Autor: Romero, Emilio (FOUCHÉ). 
   La provocación     
 
 ABC.    26/02/1981.  Página: 4. Páginas: 1. Párrafos: 3. 

Fuente: ABC MADRID Fecha: 26-02-1981 Página 16

4 ¡ ABC

OPINION

JUEVES 26-2-81

Pequeños retatos

La provocación

Hay una palabra en nuestro idioma, provo-cación, que determina excitar, incitar, irri-tar, y que es un

método de primera clase. Es difícil, o imposible, ´erradicar la naturaleza de la acción militar del "día 23.

Si José María de Areilza, en su brillante y narrativo artículo de ayer en este periódico, se dispusiera a

analizar las circunstancias de,nuestros numerosos pronunciamientos militares, desde Prim a Fermín

Galán, desde Martínez Campos a Franco, o desde Pavía a Primo de ´Rivera, hay siempre una circunstancia

histórica que hace comprensible —aunque no se justifique siempre— una acción militar, y esto ha venido

siendo nuestra Historia, efectivamente desde aquel Rey, Don Fernando VII, que se sirvió de un general

para acabar con la Constitución de Cádiz, hasta nuestro Monarca actual, que ha impedido un

pronunciamiento, y en defensa de la Constitución democrática de 1978. La circunstancia"no es otra cosa,

entre otras, que un clima deprovocación. Los. políticos muchas veces, y en servicio de sus postulados, y

de sus identidades personales, son provocadores: También pueden serlo algunos militares. Tarradellas me

contó un día lo que le costó ganarse la. confianza del teniente general Coloma, con evidentes

incorrecciones por parte de este ilustre militar. ¿Es que pueden ignorar, acaso, los políticos que nuestras

Fuerzas Armadas vienen de donde vienen? ¿Acaso pueden olvidar, que sin el concurso de estas Fuerzas

—mediante aceptación y respeto al Rey— no hubiera sido posible la transición hacia la democracia?

Salvo pequeñas excepciones en la izquierda, como la de Múgica, .el otro día Luis Solana jurarido

simbólicamente bandera, y otros gestos valiosos, hay un muro de distanciamiento entre estas Fuerzas —a

las que no se les puede pedir más de lo que puedan dar, por historia, y tradición— y grandes sectores

políticos. No se está a su lado en las acciones terroristas en su propia carne —por ejemplo— ni se afronta

este.problema con inteligencia y valor, y cuando ocurre el acto deplorable de un aislado comportamiento

policial contra un terrorista, se levanta la escandalera y se fabrican martirologios. La reconciliación,

aquella afortunada postulación comunista de los años cincuenta, no debe entenderse como una devolución

de victoria a los derrotados de 1939. ni siquiera como un abrazo de Vergara, sino como una liquidación

común de querellas, y una invitación, sin carnés de identidad, a la tarea presente.

Y cuando los políticos en su conjunto ofrecen un balance nulo de gestión en estos cuatro años, y además

establecen fronteras impenetrables entré ellos mismos, que hicieron imposible el otro día la investidura de

un presidente de Gobierno, y, ya no solamente por los votos, sino por. las palabras, constituye todo eso

una´evidente provocación. No es tampoco motivo la provocación para justificar un golpe militar, como

tampoco el pueblo está autorizado para hacer motines o revoluciones, pero los políticos, con sus fracasos,

o sus desavenencias, o su imposibilidad de gobernar, no deben excitar, incitar, irritar. Las tesis de

Maurice Duverger, en un artículo de ayer, publicado en «El País", no son otras que el terrorismo produce

autoritarismo. El riesgo de nuestra democracia es su inventario de actitudes antidemocráticas no

corregidas.

Somos un pafs locuaz, apasionado, vehemente, ajustacuentas y lanzado. También convenía erradicar estas

características y hacer acopio de modafes, y de flema, donde •la ironía sustituya a la injuria, y la

discrepancia no necesite el insulto. Y principalmente, y asumiendo el pasado —como inteligentemente

dice Felipe González— no tenemos que constituimos en sus herederos.—Emilio ROMERO.

 

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