Coloquio del ministro de Trabajo. 
 El artículo 35, plenamente derogado     
 
 Pueblo.    23/03/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 12. 

Coloquio del ministro de Trabajo

Rengifo explicó a los empresarios el alcance del decreto-ley de Relaciones Laborales

"El tema sindical depende del próximo Pleno de las Cortes"

El articulo 35 está plenamente derogado por el decreto-ley de Relaciones Laborales, ya que ésta es la única forma de proceder ai despido, ha manifestado el ministro de Trabajo. Alvaro Rengifo, en un coloquio que ha sostenido con los miembros de Acción Social Empresarial, después de un almuerzo, según recoge la agencia. Logos.

El señor Rengifo hizo una amplia exposición de lo clin-tenido en el decreto y sus derivaciones e interpretaciones, destacando, en primer lugar, que «el Gobierno debe servir la "desiderata" de la mayoría de la población, sin atender a grupos minoritarios reivindícativos, ni atender posiciones de conservadurismo empresarial, ni tampoco dejarse impresionar por la apariencia de importancia de tinos y otros en Prensa y revistas. No cabe olvidar la cuota de juego político que se está ventilando en esta etapa y que fuerza a defender posiciones que no son las que en el fondo se mantendrían».

Destaco que «la mayor parte del país es sensata, comprende la realidad de la empresa, sabe limitar sus aspiraciones y graduar sus decisiones; pretende un cuadro equilibrado de derechos y deberes y se preocupa por el porvenir-, «El decreto-iey responde a este propósito de servicio —añadió— regulando cíe forma compensada y socialmente avanzada los derechos básicos del trabajo y de la empresa, como la huelga y la, contratación colectiva, sin entrar en el tema sindical, porque es tema que depende de un próximo Pleno de las Cortes.»

DOLIDO

Se dolió de que el decreto-ley de Relaciones Laborales esté obteniendo criticas continuas, tanto cíe Centrales Sindicales como de agrupaciones empresariales, sin que hasta el momento haya encontrado otra explicación a Esta actitud que la adopción de posiciones políticas. "Estamos dispuestos —dijo a aceptar posibles errores y posibles, mejoras, pero no han sido señalados aún.- El único teína discutible —añadió— es la promulgación del decreto-ley antes del derecho de asociación sindical, pero el Gobierno ha entendido que, dada ía cercanía de los acontecimientos, podía hacerse ahora, ya que la situación del mundo socioeconómico no admitía más indefinición la subsistencia por mas tiempo, de normas que causaban trastorno, in-cumplimiento y desconfianza en el futuro.

Se adentró en el tenia de la huelga, recordando ¡a afirmación de algunos de que no debería haberse hecho cauce a la misma mientras no existan sindicatos organizados. Hizo alusión, en este sentido, a la crisis sindical por la que atraviesa ei mundo, especialmente en nuestro país, en periodo constituyente. «Algunas centrales sindicales —manifestó— de carácter netamente marxista lanzan reivindicaciones utópicas, que destruirían la supervivencia de la empresa, promueven asambleas a mano alzada, sin que demuestren controlar la base. La disciplina se ha relajado profundamente; las demagogias, superadas por la compleja realidad social y económica del país, vuelven a hacerse circular y prenden. El ambiente socio-laboral, en muchos casos, parece envenenado por una dialéctica, revolucionaria que nc responde a pautas de buena le y responsabilidad. El país, en definitiva —concluyó—. ofrece más de cien millones de horas de trabajo perdidas en 1976 y gravísimas situaciones concretas para muchas empresas.-

