Autor: Campmany y Díez de Revenga, Jaime. 
   El espectáculo Fraga     
 
 ABC.    30/05/1980.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 6. 

OPINION

Escenas parlamentarias

El espectáculo fraga

Hay que «conocer que las pocas veces que estas Cortes han ofrecido un gran espectáculo parlamentario

ha sido gracias a don Manuel Fraga. De vez en cuando, Fraga desata el Iguazú de su oratoria y nos inunda

de sentido común, de sentido del Estado, de sentido de justicia, de sentido def humor y de sentido».

contrario..Pero ya llegaremos a eso.

La sesión de ayer se podría resumir en un largo y prolongado bostezo, continuación del aburrimiento qué

trajo el final de la sesión anterior con el discurso programático fluvial, casi amazónico,,mercúrico,

granítico, fatigante, extenuante, teorético, vagoroso y somnífero de don Felipe González. Vamos, con el

rollo filipeo, que diría un castizo de la base. O con el discursísimo infinito, que diría don Francisco de

Quevedo. Como me amenacen de nuevo con tener que escuchar las dos interminables oraciones: la del

señor presidente y la del señor candidato a presidente, pensaré seriamente en la dimisión de este encargo

y hasta en el alejamiento de este oficio. O me llevaré a la tribuna de Prensa del Congreso la «Historia de

Roma», de don Teodoro Mommsen. Un par de dosis de oratoria como ésta acaban no ya conmigo, débil

lector y frágil oyente, sino con el mismísimo don Marcelino Menéndez y Pelayo. Otro discurso como

estos y me rindo: prefiero votarlos, pero sin oírlos.

Menos mal que en cualquier desierto se puede encontrar un oasis. Y, eso, un oasis en medio del desierto,

fue la intervención del señor Roca Junyent. No es qué se me haya levantado nacionalista y autonómica la

sangre catalana que me corre por las venas, pero se me ha ocurrido pensar en lo mucho que esta

transición, más o menos pacífica, hacia la democracia tiene que agradecer a los políticos catalanes. Los

políticos catalanes de esta hora, desde Tarradellas, el honorable, a Solé Tura, el comunista, desde Pujol, el

banquero, a Heribert Barrera, el republicano, y desde Obiols, el socialista, a Pi Sunyer, ese amabilísimo

señor que cayó como un paracaidista mísacantano en medio del planeta de los simios, y sufrió un amago

de «shock» del futuro, todos o casi todos los políticos catalanes de esta hora se han empeñado en

enseñarnos el camino de la moderación, de la sensatez, del diálogo sin pretensiones magistrates y sin

indigencias de pensamiento, y hasta de las buenas formas y el decoro del estilo.´Recuerdo que una vez,

mientras se discutía la Constitución, el señor Barrera habló en catalán, y me pareció que, Incluso a los que

no to entendían, aquello les sonaba a bien pensar y a gozo literario. El señor Roca Junyent es un polemista

duro y un orador enjuto y sin floreos. Pero da gusto oírle, seguramente porqué siempre dice cosas, unas

veces Importantes, otras veces atinadas, y siempre provechosas. Y anoche dijo varías de ellas, tanto al

Gobierno de UCD como al PSOE de la oposición. Dijo unas cuantas verdades —o quizás dijo «sus»

verdades— sin concesiones, pero las dijo con sinceridad, con honestidad, con claridad y con educación.

Resulta, un Individuo de rara especie entre la diversa fauna parlamentaria. Quizás no llegue a, ruiseñor,

pero entre los trinos habituales aparecía como un ave del paraíso.

Y después habló el señor Fraga. Casi todo el interés del debate y de la votación de la moción de censura

se centraba ya en la actitud y en el voto del señor Fraga y de su grupo de Coalición Democrática. Ya se

sabía que los comunistas Iban v votar con los socialistas, quizás porque ni don Felipe ni don Santiago se

atreven a romper con la sombra y el recuerdo del Frente Popular, y y» se sabía que los demás Iban a

abstenerse, porque quizás, puestos en el trance de elegir entra ucedlstas y socialistas, optaban por la vía de

en medio. El voto de censura se planteaba como una actitud morl, y los moralistas ya se sabe lo que

aconsejan: en la duda, abstente. Restaba la incógnita de fraga. ¿Qué hará Fraga? Se podfa adivinar que no

iba a votar a favor de la moción socialista. Pero, ¿repetiría el voto a favor de Suárez, aquel que ofreció al

presidente del Gobierno la mayoría parlamentaria necesaria para ganar la investidura? ¿O le dejaría solo,

solo con su propio partido, solo en minoría y solo ante el peligro?

Fraga participó su propósito de abstenerse. No votaría a favor de don Felipe, pero tampoco acompañaría

en el voto en contra a los diputados de UCD. La explicación de esa decisión fue la ocasión para el gran

espectáculo parlamentario; Habló a la velocidad de siempre y comiéndose los finales de frase, porque ya

se sabe que Fraga se come los finales de frase con el mismo apetito con que engulle la empanada de

lamprea, pero se le entendió mejor que otras veces, tal vez porque sus argumentos eran claros como el

agua clara, tan convincentes que no necesitaban de demasiada exposición, y escuetos y concisos,

seguramente porque estaba diciendo lo mismo que pensaban muchos españoles y no necesitaban de

mayor explicación ni reiteración. Para lo que decía el señor Fraga, sospechó que muchos españoles iban a

resultar muy buenos entendedores. Como metan muchas veces la televisión en el Congreso, los votos del

señor Fraga se van ar multiplicar casi milagrosamente, casi como los panes y los peces. Es curioso. Fraga

fue el orador que mejor interpretó el ya largo enfado de este pueblo medio desencantado y _ medio

desmoralizado de los politices de la democracia, y peligrosamente de la democracia también. Y, sin

embargo, supo administrar a uno y a otro, a don Adolfo y a don Felipe, las críticas más serias entre

acusaciones dolorosas y bromas refrescantes. Su discurso fue un alivio de oyentes y una confortación de

caminantes.

El señor Abril Martorell tiene mala Suerte en el Congreso. Ayer también habló. EI señor Abril Martorell

es un conmovedor caso de tenacidad para el aprendizaje. Resulta más digno de admiración que

Demóstenes, que se pasaba las horas frente al mar para conseguir que su voz dominara el rumor del

oleaje. Hasta que lo consiguió. Bueno, pues don Fernando Abril estuvo ayer menos caótico que de

costumbre. Pero no logró abandonar el tonillo de lección rural, agrícola y machacona; ni alcanzó a salirse

de los jardines donde frecuentemente se enreda y pierde su rustica academia oratoria; ni consiguió

liberarse del hábito repetitivo. Don Fernando Abril piensa tan lentamente qué tiene que repetir lo que se le

ocurre varías veces para dar tiempo a que se le ocurra otra cosa. Tuvo la mala suerte de hablar después de

Fraga. Y tampoco pudo pasar el examen. Los señores diputados que se habían reído con lo que decía el

señor Fraga, se reían ahora de lo que decía el señor Abril. En su discurso del día anterior, don Alfonso

Guerra («la declaración de Guerra», lo llamó Fraga) dijo que esta democracia ya no aguanta más a

Suárez. Mire usted, don Alfonso, ya lo ve: esta democracia aguanta lo que le echen. Jaime CAMPMANY.

 

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