Autor: Ramírez, Pedro J.. 
   La crisis de los partidos     
 
 Diario 16.    18/05/1981.  Páginas: 1. Párrafos: 24. 

Diario! 6/18-mayo-81

PEDRO J. RAMIREZ

La crisis de los partidos

TENGO grabada la imagen de Rimón Tamames en el primer gran mitin convocado por el PCE en

Madrid, después de su legalización. Era el domingo 8 de mayo de1977. El escenario elegido, el campo del

Getafe. La temperatura, sorprendentemente calurosa para la fecha. Treinta mil personas aclamaron la

llegada de Carrillo con su corte de adlátares, formando un gigantesco coro cuando los altavoces

comenzaron a emitir las notas de «La Internacional».

Característica común a las cinco personas situadas en primera linea de la tribuna de oradores Sánchez

Montero, Camacho, la beatífica Cristina Almeida, el poeta Blas de Otero, en el ocaso de su vida, y el

propio Carrillo era su escasa estatura. Quiza era eso lo que realzaba la figura prepotente de Tamames.

aparcado inmediatamente detrás de ellos. Había otro detalle: mientras todos los demás levantaban su puño

izquierdo en ortodoxa contribución a la estética del momento, Tamames también enarbolaba el derecho,

formando con sus dos brazos desplegados una monumental «U» mayúscula que, vista al contraluz,

parecía querer dar cobijo no sólo a los miembros del Comité Central, sino a toda la militància. Aquel día

intuí que el PCS tenia a su servicio al más poderoso y sofisticado MazingerZ del mercado político. .Era la

fuerza de Ramón, la inteligencia de Ramón, la tenacidad de Ramos, la brillantez social dé Ramón.

Menudo fíchaje, y encima sin costamos un duro —se habla dicho el año anterior en la reunión de Roma,

porque éste ha salido de nuestra cantera en la Universidad, porque éste es comunista desde hace veinte

años.

Ahora, Jaime Ballesteras, responsable áulico del Ministerio de la Verdad, ha aclarado que «en realidad

Tamames nunca fue comunista» y así constará para siempre en la historia oficial que el partido reescribe,

según la conveniencia de cada día.

Corrillo responde sólo ante la historia_______

Si ser comunista significa encajar en el prototipo del burócrata lúgubre, siniestro y desalmado acuñado

desde posiciones anticomunistas, entonces Ballesteros está en lo cierto. Si ser comunista significa, en

cambio, tal y como lleva proclamando el partido al menos desde hace cinco años, adoptar una actitud de

compromiso continuo en la pugna por la transformación de la sociedad, entonces Tamimes no sólo ha

estado en la guerra, sino que prácticamente ha sido el buque insignia.

Lo que ocurre es que los hechos del PCE le acercan más a las definiciones de sus enemigos que a las

suyas propias. Y esto no se refiere tanto a la linea política, moderada, y responsable, mantenida por el

partido, como al talante de sus dirigentes, al estilo que impregna las relaciones en el seno de la propia

organización y que consecuentemente afecta a su proyección en el cuerpo social.

El debate ideológico en torno al «eurocomunismo» no es en realidad sino una cortina de humo,

magnificada por Carrillo para ocultar la creciente demanda de democracia interna. El maximalismo de los

llamados «afganos» dentro del PSUC le ha venido de perlas al secretario general para presentarse ante los

militantes y ante la opinión pública como alternativa a una estrategia agresiva y pro soviética que

favorecería la involución.

Calando un poco más hondo, se advierte, sin embargo, que la tendencia leninista, mayoritaria entre los

comunistas catalanes, comparte muchos de los objetivos por los que ha venido luchando Tamanes y con

los que se identifican algunos de los jóvenes Pilar B rabo, Alonso Zaldívar, Lerchundi, Curiel, Pérez

Royo que aún permanecen en el Comité Central. Más allá de las etiquetas, unos y otros desearían oponer

al rígido «centralismo democrático», que termina convirtiendo al secretario general y sus validos en

responsables tan solo ante el dios de la historia, un planteamiento de mayor autonomia en la toma da

decisiones, de forma que la política del partido fuera marcándose desde abajo hacia arriba y no a la

viceversa.

No hay por qué buscarle los cinco pies al gato. Tantanes se ha ido —como Mohedano, çqmo Triana y

tantos otros porque su papel se reducía a servir de acólito en una misa cantada siempre por los mismos

oficiantes. Esto puede interpretarse por el lado del idealismo insatisfecho y también por el de la Ambición

truncada. Da lo mismo: ambos planos se superponen cuando un político analiza sus motivos,

´

La reacción despectiva que ha subrayado su marcha bastaría para justifícar la ruptura de Tamames con el

PCE. En cuestión de pocos meses ha pasado de ser el «rostro humano» del comunismo español, el

envidiado «aprendiz de Berlinguer», a convertirse en uno de esos «intelectuales con cabeza de chorlito»

—Pasionaria «dixit» que abandonan él partido al comprobar que no pueden seguir aprovechándose de él.

Con su habitual franqueza, García Salve recordó el otro día por la radio, cómo hasta hace bien poco el

nombre de Tamames iba a menudo acompañado de una muletilla admirativa: «¡Es un tio cojonudo!». Hoy

se le tilda de «traidor», «burgués» y cosas peores.

