Autor: Rodríguez, Pedro. 
   Mis terrores favoritos     
 
 ABC.    24/11/1981.  Página: 4. Páginas: 1. Párrafos: 3. 

OPINIÓN MARTES 24-11-81

Papeletas

Mis terrores favoritos

Detrás de los visillos, la democracia ha visto desfilar el sexto 20-N. El primero tras el 23-F. La izquierda,

sobre todo, se estremece ese mediodía como sí por la cuesta de Santo Domingo bajara Mussolini. Es su

cuota anual de temor, todo el 20-N, toda la plaza de Oriente, es la gran misa concelebrada del miedo. Del

miedo a la libertad o del miedo al descarrilamiento. El miedo ha sido el pecado original en el encuentro

«de la* sociedad española con la democracia. Fue una de las herencias legadas, almacenadas en los

desvanes del subconsciente durante treinta años: el miedo al día-que-diera-vuelta-la-tortilla. De ese miedo

se hizo la tela para El Consenso, y luego metimos mil miedos más en los pliegues del Estado, de la

Administración, del «Ordinary Peopple»: miedo a que la plaza se llene, a que el Ejército se enfade, a que

la Banca se rebele, a que los obreros se enfurezcan, al colza, y al entierro del colza, a Tejero y al juicio de

Tejero. Miedo a abrir las conservas y las autonomías, a que los mejillones indigesten y a que los

mejiloneros se subleven. Miedo a los vascos, a los ecologistas, a tos empresarios, a los rojos y a los

azules, a la Kagebó y a la Cía. En la plaza de Oriente, eso se sabe. Ya no es el alarido contra Suárez, sino

el enseñarte el cuchillo del 23-F por debajo de la puerta. Ya es el dfa de la neurosis nacional.

Estamos dejando que la hiedra del miedo, del miedo a volar y del miedo a la-vuelta-de-la-tortilla, cubra la

fachada de la democracia. Vamos aún con la Constitución como Edison con su primera bombilla: de

puntillas, temiendo usarla, explotarla, cuando hemos cruzado el «punto sin retorno», cuando la

democracia española, nena tú vales mucho, ha demostrado unos increíbles amortiguadores, una

mandíbula de hierro. No se puede dejar inoculado, en el plasma del Estado ni de la sociedad, el virus del

miedo al «cambio en una tarde». En cuanto se ha perdido el miedo a Eta y Al Qué Dirán, el río de sangre

ha dejado de correr por las calles españolas. A lo mejor hay que hacer una campaña institucional como la

de los Bonos de Hacienda o la de Los Mejillones, o la de la Copa De Más, y sacar a Isabel Tenalile

recitando a San Lucas: «Tened ceñidas vuestras cinturas y encendidas vuestras lámparas», pero

abandonad el nefando vicio del miedo.

Cualquier cosa antes que otro 20-N escondido tras tos visillos.—Pedro RODRÍGUEZ.

 

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