Autor: Romero, Emilio (FOUCHÉ). 
   Cambiar es envejecer     
 
 ABC.    28/07/1981.  Página: 4. Páginas: 1. Párrafos: 2. 

OPINION

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MARTES 28-7-81

Pequeños relatos

Cambiar es envejecer

´ Manuel Vicent esíá haciendo unas entrevistas espléndidas. Después de la famosa de Luis Calvo aparece

el sábado la de Dolores Ibárruri, La Pasionaria. Tras la lectura de esta última me sumergí en la reflexión

de la evolución y de la memoria de los políticos. Es un suceso apasionante. He defendido siempre que

cambiar de opinión por el enriquecimiento informativo del hombre es un hecho natural. Pero esto ha de

tener lugar a través de un largo recorrido de lecturas y de vivencias. Los que cambian de la noche a la

mañana componen otra clase de individuos. Mi oficio periodístico me ha exigido guardar papeles y mi

perspectiva histórica es ya muy amplia. Pasionaria tiene ochenta y cinco años y, lógicamente, su

evolución estaba solamente necesitada de que alguien rompiera ese silencio congelado que tiene en la

vida española, tras su regreso del largo destierro. Vicent lo ha hecho un poco, aunque débilmente.

Dolores Ibárruri tampoco ha salido demasiado de la Unión Soviética, allí está una gran parte de su vida

espiritual y tal vez sus posibilidades de evolución sean más restrictivas. Pero yo tenia alguna curiosidad

sobre su opinión actual de Stalin. Le ha dicho a Vicent: «Nunca he conocido a ningún personaje que me

haya impresionado, nunca he encontrado a un líder que me haya podido servir de modelo o que me haya

impulsado a seguirle. Tampoco Stalin.» Pero yo tengo delante de mí su artículo de fuego con ocasión del

treinta aniversario de la fundación del Partido Comunista español, y cuando se refiere a los comunistas

españoles de dentro y de fuera señala «su fidelidad a los principios marxistas-leninistas, su devoción sin

límites a la Unión Soviética y al camarada Stalin». En la historia política española contemporánea no ha

habido otra prosa más caliente, más arrasadora, más detonante, que la de Dolores Ibárruri. En este mismo

articulo fustiga a los socialistas sin piedad, los llama mencheviques, denuncia su mentalidad burguesa y

reformista y hasta su alianza con los republicanos de la izquierda, con Azaña, y los echa encima Arnedo,

Castilblanco, Casas Viejas y Sevilla. Eran los años 50, y han pasado otros treinta años. Este es un precio

que tienen que pagar los políticos de largo itinerario, y no pocos escritores. Pero es una aleccionadora

advertencia. La imagen del Partido Comunista en su dialéctica actual, y probablemente en su Congreso de

estos días, difiere bastante de aquella imagen de Dolores Ibarruri en la España de la república y en esa del

XXX Congreso. Vicent no ha conocido a Dolores con aquel aire de campesina hieràtica vasca, diseñada

por el pintor Cortijo, también un poco goyesca, diciendo aquello de «Más vale morir de pie que vivir de

rodillas», arengando al quinto regimiento. Esa que reseña Vicent no tiene nada que ver con la que ya

aparece pintada por la Historia.

Por eso decía que el tiempo se ceba sobre las personas y sus ideas. Si un periodista de la fuerza expresiva

de Vicent (que no fuera prisionero de adhesiones o de afectos), tras hacer la entrevista del final de los

personajes, hiciera otra entrevista apócrifa con las palabras verdaderas que esos mismos personajes han

dicho en otro tiempo, sería estremecedor. Todas esas entrevistas dobles podrían componer un libro

patético. Las nuevas generaciones políticas, universitarias y obreras no saben de la misa la mitad. El país

contribuye un poco, porque no es estable. En los ochenta y cinco años de Dolores Ibárruri hemos tenido

dos tronos, una república, una dictadura militar, una guerra civil de tres años, un régimen político de

cuarenta años con el destierro de la izquierda y ahora una democracia que, tras cinco años de existencia,

no sabe salir de la transición. La consecuencia política e ideológica es muy difícil; cambia el más pintado,

y el que no cambia queda convertido en estatua de sal.—Emilio ROMERO.

 

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