Autor: Hernández Domínguez, Abel. 
   De mal en peor     
 
 Informaciones.    16/05/1977.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 5. 

DE MAL EN PEOR

Por Abel HERNÁNDEZ

LA situación en el País Vasco, a un mes de las elecciones, va de mal en peor. En las altas esferas de decisión política se detecta una creciente preocupación. Pero no se ve salida inmediata. El problema está cada vez más envenenado. La táctica de las fuerzas marxistas-leninistas (queç, en este caso, son además separatistas) está dando resultado: pretenden crear «condiciones objetivas para la revolución». Y lo están logrando aprovechándose de los errores acumulados en muchos años.

No es dramatizar, en las presentes circunstancias, afirmar que estas fuerzas extremistas, que en las democracias europeas están completamente marginadas y son extraparlamentarias, han logrado capitalizar en su favor el odio de la población —de amplios sectores de la población— a las fuerzas de orden público, que empiezan a ser consideradas «fuerzas de ocupación» (La bandera nacional ondea casi exclusivamente en los cuarteles de la Guardia Civil y en las Comisarias de Policía.)

La polarización se establece así radicalmente entre la fuerza pública y los grupos ultraizquierdistas. Las fuerzas de la moderación, que cuantitativamente son mayoría, se han convertido en tierra de nadie. Las gentes están asustadas. Los empresarios y los comerciantes, lo mismo. Los colegios no se atreven a abrir sus puertas. Los muertos durante los enfrentamientos favorecen la estrategia de los revolucionarios, que aspiran ya decididamente a la conquista del Poder. El envoltorio nacionalista y la desgraciada política centralista y represiva de los últimos cuarenta años hacen que la mayor parte de la población esté ahora mas cerca de las posiciones de los terroristas revolucionarios que de las fuerzas del orden. ¿Cómo se puede romper esta espiral de la violencia?

Al Gobierno de Madrid no le quedan demasiadas salidas. Mantener la autoridad a ultranza, cerrar las cárceles a cal y canto y aumentar la represión podría convertir al País Vasco en un polvorín. Soltar de una vez a todos los presos políticos vascos y levantar el control en la calle también podría tener consecuencias imprevisibles, aparte de interpretarse como una concesión a la coacción; podría ocasionar la anarquía.

medio plazo, la solución parece clara: autonomía para el País Vasco (que tendrán que decidir las Cortes constituyentes y el pueblo en referéndum) y amnistía total. Las fuerzas marxistas-leninistas se ven favorecidas, en su táctica prerrevolucionaria, con la permanencia de presos vascos en la cárcel. El Ejército hasta ahora se mantiene al margen. Pero si se asaltan los cuarteles de la Guardia Civil o de la Policía Gubernativa y la fuerza pública queda desbordada por los acontecimientos, el Ejército podría verse obligado a intervenir. Esto significaría probablemente la «ulsterización» del País Vasco. Estamos jugando con fuego. «Es como un automóvil sin frenos que desciende por una pendiente que concluye en el mar», según un alto militar. Más que medidas duras —se estima en los mismos medios— hacen falta, de momento, medidas inteligentes.

 

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