Consecuencias de una crisis     
 
 ABC.    05/11/1981.  Página: 2. Páginas: 1. Párrafos: 7. 

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JUEVES 5-11-81

ABC

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Editor: Prensa Española, S. A.

Consecuencias de una crisis

Tras la difícil jornada de anteayer, tuvo ayer el país que digerir las importantes consecuencias de aquellos

hechos. Y nos parece que son cuatro los datos más significativos de ese análisis.

El primero y fundamental —y en el que, afortunadamente, todos coinciden— es la necesidad de que en

este momento no se convoquen nuevas elecciones generales. Ni al Gobierno, ni a la oposición ni a España

le conviene algo que tan gravemente alteraría la marcha de las cosas y en el más inoportuno de los

momentos. Las tensiones políticas de estos días deben resolverse políticamente, sin acudir a fórmulas que

serían expeditivas, pero que nadie sabe a dónde podrían conducirnos en este momento. Quede, pues,

también aquí reiterada la opinión de este periódico en el sentido del mantenimiento de la normalidad

constitucional.

El segundo dato es tal vez el único positivo de la jornada de ayer: el compromiso —que esperamos

firme— de los socialdemócratas a seguir haciendo posible la gobernabilidad del país con "un apoyo suyo,

al menos, a todas las cuestiones fundamentales que proponga el que hasta ayer fue su partido. Este

compromiso nos parece elementalmente obligatorio. Si nosotros —aun discrepando frontalmente .tanto de

su decisión como del momento elegido para ella— podemos llegar a respetarla como consecuencia ética

de lo que les pide su conciencia, creemos tener también el derecho de recordarles que esa misma ética les

exige una sustancial fidelidad al programa gracias al cual fueron elegidos para su puesto de diputados.

Este nos parece el principio base de la misma naturaleza de la democracia. Los diputados son. legítimos

representantes del pueblo en la medida exclusiva en que son fieles a sus votantes. Si en algún momento

adoptan posiciones contrarias a la voluntad de sus electores —recogida en el programa que votaron—,

esos diputados estarían actuando inmoralmente, antiéticamente, antidemocráticamente. Los transvases de

diputados de un partido a otro —lo dijimos con motivo del pase de uno de UCD a AP y lo repetimos ante

los rumores del posible pase de algunos socialdemócratas al Grupo parlamentario del PSOE— podrían ser

le

SEVERAMENTE A S

PN NO VUELVAN ACASA

gales (y éste es un grave hueco de nuestra Constitución), pero no pueden ser ni morales, ni éticos, ni

democráticos. Es claro que quienes votaron a UCD no quisieron votar al PSOE o a AP y que quisieron

claramente diferenciarse de esas opciones. Un paso sistemático a opciones que fueron rechazadas por

quienes llevaron a un diputado al Parlamento son un claro ejercicio de malversación de voto, de engaño a

los votantes.

Y de poco puede servir la disculpa de que UCD se habría alejado de su programa electoral. Es claro que

sólo el pueblo es juez en este .tema. Podría serlo, como máximo, una mayoría de votos en los órganos

directivos de un partido. Que un individuo o un grupo se autoatribuyan ese poder de juicio es un evidente

abuso y una apropiación de algo que no es suyo. –

Quede, pues, sobre los hombros del grupo socialdemócrata la gran responsabilidad doble de no hacer

ingobernable España y dé no poner a sus votos de apoyo un precio que se convirtiera en chantaje y les

diera un papel de arbitro decisorio, que ni las elecciones ni el número de sus diputados les otorga.

El tercer dato de la jornada de ayer era preocupante. Queremos pensar que la ausencia de importantes

personalidades del grupo suarista en la reunión convocada por el presidente Calvo-Sotelo fue

simplemente una anécdota sin trascendencia.. postrar en estos momentos recelos, distancias o amenazas

de ´nuevas escisiones sería llevar la irresponsabilidad a su cima. Si tiene este grupo un mínimo sentido

histórico sabe que, por encima de desacuerdos tácticos o de supuestas distancias ideológicas, están los

intereses nacionales, que exigen de UCD una postura que evite cualquier riesgo de nuevos desgarrones,

que harían ya absolutamente inevitable una convocación precipitada de elecciones que nadie desea.

El cuarto dato de la jornada es la creciente necesidad de que el propio presidente Calvo-Sotelo tome en

sus manos las riendas de la dirección del partido. Nuestro juicio sobre la bienintencionada gestión .de la

actual directiva no es muy favorable. Pero por encima de juicios y opiniones es claro que en momentos

como éste sólo un hombre que cuenta con la confianza de grandes sectores del país y que no encuentra

auténticos oponentes en el seno del partido está capacitado para llevar el timón. Calvo-Sotelo —lo

decíamos ayer— debe asumir esa dura tarea. Sus compañeros de partido deben facilitarlo y sostenerle.

Hágase con toda la dignidad que merecen las personas, pero no se vacile en la decisión final. Y cúmplase

también cuanto antes la necesaria crisis gubernamental que permita seguir caminando sin los gruesos

lastres que hoy dificultan la gestión de gobierno. Cuenta en este momento el señor Calvo-Sotelo con la

elogiable comprensión y ayuda del partido primero de la oposición y con la respetuosa y moderada

postura del señor Fraga. Cuenta también con el apoyo unánime de la opinión pública expresada por los

periódicos y medios de difusión. No deberían en este momento cruzarse ningún tipo de bastones en el

camino evidentemente necesario. Tal vez con su renuncia a ambiciones y particularismos en estos

momentos logren nuestros políticos redimirse en parte de tantos errores como han obligado a los

españolea a digerir.

 

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