Autor: Urbano, Pilar. 
   Lo mejor... de lo posible     
 
 ABC.    03/12/1981.  Página: 9. Páginas: 1. Párrafos: 9. 

Hilo directo

Lo mejor... de lo posible

«A veces hay que renunciar a la utopía; a hacer lo mejor de lo imaginable... para hacer lo mejor de lo

posible», comentaba la noche del martes, a crisis resuelta, el presidente Calvo-Sotelo, con un colaborador

de confianza. Algo después, a un ministro «de los que continúan», le confiaba: «He hecho la crisis que he

podido.» Porque si es cierto que don Leopoldo logró las dimisiones de Sahagún y Calvo-Ortega «sin

firmar pacto alguno» y conservando las manos libres, como había pedido a su partido, no es menos cierto

que dos circunstancias insuperables «le han llevado la mano» al componer este Gobierno, el suyo, «el que

ha de durar hasta las elecciones, porque no pienso hacer otro», que de antemano se puede calificar como

«Gobierno de contención».

Dos circunstancias, digo: Calvo-Soteto necesitaba un Gabinete ejecutivo que le permitiese «mandar en el

partido, desde el Gobierno» y achicar el agua que en la nave de UCD empezaba a entrar en tromba por

varios agujeros de disidencias. Atendiendo a los dos imperativos ha tramado un «Gobierno de

equilibrios», la expresión es suya, donde martinvillistas, liberales, socialdemócratas y suaristas estuviesen

«dignamente presentes»... Y se le han resisitido los moderados-plataformeros: Oscar Alzaga, arguyendo

su desgana por «una cartera... que ya llegará otro día», y Miguel Herrero de Miñón, con motivos más

díscolos: «Soy un señor que no está de acuerdo con la política del Gobierno en capítulos como Economía,

Educación, Autonomías..." Lo cierto es que a Herrero de Miñón se le ofreció seriamente la cartera de

Cultura y la rechazó. El rumor extendido de que quería «Obras Públicas, o nada» parece más bien una

«boutade» de las típicas de H. Miñón. Una de tas preocupaciones de Calvo-Sotelo, en esta hoja de

almanaque, es precisamente que «Miguel brujulee por libre en el partido, sin las cargas y ataduras del

"cargo"... jcuánto mejor hubiese sido tener su animo crítico bien cerca!» De la «plataforma moderada»,

Emilio Attard ya ha aceptado la oferta de ser asesor presidencial. Y Oscar Alzaga ha garantizado al jefe

del Gobierno «su consejo, siempre que se le solicite». Aunque quizá sus tentaciones miren hacia otros...

«colectivos».

• Los socialdemócratas de Luis Gámir, que han jugado con notable ética y sensatez en la triple crisis

(partido. Grupo parlamentario y Gobierno), se hubiesen conformado con una sola cartera para sus filas. Y

ahí Juan Antonio García Diez jugó sus matemáticas políticas: erigido vicepresidente del área económica,

desde esa atalaya «superman» logró arrancar al presidente dos sillones para su gente..., mejor dicho, para

la que puede empezar a ser «su gente», batiendo así el inicial liderazgo de Gámir, con quien las relaciones

no son de Idilio que digamos. Y así «entran» en la composición Santiago R. Miranda y el propio Luis

Gámir, ambos en competencias económicas. García Diez solicitó de Calvo-Sotelo «cierta autonomía en el

predio económico», y lo ha obtenido, con dos salvedades: José Luis Alvarez, nuevo ministro de

Agricultura por «real gana» de don Leopoldo, que en ese puesto deseaba «un ministro capaz de hablar al

agricultor con lenguaje populista..., y, si me apuráis, de derechas». Y Luis Ortiz, ministro de Obras

Públicas, amigo personal del presidente. t que, con discretísima mano izquierda y al margen del

«sanedrín», ha actuado de concertador y emisario presidencial más de una vez en esta crisis.

García Diez tiene, en este momento, apuntándole las lanzas de la CEOE y los estiletes desconfiados de las

centrales sindicales. Dos diálogos «de tranquiiización» que Calvo-Sotelo ha de mantener, por separado,

para afirmar a su vicepresidente.

• De la ascensión de Martín Villa me ofrecen un análisis meridiano: «No ha sido secretario general,

porque va a hacer algo más importante: las elecciones.» Rodolfo será vicepresidente de Asuntos Políticos;

es decir, vice Leopoldo en las dos bandas de su gestión política: Gobierno... y partido.

Cuando la crisis estaba prácticamente resuelta, el «no» de Herrero de Miñón a «Cultura» hizo a Calvo-

Sotelo elegir para ese despacho al liberal Jiménez Blanco, actual presidente del Consejo de Estado. Pero

los liberales tenían otras figuras en su vitrina de ofertas: Eduardo Punset, Luis Miguel Enciso y Soledad

Becerril. A primera hora de la tarde del martes 1 Calvo Sotelo llama a Soledad. Hay acuerdo. Después de

cuarenta y cuatro años, una mujer entra en el Gobierno de España. Y, con ella, un aire lozano de eficacia

liberal.

La tarde del martes 1 fue «peleona» en el despacho del «jefe monclovita». Hacia las ocho telefoneaba

Martín Villa, que ya conocía la «lista cerrada», en la que, por cierto, continuaba Ortega y Díaz-Ambrona

y Federico Mayor iba a Trabajo. Protesta don Rodolfo por la «caída» de Sancho Rof —ministro muerto

desde antes de los debates de la colza—, y pide dos prendas: que entre un hombre de su confianza,

Manuel Núñez, y que Sancho Rof no salga en solitario. Con lo que «la esfinge», sin descomponer el

gesto, cita al titular de Educación, Ortega, y le recuerda simplemente que «hace pocos días planteó él

mismo su dimisión, por el tema de la ley de Autonomía Universitaria»... Se traslada a Educación a

Federico Mayor; a Trabajo, a Rodríguez Miranda, y se separa, «por exigencias de guión», Sanidad de

Seguridad Social, para crear un Ministerio: el que hace falta para Manuel Núñez. La otra poltrona, sin

cartera, «resucitada», esta vez a petición del interesado, Jaime Lamo, es la que en su día «padeció»

Joaquín Garrigues: «Soy ministro de no sé qué..., pero, eso sí, tengo un cargo de nombre tan largo que no

me cabe en tas tarjetas de visita», me decía con sorna en su día el malogrado Joaquín... (¡Estarás contento,

desde tu cielo, con Soledad «bucles de oro» en el banco azul y decidida a emplearse a fondo en su

jungla!)

• En cuanto al nombramiento de Rafael Arias para Administración Territorial hay que ver en ello «un

gesto de acercamiento a Suárez». A Fernando Abril, Calvo-Sotelo le dijo: «¿Quieres algo para ti?» Sabía

que Abril diría «no». Razones cantables de identidad con Suárez y razones menos cantables de rivalidad

personal con el presidente..., que colean desde el primer Gobierno de Suárez, cuando Fernando rompió el

tándem «tácito» entre Adolfo y Leopldo. Ellos lo saben bien.

«Soy conservador en las personas», ha dicho alguna vez Calvo-Sotelo. Y a la vista están «las

permanencias», He sabido que la cartera de Defensa estuvo en el alero. Y puedo adelantar que el

apuntalamiento de algunas difíciles gestiones del ministro Oliart con el estamento militar lo llevará, en

persona, el mismísimo don Leopoldo. Ha hecho un Gobierno de centro-progresismo. ¿Por qué?

Precisamente porque en el centro-conservador ya está él. Y así su arco de recursos se ha ampliado.—

Pilar URBANO.

 

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