Autor: Merigó, Eduardo. 
   ¿Posicionamiento electoral o ideológico?     
 
 ABC.    29/11/1981.  Página: 16. Páginas: 1. Párrafos: 6. 

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NATIONAL

DOMINGO 29-11-8)

En perspectiva

¿Posicionamiento electoral o ideológico?

Por Eduardo MERIGO

En octubre de 1980, inmediatamente después de las elecciones generales alemanas, en las que se produjo

un importante avance del partido liberal, escribí en el diario ABC un artículo titulado «Si España fuera

Alemania», en el que analizaba la opción liberal concebida como bisagra. Como los acontecimientos se

suceden tan rápidamente en la vida política española, recordaré al lector que en aquel momento

iniciábamos algunos, con evidente riesgo para nuestra carrera política, y ante la imcomprensíón de

muchos, un proceso de renovación de UCD que está culminando en estos días.

El artículo decía que la bisagra, «al romper el bipartídismo de hecho, permitiría a los ciudadanos un voto

fácil que plasmara su desencanto con las grandes formaciones» y que «al ocupar una posición estratégica

en el centro del espectro obligaría a la derecha a hacer reformas a las que es reacia o canalizaría los

ánimos reformadores de la izquierda por direcciones sensatas y realistas».

Pero el artículo no se refería sólo al posicionamiento de ese posible partido de cara al mercado electoral.

Una bisagra es, evidentemente, algo con vocación de ser un eje alrededor del cual gira todo, es decir, con

vocación de estar permanentemente en el poder, lo que no deja de tener atractivo para según qué políticos.

Pero por poco que se considere la política como un servicio a unos ideales y no como simple instrumento

de poder ese posicionamiento nú es suficiente. Por eso en mi artículo insistía prioritariamente en la

defensa de principios ideológicos que resumía así: «Los progresistas de UCD debemos exigir el

desmantelamiento del Estado nacional-sindicalista y su sustitución por un Estado descentralizado a todos

los niveles que no sólo respete formalmente los derechos humanos, sino que permita a individuos y a

comunidades de individuos desempeñar un máximo papel participative en la sociedad civil. No podemos

contentarnos con haber establecido las estructuras formales de una democracia que está dejando a los

ciudadanos españoles tan desencantados como antes».

Me he permitido citar frases dichas hace un año porque aunque las situaciones políticas cambien, los

principios siguen en pie. Y si algo positivo puede decirse de los políticos liberales españoles ha sido la

fidelidad a sus principios que se manifestó tanto en el régimen anterior (con el que nunca colaboramos)

como en el actual, en el que hemos mantenido posturas incómodas que nos han mantenido a menudo

alejados del poder. Y esa postura la compartimos tanto quienes militamos en UCD (porque hemos

pensado y seguimos pensando que ése es el partido donde se puede defender el liberalismo con más

eficacia) como quienes desde fuera de UCD están haciendo todo lo posible por promover la ideología

liberal. Pienso, evidentemente, en Antonio Garrigues y en esos ciudadanos cada vez más numerosos, que

están sembrando España de clubs liberales.

Para los unos como para los otros cuenta menos la bisagra en el sentido de posición que el ííberalismo

como Ideología. Lo que ocurre es que en la España de hoy el liberalismo sólo puede ser reformista y

desde ese punto de vista es innegable que nuestro espacio político coincide con el progresismo

intervencionista que en el fondo favorece la permanencia de las actules estructuras burocráticas y el

reformisme profundamente liberalizador que nosotros defendemos hay más coincidencias de espacio

político que de mensaje, es decir, más competencia que identidad,

Al final, la respuesta sigue estando en UCD. Si ese proceso de renovación iniciado hace un año y que

culminará probablemente esta próxima semana conduce a un partido y un Gobierno abiertos al cambio,

menos ligados a las estructuras del pasado, portadores de un mensaje de reforma y modernización de ia

sociedad española, los liberales de UCD habremos tenido razón en esta perseverancia y los liberales

exteriores a UCD terminarán integrándose de una forma u otra. Si lo que resulta de todo el proceso es el

simple continuismo con algunos cambios de personas o la tan cacareada derechización, los liberales de

UCD nos habremos equivocado y evolucionaremos inevitablemente hacia otras posiciones en el espectro

político. Pero, eso sí, con esa característica tan propia de personas próximas al inolvidable Joaquín

Garrigues: darle prioridad a la defensa de unas ideas, aunque ello implique sacrificios a corto plazo, sobre

la constante búsqueda del posicionamiento político más oportuno.

* Eduardo Merígd e» miembro de la Junta directiva del Club Liberal de Madrid y presidente del Club del

Sable.

 

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