Autor: Rodríguez, Pedro. 
   El desembarco de Felipe     
 
 ABC.    27/12/1981.  Página: 4. Páginas: 1. Párrafos: 6. 

4/ABC_________´_____________._______ OPINION _______i________ DOMINGO

27-12-81

Jornada de reflexión

Pedro RODRÍGUEZ

El desembarco de Felipe

Estaba —el Rey— como más maduro, más sereno, más relajado, más fatigado; más dueño de sí, más

dueño del país; por segunda vez consecutiva, solo ante las cámaras; el cronómetro en la derecha, sólo el

cronómetro; ni una palabra del 23-F, pero entendiéndosele todo: no hay nada fuera de las tierras de la

Constitución. Si el 23-F nos hubieran dicho que el Rey se iba a bajar, diez meses después, el 23-D, del

Wolkswagen conducido por él, en una «boutique» de Don Ramón de la Cruz a comprarse una corbata,

quizá esa corbata oscura, sin dibujos, casi militar, del mensaje, hubiéramos respirado. En la Nochebuena

del 80, la clase política no supo entender ni jota del mensaje. Sí acaso, Suárez, que empezó a preparar su

dimisión. Este año han pasado el video hasta desgastarlo y se lo saben de memorieta: 1) No hay más

alternativa que esto, que la Democracia y la Constitución. 2) Respetemos el pasado. 3) Integremos a los

que perdieron el tren, quizá, de 1976. 4) Grandeza, «grandeur», nacional. 5) Terminemos de hacer un país

«sin rencores ni egoísmos», como nosotros perdonamos a nuestros deudores. Verde y con asas. La

partitura ha sido repartida a los políticos. Ahora, allá ellos.)

Le llamaban «Isidoro»

El «slalom» comienza dentro de diez días con los discursos de la Pascua Militar. A partir de ahí se inicia

el año lunar del Ejército; el año solar del Fútbol; el año de la Gran Perdonanza; el año de la fertilidad

electoral. Dentro de un mes, la gente dejará ya de decir «Tejero» y dirá «Saporta». Et año 82 será,

probablemente, el año de Felipe González. El año filipino. La pregunta es: ¿Y si Ucedé pierde? Hipótesis

de trabajo sólo hay dos. O González o Fraga. Por el camino de las urnas, no puede llegar nadie más.

Felipe González, F. G., lleva en su frente, como las castas hindúes, el lunar de presidenciable. No hay más

de diez españoles con esa predestinación. F. G. es la asignatura con la que comienza el año. La incógnita

a despejar. He entrado como un gurú en meditación trascendental, mientras tomaba estas notas:

A) Felipe González, ¿quiere o no quiere ser presidente? La leyenda es que cuando tiene la Moncloa al

alcance de los dedos retrocede y dice que las uvas no están maduras. Uno de sus hombres-fuertes me

decía hace meses: «No sé cómo nos vamos a arreglar, pero estamos preparándonos ya, a toda máquina,

para perder otra vez.» Este año no se pueden descuidar: cualquier despiste y los eligen. Yo siempre he

hablado de «la España de los dos Fellpes»: el Rey Felipe en la Zarzuela, y González en la Moncloa. Pero

el joven líder socialista no puede esperar tanto. Llevará, con el próximo de este año, tres asaltos al Poder

por las urnas y cinco o seis por el de las mociones y las crisis. En Europa no entienden cómo un líder que

lo tiene todo no consigue ganar a «los herederos del franquismo», al cabo de seis años de democracia. A

los trientay no puede quedarse uno con la imagen de eterno derrotado; de challenger. Un Felipe González

de cincuenta años, gordo y de vuelta, no interesa. Otra espera de cuatro años no se la van a permitir sin

deteriorarse profundamente. B) No habrá acabado la transición mientras el socialismo de F. G. no haya

comenzado a gobernar. Esa es la prueba del nueve. Mientras permanezca esa caja sin abrir, esa botella sin

descorchar, ese libro sin cortar y esa incógnita sin despejar, la democracia estará «a prueba». Una vez le

escuchó al líder socialista esta sabia conseja andaluza: «Todos quisieran que hubiéramos llegado ya al

Poder y que hubiéramos tenido que abandonarlo.» González ya no es «el rojo» de la película, sino que

pertenece ya al patrimonio nacional del Estado. Es lo que hay, con Fraga, de alternativa. Si hubiera

cabeza, ya se le hubiera entregado el estatuto de jefe de la oposición, con su coche, su despacho y su

sueldo, una peseta mayor, como en Gran Bretaña, al presidente del Gobierno. (Es una broma intolerable

que a los cinco años de democracia los políticos aún no hayan decidido, por ejemplo, qué lugar ocupa en

el protocolo et Conde de Barcelona, y que el líder de la mayor minoría esté de prestado como si aún se

llamara «Isidoro».) C) ¿Qué está haciendo F. G. para llevar a su partido al Poder? Parece que nada. Con el

«sans cravatte», con los mítines no adelantará ni un metro. Sin los empresarios, la Iglesia, la Banca, los

periódicos y el Ejército no llegará a la Moncloa. De vez en cuando cena con ellos. A los periodistas, su

«staff» les regala bolígrafos. Qué bien. A los banqueros les aseguró que «no habría nacionalizaciones en

cien años». Pero eso no es. Felipe González tiene que suscribir un compromiso de Estado y para eso

hacen falta muchas cenas. No se trata de una ruta de penitencia, de un vía cruels por los santos lugares de

la derecha, sino de una alta negociación con compromisos por ambas partes. SI F. G. quiere estar en

