País Vasco: A tope o nada     
 
 Ya.    14/05/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 8. 

PAÍS VASCO: A TOPE O NADA

El pasado 17 de marzo, comentando la violencia desatada por aquellos días en el País Vasco, reclamábamos un conjunto de medidas políticas que se conjugaran con el sentido de la autoridad y con un sereno replanteamiento del orden público. Si no se ponen en marcha tales medidas—decíamos—, "el nudo será cada vez más difícil de desatar".

Y el nudo, en efecto, parece cada vez más tenso; la operación reconciliación en el País Vasco no ha granado; más aún, acaba de dar, de nuevo, frutos de muerte y de odio, de incompatibilidades claras hacia el futuro.

EN estas condiciones, el análisis resulta difícil; los sentimientos y las razones se han amalgamado de tal suerte, que no hay modo de averiguar hasta dónde llegan los unos y hasta dónde alcanzan las otras. En todo caso, el pretexto de esta nueva violencia resulta claro: la amnistía total. La amnistía de los detenidos políticos—que, de paso, alcanzó a un buen número de presos comunes— ha supuesto en el País Vasco, con ligeros incidentes de otro tipo, dos meses de relativa calma. Prácticamente todos los vascos detenidos han ido abandonando los recintos carcelarios; apenas quedan en ellos dos docenas, sobre los cuales pesan condenas severísimas, incluida la reclusión perpetua tras la conmutación de la última pena.

LOS dirigentes políticos del País Vasco, que han puesto en marcha la semana de la amnistía—en el marco de la cual la "jornada de lucha" del jueves resultó violentísima—, ofrecen la alternativa siguiente: o todos los presos a la calle o la calle para manifestaciones violentas.

Esta es la cruda realidad.

NO sin inquietud, volvemos a nuestro comentario de hace dos meses: medidas políticas, sentido de la autoridad y táctica renovada de orden público. Con un nuevo e importante ingrediente: •I Gobierno se ha reservado la posibilidad de aplicar la amnistía a casos singulares y concretos de detenidos a los que hasta ahora no les ha alcanzado tal gracia.

UNA consideración que debiera arrancar desde más lejos nos obligaría a analizar el problema desde la vertiente en que se encuentran los promotores de la semana de la amnistía. Ellos piden borrón y cuenta nueva del pasado, que alcanzaría a todos los vascos en prisión, procesados o condenados ya. Como compensación a un "olvido" de tal calibre, ¿el pueblo vasco haría, a su vez, borrón y cuenta nueva de agravios recibidos? Este es el punto clave. Nos faltan elementos de juicio para poder pronunciarnos.

¿BASTARIA esta solución si sediera? ¿No hay al fondo de estas manifestaciones de violencia el deseo de manejar unas masas muy sensibilizadas para lograr una desestabilización política de alcance que dé al traste con el proceso general del país? ¿Son los dirigentes políticos vascos los más indicados para marcar violentamente el plazo a la amnistía total cuando, de hecho, se está llevando a cabo a un ritmo normal en estos casos?

LA violencia que están viviendo las provincias vascas no tiene justificación alguna. Tenemos, una vez más, que condenarla. Pero nótese bien que condenamos la violencia y hacemos lo mismo con sus causas. Ni las intenciones políticas ni las negligencias de quien tea nos parecen justificadas en momentos tan delicados. Hay que acentuar la generosidad política, hay que dotar de medios adecuados a las autoridades gubernativas, renovando, si es preciso—y parece que lo es—, las fuerzas encargadas de mantener el orden; pero, sobre todo, hay que entrar, de una vez, en el fondo verdadero del tema. Si no, repetimos, el nudo será cada vez más difícil de desatar. De hecho se está ya rompiendo. Los problemas del País Vasco necesitan ser acometidos a fondo.

 

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