irujo confesó que volvía a España obedeciendo al partido, y que él había soñado que cuando lo hiciese, no quedase ningún preso político en las cárceles, cosa que no es verdad. "El presidente prometió que para el "Aberri Eguna" no quedaría ningún preso político; pero me parece que no va a cumplir su promesa, y eso no debe ser."

Afirmó que la amnistía es fundamental para la implantación de la democracia: «Dios bendiga al Gobierno que haga posible la amnistía, la democracia y la convivencia, sea el Gobierno Suárez o de quien sea.»

El diálogo con los informadores se desarrolló en la pista de rodadura camino de la terminal aérea. Al penetrar en el edificio, el señor Irujo se encaminó a la . cabina de pasaportes. Había un solo funcionario para un solo viajero; pero, el viajero, al pasar por delante de .la ventanilla, fue llamado por el funcionario, quien le pidió el pasaporte. Manuel Irujo se lo entregó, y preguntó: «Si no tuviese pasaporte, ¿qué pasaría?» El funcionario le miró, sonriendo, y le contestó: «Qué no hubiese podido pasar.» El pasaporte le fue expedido al señor Irujo en Paris, donde no encontró más que facilidades. «Y me fue entregado gratis», puntualizó. El público que asistió o que presenció la llegada, al tener ya a su líder cerca, prorrumpió en gritos y vivas. Sonaron los cánticos, y la emoción desbordó a Manuel Irujo, como desborda el público a quienes le acompañan. Abrazos, apretones de manos y una «ikuriña» que se extendía formando arco, para que Manuel Irujo pasase bajo ella, El püblico espera, y Manuel Irujo habla: «Abertzales: Con la emoción que tengo, no puedo pronunciar discursos. Sólo os diré que os quiero (la voz se quiebra)... ¡Gora Euskadi askatuta!» Una niña le dio la bienvenida, y ante él danzan el baile del aurresku unos jóvenes ataviados con los trajes vascos.

Le empujan y le zarandean, y los vivas y canciones continúan. Pero el tiempo discurre rápidamente, y el plan de vuelo exige que el avión continúe viajé para llegar puntualmente a Pamplona. Hay un «agur jaunak» (adiós, señor) en la cación del público, y el Cessna se dirije a la cabecera de pista, desde donde emprende el vuelo a Pamplona. El señor Irujo fue recibido en Pamplona por dos o tres mil personas, entre las que se encontraban el alcalde de Estella y miembros de la Corporación, que le impusieron la insignia de oro de la ciudad.

Se encontraban también, y saludaron al político, el coronel jefe del aeropuerto y miembros de la Democracia Cristiana Vasca. Partido Socialista de Euzkadi, Comisión Gestora Pro Amnistía de Navarra, concejales del Ayuntamiento de Pamplona, diputados forales

 

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