Octubre en la Moncloa tenía que haber firmado ya sus pactos

con las instituciones. Usando sólo megáfonos y sincorbatismo le resultará casi imposible. Perdió —a mi

modo de ver— una ocasión histórica: el día de su victoria municipal. Si aquel 3 de abril hubiera salido en

televisión diciendo al pafs: «Señores: mi partido y yo nos sentimos fuertes para gobernar en solitario en

los Ayuntamientos y aquí estamos, fieles al país y a nuestro electorado», es probable que a los pocos

meses hubiera sido llevado en hombros a la Moncioa. Ahora tendrá que jurar y perjurar que no dará una

cartera a los comunistas. Porque él sabe que todo el dinero que tenga la derecha en este país será puesto

en circulación para evitar «un Mitterrand español». O F. G. empieza ya su compromiso con las

instituciones o estará jugando de farol con su partido. D) Desde el 23-F, este joven líder, un auténtico lujo

de la actual vida poètica, está cuerpo a tierra. Prisionero, a su pesar, de la sentencia del juicio del 23-F.

Como toda la política española, que aún no se ha levantado del suelo. González dice que «hay una

campaña para hacer creer que no se nos permitiría gobernar». Por eso mismo, Felipe debería tener a punto

su lista de compromisos, no necesariamente con Alfonso Escámez, o con Martín Patino, o con Agustín

Muñoz Grandes, sino con eso que llamamos «Estado». «El desembarco de Felipe» es una de las

operaciones más arriesgadas, necesarias y bonitas que hay que correr. Probablemente no se to permitan

generales amenazados por el terrorismo o dos millones de parados, o frivolidades revisionistas. Pero hay

que hacerlo, hay que intentarlo alguna vez. Hay mucho pasado sin digerir en este pafs y González corre

con unos colores que todavía despiertan prevenciones. Hasta ahora, F. G. sólo se ha comprometido con

Suárez, como en aquel horrible «tongo» del secuestro de Rupérez, con una interpelación con «chuletas»

que parecía el «Dúo de la Africana». F. G. ya no es aquel muchacho que escondía sus corbatas de

«boutique» en el «attache» y se las. ponía en el avian para ir al extranjero, con gran cabreo para Tierno.

Ahora tiene que decidir sí quiere gobernar y «hacerle la señal» a las instituciones. E) No llegará a

«presidente González* si deja que sus «boys» se sigan pirrando por las «causas marginales». El Pesoe no

puede convertirse solamente en el camión-escoba de la sociedad española que va recogiendo a los mar

ginados del centro y la derecha: los gitanos, los homosexuales, los pacifistas. Es bonito, es admirable,

pero no por sumar «muchos poquitos» para hacer «un gran todo». El «gran todo» que tiene que Nevar a F.

G. a la Moncloa será la burguesía, la que aún está asustada por las «boutades» de Alfonso Guerra, que

pasaba hace tres años bajo su ventaja gritando: «Burgueses, os quedan dos meses.» Ahora Felipe

González puede hacer —y lo va a hacer— lo que a Calvo-Sotelo no le han dejado: incorporar

«independientes». Si Ucedé se hunde, lo mismo da cambiar de personas. Habría que cambiar de modelo.

Sacar del hangar a la alternativa. Y no hay más alternativa, salvo la derecha de Fraga, que este socialismo,

aún tierno, inmaduro, joven, de Felipe González. F) Algo va a cambiar en el año del Mundial; el año del

juicio; el año compostelano; el año del Papa; el año electoral. Ahora te das cuenta por qué Suárez, el viejo

zorro, dejó que la izquierda llegara a los Ayuntamientos. Ucedé había ganado el 1 de marzo el Gobierno y

el presidente se negó a salir en televisión pidiendo el voto para sus candidatos municipales. Según los

expertos, de haber salido hubiera significado lo justo para ganar: un millón de votos más. Pero una Ucedé

monopolizante hubiera roto el país. La izquierda se hubiera tirado a la calle durante cuatro años en lugar

de quedarse donde está: en sus despachos con moqueta equilibrando el Poder. Si Felipe González, «ese

rayo sin estallar», llega durante el 82 al Poder, hará muy bien, cuando se enfunde el chaqué, al fin, el

chaqué en entregar como Júpiter, los restantes relámpagos a la derecha. A la otra España.

Por alusiones_________

Don Iñigo Cavero ha contestado agriamente a lo que pretendía ser una leve «story» navideña: si el

«Guernica» viajó en un avión o en otro (ABC, 20 de diciembre). El ex poliministro ha movido a medio

Gobierno, a generales y a amigos comunes. Los legendarios arrebatos de Cavero son siempre, como decía

D´Ors, «una exageración». Yo estoy convencido que en el traslado del «Guernica» hubo dos aviones,

como hubo dos camiones exactamente iguales por las calles de Nueva York. Es lógico: se trataba de

40.000 millones, y no le veo ni la importancia ni la ofensa. Lo que ocurre es que hay cosas difícilmente

demostrables como ésta. Lo que sí le agradecería al actual secretario de Ucedé es que no me Implicara (su

carta en ABC, miércoles pasado) en la fama de mi buen amigo el general Saenz de Santamaría.

Despreocúpese Iñigo Cavero del buen nombre del general, del mío propio y cuídese de su sentido del

humor y de su partido. Feliz año.

 

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