Autor: Sinova, Justino. 
   Dioses en el ocaso     
 
 Diario 16.    16/11/1981.  Páginas: 1. Párrafos: 14. 

JUSTINO SINOVA

Dioses en el ocaso

Adolfo Suárez y Santiago Carrillo han recorrido en cuatro años y medio el camino de regreso desde el

esplendor hasta el fracaso. Son dos ejemplos de la implacable erosión de la política y síntoma de algo

más.

El domingo 27 de febrero de 1977, Adolfo Suárez y Santiago Carrillo celebra ban en secreto su

primera entrevista, que se convirtió en un encuentro fundamental para la realización del proceso

democrático. En el chalet Santa Ana que José Mario Armero tiene en Pozuelo, a las afueras de

Madrid, el antiguo ministro del Movimiento Nacional y el jefe del partido más odia do y perseguido del

fran quismo pusieron algunas de las bases necesarias para la estabilidad del nuevo tiem po político.

Cuatro años y medio más tarde, cuando los aires de la democracia han soplado en todas las direcciones;

aun . que el proceso no haya concluido, estas dos políticos que pactaron el futuro se hallan v en los peores

momentos de su historia personal. Ninguno de los dos habría podido imaginarse el ritmo de degenera ción

política al que se han visto sometidos, desde sus posiciones egregias de hace cuatro años. Pero hoy se ven

enfrentados a una difícil realidad.

El caso Suárez

Adolfo Suárez se despidió el viernes,de la política. Fue su segunda dimisión en un año que recordará

siempre con tristeza. Y hasta en los modos demostró su abatimiento: de las presidencias del Gobierno y

del partido, UCD, dimitió en enero pronunciando por televisión un patético discurso, con una puesta en

escena próxima al melodrama, pero sincero; de la política se ha ido ahora diciéndoselo de pasada a unos

periodistas en la calle.

Parece que Suárez ha aguantado el agobiante aluvión de las críticas hasta el limite de sus fuerzas. Pocos

políticos habrán sufrido un acoso mayor en tan corto espacio de tiempo después de haber realizado una

operación de tanta trascendencia como fue el desmantelamiento del franquismo durante los dos primeros

años de su mandato. Pero la presión popular ha acabado royendo su optimismo y él ha vuelto a tirar la

toalla, con la moral por los suelos.

Su máxima pena debe ser en estos momentos el comprobar que sólo sus colaboradores más íntimos

siguen siéndole fieles Muchos de los suyos estaban más con su poder que con él. Los ha ido perdiendo a

medida que aplazaba su retirada. Porque el gran error de Adolfo Suárez ha sido, por dos veces, tardar

demasiado en marcharse. Fue un instrumento para desmontar el franquismo, pero no fue suficiente su

capacidad de creación del edificio democrático. Debió dejar la Mon cloa cuando los acontecimientos

empezaron a superarle. Luego, en el partido ocupó un puesto de vigía para llamar la atención en cuanto

apreciara inclinaciones a la derecha y esperó demasiado tiempo a que la crisis se pudriera, una vez que la

nueva tendencia ucedista se mostraba imparable

El caso Carrillo

Santiago Carrillo, que no tiene ninguna intención de dimitir y que si ha amena zado con marcharse en una

reunión secreta ha sido para meter miedo y fortalecer su inestable posición, esté tratando de controlar el

Partido Comunista de España en el momento más difícil de toda su historia, Además de la militància que

se va, la indisciplina ha llegado hasta las cumbres del templo del monolitismo.

Carrillo se halla acosado por dos flancos. De un lado, un buen porcentaje de militantes censura su

radicalismo, su intransigencia y la falta de democracia en el partido. De otro lado, los cerebros del

comunismo internacional con sede en Moscú llevan tiempo buscandióle las vueltas para echar abajo esa

teoría dulcificadora de métodos e imágenes que se llama euroco munismo.. Es una terrible paradoja la que

atenaza a Carrillo: mientras sus fieles, criados a las faldas del eurocomunismo, le rechazan por duro; los

duros de la U.R.S.S., adonde no viaja desde que le prohibieron un discurso en el Kremlin en 1977, le

buscan por revisionista.

En medio del dilema, con una presidente del partido. Dulores ibarruri, que no cree en el eurocomunismo,

Carrillo se ha lanzado a una maniobra de depuraciones que puede acabar con el partido y con él. En el

Ayuntamiento de Madrid, donde van a cesar cinco concejales comunistas por ser expulsados del partido,

el PCE tiene que recurrir hasta el número 53 de la lista electoral para encontrar sustitutos. Se está

quedando sin gente, pero prefiere mantenerse inflexible.

Carrillo esté recibiendo también un aluvión de criticas, muchas de ellas impensables meses atrás. Y se

encuentra igualmente bajo de moral. Presenta un aspecto demacrado, pues ha adelgazado siete kilos desde

el verano, ha perdido fuerza dialéctica y energía. Y a sus sesenta y seis años comprueba con pesar que sus

oportunidades políticas se reducen alarmantemente. Aplica con la frialdad acos tumbrada las sanciones,

sin dejarse impresionar por los dramas personales que ocasionan las caídas en desgracia en el PCE. Pero

no puede dejar de estremecerse al reconocer que ya no le queda interlocutor en el poder. Su mejor valedor

ha sido Adolfo Suárez, quien ya está en las estepas del retiro (aunque por edad y. relaciones, con

posibilidad de regresar más adelante).

Es la hora del ocaso de estos dioses de la política. En cuatro años y medio han recorrido el camino de

regreso desde el esplendor al fracaso. Uno inició decisivamente la reforma democrática y el otro apoyó

desde fuera y dio patentes de credibilidad. Ahora luchan contra su propio destino para recomponer su

figura y recuperar su futuro.

Son dos ejemplos de la implacable erosión de la política. Y son también dos pruebas del proceso de

aceleración en que discurre la vida política española de los últimos años, en que han ocurrido sucesos

para lle nar un cuarto de siglo de historia, y del proceso de derechización que nos afecta desde hace unos

meses. En la sociedad española, la pérdida de fuerza del PCE producirá cierta radicalización en grupos de

extrema izquierda, que recogerán algunos flecos desgajados, pero dará más peso probablemente a las

áreas de más moderación llenadas por los socialistas. En UCD, el silencio de Suárez, precedido por la

marcha de los socialdemócratas, deja el camino abierto a los intentos más conservadores de otros

sectores- ucedistas: La suave, pero constante, inclinación hacia la derecha va dejando algunas víctimas

políticas en la cuneta.

Suárez y Carrillo, dos biografías con problemas.

 

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