Autor: Romero, Emilio (FOUCHÉ). 
   A ver, una receta     
 
 ABC.    30/05/1980.  Página: 4. Páginas: 1. Párrafos: 3. 

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Pequeños relatos

A ver, una receta

Después de aparecer el socialismo, bastante más alia de 1848 como movimiento y organización —tras

aquel Manifiesto—, los políticos conservadores y liberales de nuestra primera Restauración se tuvieron

que plantear el compromiso entre autoridad y justicia. La .«autoridad» les venia exigida desde los límites

del liberalismo, y la «justicia» les venía recomendada desde los limites del «socialismo». Maura fue el

gran propulsor, y Canalejas, el mejor intérprete. Los políticos, sin embargo, no alcanzaron nada de esto,

pero el siglo XIX avanzaba imparablemente hacia el XX, con el progreso, y la sociedad fue siendo más

justa, mientras que la autoridad se excedía en las dictaduras y se aflojaba en las democracias, que eran

nuestras alternativas.

. Ahora Felipe González, que viene de dog mas autoritarios —los dogmas del socialismo—, acaba de

defender en el Congreso una nueva armonía entre Seguridad y Libertad. Las causas son el terrorismo.

Felipe González, que ya no es un socialista del siglo XIX, ni del primer tercio de este siglo, sino de tas .

posguerras del XX —preferentemente de la segunda—, es un socialista demócrata y liberal, a la manera

como son los socialistas europeos contemporáneos. Teme que unas mayores dosis de autoridad debiliten

la libertad, y que una libertad excesiva amenace la seguridad. ¿Tiene alguien en este país alguna receta de

dosis de «seguridad y de • libertad»? A ver si Julián Marías, que no sé por dónde anda; a ver si Sánchez

Agesta, que no.se sabe por qué mundo cristiano apacenta ciudadanos creyentes y constitucionalistas; a ver

si Carlos Ollero, pasajero olvidado de la berlina entre la Dictadura y la Democracia; a ver si Enrique

Tierno Galván, eI «viejo profesor» de aquel socialismo intelectual y confinado de la época anterior; a ver

si los políticos intelectualizadores o catapultadores de los vie]os tópicos. ¿Hasta dónde puede llegar el

mecanismo de autoridad para la seguridad, y dónde procede parar a la libertad en seco?

Tengo delante de mí el epílogo escalofriante de Vicente Silió en su libro «Un hombre ante la Historia».

La desarmonía de todo, desde Platón hasta Comte, no tiene solución. Hay, sin embargo, un lugar para la

«seguridad» y la «libertad», que es la Ley. Lo que ocurre es que la discusión está en los espacios de

ambas cosas. ¿Podría decirme Felipe González cuáles son, para su liderazgo socialista, esos espacios? El

ministro del Interior, Rosón, ha ofrecido alguno, y ha escandalizado a unos .y ha complacido a otros.

Croisset dijo con desenfado esta evidencia que nadie se atreve a decir: «Hablar de libertad a un hombre

del siglo XX es hablar del color a un ciego, o de música a un sordo.» Es verdad; pero vamos a

disimularlo.— FOUCHE.

 

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