Autor: Sánchez Vicente, Consuelo. 
   Trabajadores extranjeros en España     
 
 Arriba.    26/08/1977.  Página: 18-19. Páginas: 2. Párrafos: 8. 

TRABAJADORES EXTRANJEROS EN ESPAÑA

A pesar de nuestros cuatro millones de emigrantes y de nuestro millón largo de parados, seto en el pasado mes de mayo se concedieron o renovaron 6.106 permisos de trabajo a extranjeros

En 1976 habla en España 63.738 trabajadores extranjeros por lo legal, ilegalmente el número de estos trabajadores es imposible de calcular

Las mayores dificultades para encontrar empleo las tienen los ciudadanos de los países que mejor tratan a nuestros emigrantes. Las mayores facilidades, para Francia, Inglaterra y Alemania, que cada vez se ponen más pegas a nuestra gente

Legislación reguladora del >status> del extranjero en España la hay, pero no se cumple. También existen convenios bilaterales y declaraciones de «trato preferente> a España Que sólo cumplimos nosotros

Parece mentira que o «un país en paro» como es el nuestro lleguen cada vez más extranjeros buscando trabajo, pero así es. Tenemos casi cuatro millones de emigrantes fuera; un millón (creciente) de parados dentro; uno economía por tos sucios; una Inflación tan fuerte que se come lo última devaluación de la peseta... Tenemos una Bolsa totalmente manipulada (y eso (o dice hasta el propio Ministro de Trabajo), que se encarga de frenar la inversión privada y fomentar la evasión de capitales; un Banco de España que nos dice que. pese a ios esfuerzos del señor Fuentes Quintana, que en 1978 tos ingresos calculados del país van a ser justo lo mitad de los gastos previstos. Somos un país tan chulo que se ha permitido el lujo de estar dos anos sin política económica, gastando más que nadie y peor que «odie.

Hemos tenido un Referéndum, unas elecciones generales y tenemos un Gobierno que nos dice que hay que apretarse el cinturón mientras él (palabra de Garrigues Walker) despilfarro a manos llenas.

En nuestra «tienda» campan dos usas», los alemanes y varios más; nuestros hermanos árabes nos dicen que como no les paguemos lo que íes debemos no nos dan más petróleo... Corrijo aquello del principio de que parece mentira que a un país en paro, como el nuestro, lleguen cada vez más extranjeros buscando trabajo: lo que parece mentira es que to encuentren.

NI SON TODOS LOS QUE ESTÁN...

Antes de seguir adelante hay que dejar sentadas varias cosos:

El Ministerio de Trabajo está preparando una nueva norma que regule el trabajo de los extranjeros en España

No todos los extranjeros que vienen encuentran trabajo. Según el Ministerio de! ramo, en el año 1976 había en España 63.738 trabajadores extranjeros, pero no hace falta mirar mucho por la caite para darse cuenta que los extranjeros que viven en España son bastantes más de sesenta y tres mil. Muchos de estos sesenta y tres mi! son alemanes, franceses e Ingleses.

Ellos llegan con sus carreras, con su prestigio, con su «enorme». Ellos llegan casi siempre con su carta de trabajo debajo del brazo, porque viste mucho tener en to empresa un ingeniero alemán o una secretaria dé dirección francesa. Los otros, tos que no tienen trabajo, son los portugueses y los latinoamericanos. Estos vienen como «turistas» con ánimo de quedarse como sea, donde sea; atraídos por los suaves aires de la pre-democracia, un idioma que conocen y unos convenios de doble nacionalidad y reciprocidad que datan de 1969.

Unos pocos, los intelectuales que huyen de tos totalitarismos de sus países, se sitúan más o menos bien, por cuenta propia o por cuenta ajena. Los más son gente muy joven, sin oficio ni beneficio, sin dinero, sin contactos, sin nada. Llegan, ya to hemos dicho, como «turistas», con la esperanza de encontrar un empleo. Luego viene la segunda parte: el largo peregrinaje desde Princesa, 3, a Pardiñas, 5, para acabar en la planta siete del Ministerio de Trabajo a la espera del necesario permiso. Casi todos se quedan en ei comino, pues para que te den el permiso tienes que tener el contrato, ta «corta de trabajo», y esa sólo to dan las empresas si les interesas mucho o si aceptas sus inaceptables condiciones. Las condiciones (no Seguridad Social, no plantilla, no contrato, muchas hora», poco dinero) se aceptan, por supuesto. Si te niegas, sabes que hay cincuenta más esperando, y o ti también te hoce falta comer.

