Autor: Hernández Domínguez, Abel. 
   Reto al poder     
 
 Informaciones.    14/05/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 5. 

RETO AL PODER

Por Abel HERNÁNDEZ

LA mayor parte de los españoles asisten perplejos al espectáculo de las barricadas, la violencia desatada y la represión que se está desarrollando en el País Vasco. Lo más llamativo es que esto ocurre cuando estamos a punto de alcanzar las puertas de la democracia, a un mes justo de las primeras elecciones libres.

¿Quién tiene interés en que este país no llegue a las praderas de la concordia y de la libertad?

Estos muertos vascos en la calle van a pesar como el plomo sobre las urnas de junio. Seguramente es lo que se pretende. Esta especie de rebelión vasca, movida por jóvenes (la mayoría sin alcanzar todavía la edad de votar), es un verdadero reto al Gobierno. O para ser mas precisos, un reto al Poder. Ha estallado en el momento más inoportuno —o más oportuno, según se mire— y no se alcanza bien a comprender por qué los que han esperado tantos años con la injusticia enroscada al cuello como una serpiente no han podido esperar ahora un mes más a que cambie el horizonte político español. ¿O es que acaso lo que se busca es precisamente que esto no cambie para tener encendida la mecha revolucionaria?

El Gobierno, en e] Consejo de ministros de ayer, no cayó en la trampa de la provocación. Su declaración es una llamada a la serenidad colectiva. La amnistía se va a llevar hasta el final. El proceso político hacia la democracia va a continuar sin titubeos. Las fuerzas de orden público están en trance de reorganización. La Policía Armada, y no la Guardia Civil, se ocupará de guardar el orden en los núcleos industriales. Las Cortes constituyentes aprobarán una ley de Regiones. Hay decidido propósito de lograr la reconciliación nacional.

Sería deseable —se opina en medios cualificados— que el Gobierno acelerara, sobre todo en el País Vasco, las medidas orientadas a esta reconciliación, suprimiendo lo antes posible los motivos de malestar ciudadano, sin hacer cesión, en ningún caso, de la necesaria autoridad. Y es, sobre todo, absolutamente imprescindible que las auténticas fuerzas democráticas del País Vasco y Navarra hagan un esfuerzo supremo de serenidad, conscientes de lo que nos estamos jugando todos. Hay que marginar a los violentos, porque los violentos nunca tienen razón en una sociedad civilizada.

Mientras los vascos alzaban barricadas, en el palacio de La Zarzuela la Monarquía constitucional, encarnada en el Be; Juan Carlos, recibía el respaldo de la Historia.

 

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