Líbreme el mundo de dar consejos a ningún dirigente comunista, pero quienes ocupando cargos de relieve

en el partido y el grupo parlamentario reprimen sus impulsos naturales por creer que gozan del favor de

Carrillo, deberían escarnentar en cabeza ajena y entender que en ese microcosmos —como en toda secta

oscura y cerrada la verdad, la bondad y la belleza no son virtudes permanentes de ningún asteroide, sino

simples proyecciones iluminativas de una única fuente de luz. «Pero, Hombre... ¡con lo que te quiere

Santiago!, le dijeron a Enrique Múgica cuando anunció, que pensaba irse del PCE. Al día siguiente, :sus

interlocutores le hacían el vacío más absoluto en la prisión de Burgos,

H valor de la denuncia

A veces he dicho que Santiago Carrillo me parece el más conservador de nuestros líderes políticos. No se

trata de ninguna «boutade», aunque en alguna ocasión haya sido acogida como tal, sino del

No hay por qué buscarle los cinco pies al gato. Tamames se ha ido cansado de que su papel se redujera a

servir de acólito en una misa cantada siempre por los mismos oficiantes

empleo literal del término. Defenestrado Adolfo Suárez, nadie pone tanto ahinco como él en «conservar»

la posición que ocupa. Toda expectativa de «progreso» queda sacrificada con tal de no correr el menor

riesgo de ver alterado un «statu quo» de preeminencia pública que supera sus cálculos más optimistas a la

muerte de Franco. Carrillo prefiere un PCE totalmente descapitalizado de ideas y militància, pero

sometido y dócil, a un PCE que, al llevar hasta el final la via «euro», según los postulados de Gramsci,

cuestione su liderazgo por elementales razones de eficacia en la penetración en el tejido social.

En este contexto, la ruptura de amarras de Tamames tiene un importantísimo valor de denuncia que tal

vez la simultánea acumulación de otros acontecimientos ha impedido valorar correctamente. Denuncia

dirigida, en primer lugar, contra lo que Carrillo ha hecho del PCE, pero extensiva luego a lo que las

respectivas camarillas dirigentes están haciendo de los demás partidos.

´Carrillo me parece el arquetipo del político «profesional» en el sentido peyorativo del término, pero en

una u otra medida la mayoría de quienes mandan en los otros colectivos, también participan de muchos de

sus defectos. Según «susurraba» José Luis Gutiérrez en su columna del pasado jueves, un cierto viento de

indignación corporativa sacudió a la .clase política al conocer la denuncia de Tamames de que los

partidos no están cumpliendo adecuadamente la función que les correponde. Sin embargo, había puesto el

dedo en la llaga.

Un somero repaso del espectro nos muestra a una Afianza Popular absolutamente atrofiada en su

capacidad de desarrollo por la concepción patrimonial que Fraga tiene de la organización; a una

UCD en la que, una vez erradicada la grosera dictadura de los suaristas, no queda más vínculo de unión

sino ese poder que por él momento Calvo-Sotelo continúa administrando en nombre del partido; y a un

PSOE en el que, acallada la oposición interna con similar brutalidad democrática a la que UCD exhibió

en Mallorca, nadie mueve un lápiz sin consentimiento expreso de Alfonso Guerra y la García Bloise.

Ninguno de los cuatro grandes partidos nacionales supone en estos momentos ni un instrumento atractivo

de compromiso democrático pera las élites intelectuales, ni un cauce de participación popular en´ la

defensa del sistema. Apalancados en sus cuotas de representación parlamentaria y con el corsé bien

ceñido por un reglamento estéril, los políticos se han alejado por igual de la Universidad, del arte y de la

calle, en un momento en que España solo sobrevivirá sí está vertebrada y unida.

Sobre los clubs políticos

Podría alegarse, tal y como se ha hecho contra Tamames, que criticas de heste porte tienen un efecto

contrarío al deseado, pues alientan la visión catastrofista de la ultraderecha en el «anudo de que todo va

mal y contribuyan «debilitar aún más el sistema. Por este camino llegaríamos, sin embargo, a cifrar la

supervivencia de la democracia en la apariencia» de que las cosas funcionen, cuando en realidad sólo

saldremos adelante «si de verdad» las cosas funcionan.

La insatisfacción de Taoèmes y de otras personas como Miguel Boyer, Raúl Morodo o con todas sus

peculiaridades Antonio Garrigues Walker gentes cuyas capacidades todavía no han sido.bien

rentabiliizadas por la democracia~ parece que va a generar ea las próximas semanas nuevos impulsos

asociativos en forma de fundaciones y clubs políticos.

No se trata de sustituir a los partidos, sino de complementarlo proporcionando a los ciudadanos cauces

más frescos de reafirmación en los,valores democráticosy de expresión pública de sus opiniones.

Esto tiene que quedar muy claro: los partidos son y deben seguir siendo el principal vehículo de la acción

política propiamente dicha. La crisis de los partidos no significa que el sistema de partidos esté en crisis.

De hecho, una de las principales virtualidades de esas nuevas iniciativas, tan preñadas de rumores, radica

en su cjapacided de dar pie; a nuevas ofertas electorales que redibujen el mapa de los partidos,

adecuándolo más a las demandas y anhelos de los votantes.

Pero, junto a esta premisa básica, también hemos de tener muy en cuenta que la convivencia en libertad

puede ser mucho más rica que la política. Durante el guarismo apenas si se hizo otra cosa que esbozar un

reparto de funciones entre las instituciones del Estado. Ahora es tiempo de construir de verdad la Nación,

trenzando una red lo más tupida posible de elementos relaciónales de base. Tamames, montanero y

andarín, podría muy bien sin abandonar su rollo con Polanco y los amigos de Pío Cabanillas promover un

Club de Excursionismo.

 

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