Ante esta situación, a la Administración no le cabían más que tíos opciones: o reconocer el derecho de huelga sin otra normativa, o establecer una normativa adecuada flexible que sirviera de cauce para e! entendimiento, entendiéndose más sena y responsable esta última, por cuanto es una ai temativa dura, pero real, al desplazar -el centro de gravedad de la huelga hacia la empresa. Después de extenderse sobre este tema, añadió que «debemos distinguir claramente la actividad d« los piquetes que, en cuanto coaccionan a la libertad de trabajo, está tipificado en el Código Penal y, por tanto, deben ir a, la cárcel. No era moralmente aceptable —añadió— la situación anterior, en la que bastaba la mera participación para el despido. No cabe despedir a toda una plantilla de golpe, porque producía la lógica decepción entre los trabajadores de buena fe y suscitaba procesos de solidaridad. Hemos vivido auténticos ´"shows" preparados para apoyar un proselitismo político por la vía del descontento laboral. Ha sido un error para algunas empresas despedir a muchos, para luego readmitir de nuevo, menos los que consideraba inadecuados

CONVENIOS

Se adentro luego en la temática de los convenios colectivos contenida en el de creto-ley, destacando que esto decreto sólo modiíic. seis artículos de la ley d> Convenios Colectivos, representando una plena liberalización de las relaciones de trabajo en lo que concierne al intervencionismo estatal. Ei señor Rengifo aclaró qu; las empresas y los cal?.c tivos de empresas en función de su economía presente y futura deben ofrecer ío que. pueden ofrecer. Otras manifestaciones de retribución, contrarias a los deberes ciudadanos responsables —como hacerse cargo del I. R. T, P. y cuotas de Seguridad Social—, no debieran ser utilizadas en ningún caso. Las peticiones disparatadas de ingresos, las amenazas de anormalidad, deben ser enfrentadas con la transparencia de la economía de la empresa y con la consecuencia de un licenciamiento colectivo, preciso para satisfacer exigencias que comportarían un notable aumento previo de productividad o de una supervivencia imposible de la empresa». «En todo caso —subrayó—, el empresario tiene que asumir las reglas de una economía de mercado, no actuar miopemente a corto plazo por temor a un deterioro cercano de clientela o de financiación y hacer ver las consecuencias de los propios actos a quienes se manifiestan de manera utópica.»

Finalmente —dentro de su exposición, que se extendió aproximadamente en cuarenta y cinco minutos— hizo un análisis de futuro, afirmando que «la situación de la economía es sumamente difícil, pero en modo alguno debe inducir a posiciones de resignación. La inflación de 1977 parece difícil de reducir sobre tos objetivos señalados por el Gobierno; es preciso que no se acelere, sin ceder a tentaciones tanto por parte de los empresarios como por parte de la política económica». «La economía —afirmó— puede andar y situarse bien para una etapa posterior, si no se echa leña al fuego. En realidad, nuestra economía, aunque flanqueada por normas corporativas y por conductas que distorsionan el mercado, se comporta de forma bastante occidental.» «El desempleo —añadió— puede ceder rápidamente si se entonan la economía y la confianza empresarial. Sobre la cifra normal de paro friccional y tecnológico, el desempleo estructural que padecemos es del orden de doscientos cincuenta mil trabajadores.»

Abundando en el tema, afirmó que «la experiencia vivida de soviets en las empresas y sectores, con dialéctica revolucionaria, debe ser un sarampión pasajero. Puede que haya aún brotes incómodos hasta las elecciones, pero creo que luego debe sobrevenir una etapa de responsabilidad y madurez.-

El esquema sindical no se puede predecir, pero no cabe duda que la voz del trabajador normal, en circunstancias normales, aún no se ha oído. Las trece centrales sindicales que hoy suenan parecen totalizar entre cien y doscientos mil trabajadores, entre el 1 y el 2 por 100 dei colectivo laboral por

cuenta ajena. No parece verosímil que la afiliación futura llegue al 20 por 100. El pluralismo sindical parece que no tiene posible vuelta. Las cosas serán distintas —concluyó— cuando las centrales deban jugar con su propia responsabilidad, sin ampararse en el aparato sindical y en el poder sindicales actuales, lo que debe decantar las centrales serias y con capacidad de convocatoria y arraigo.

Concluyó, por último, mostrando su optimismo por el futuro. «Diría que hay muchas más razones de confianza y optimismo —dijo— que razones de sentido contrario. Seguidamente se abrió un amplio coloquio.

 

< Volver