El resto, los que no tienen ni siquiera la posibilidad de convertirse en mono de obra sumisa y barata, buscan trabajos aún más eventuales: camareros, «artistas», temporeros en el campo, encuestadores, vendedores a domicilio...

El último recurso es hacer collares y pulseras vestido de «hippy» en el Rastro. Y todo esto en la más incompleta ilegalidad, indocumentados, sin permiso de residencia: bajo ta tensión constante de que, en cualquier momento, te pesque la Policía y te ponga en la frontera.

LOS PROBLEMAS DE «CASA»

El problema de estas personas es puramente humano. La ONU dice que todo el mundo tiene derecho oí trabajo, pero también hoy que admitir que cada uno tiene derecho a vivir donde te parezca. Y a trabajar donde se encuentre a gusto. No está lejos todavía ta época en que nuestros exilados recorrían el mundo; así que, en justicia, no podemos quejarnos de que otros exilados elijan ahora España. (Por cierto, el PSOE ha tenido una bonita iniciativa al respecto.) Esto, por una porte. La otra cara de ta moneda son nuestros emigrantes y nuestros parados. Precisamente en los países cuyos trabajadores son más favorecidos aquí (Francia. Alemania, Inglaterra) es donde nuestros emigrantes encuentran más problemas y dificultades. Precisamente tos ciudadanos de los países donde mejor se acepta a nuestra gente (Hispanoamérica) son los que más problemas tienen para vivir aquí. Y precisamente también son los que tienen más necesidad de trabajar en España.

Ahora viene el tema de nuestro millón largo de parados. Por algún código perdido hay una ley que dice que no se podrá dar un puesto de trabajo a un extranjero si un español, en las mismas condiciones, quiere acceder a él. Las empresas, que son muy listas, se saltan la ley a la torera de la siguiente forma: ponen su anuncio correspondiente en las oficinas de empleo. Por ejemplo, se necesita ingeniero con tales y tales conocimientos y en tales condiciones. Se presentan tres españoles, les examinan y les cargan. A continuación piden permiso para emplear a un técnico francés. En el Ministerio les dicen (cuando les dicen algo) que si no hay españoles para ese trabajo, y ellos presentan el papelito correspondiente diciendo que los que se han presentado eran demasiado jóvenes o demasiado viejos. Entonces, el Ministerio no tiene más remedio que darles el permiso de trabajo para el tipo que ellos quieren.

Y así a todos los niveles. Consecuencia: que sigue el paro dentro igual que antes y se da trabajo o los de fuera. Igual que antes de que se estableciera este requisito legal para procurar paliar el paro y proteger el derecho al trabajo del español en España. Otra consecuencia: que España se ha gastado el dinero en preparar a un técnico y cuando ese técnico (por ejemplo) puede empezar a rendir, tiene que emigrar por narices. Luego ese técnico se coloca por menos dinero y por el mismo sistema en otro país, investiga, inventa cosas... El país hace una patente y nos vende a nosotros los «royalties». Como este año, que en seis meses hemos pagado en «royalties» tanto dinero como en todo el año 1976. Eso sí, cuando a ese señor (sigue siendo un ejemplo) le dan el Premio Nobel, la tele nos dice que es español. ¡Y pobre de él como reniegue en algún periódico extranjero o nocional de la Madre Patria!

NUEVA NORMA A LA VISTA

Las autoridades competentes españolas parece que están por la ´labor de arreglar esto de algún modo. Concretamente, el Ministerio de Trabajo está preparando una disposición (confirmado) que sería llevada a un próximo Consejo de Ministros, que tratará de regular el trabajo de los extranjeros en España. Dice Europa Press que fuentes solventes te han dicho que la norma «...estaría justificada por el hecho de que cada vez es mayor el número de extranjeros que acude a nuestro país en busca de trabajo, a ta visto de la crisis económica que a nivel mundial se padece... SI el paro es preocupante yo en España, to continua llegada de extranjeros, con posibilidad de contratar mano de obra más barata, no facilitará tas cosas para tos autoridades que tratan de luchar contra el desempleo*. Pues nos parece muy bien, porque no es que no tengamos leyes, decretos y normas de todo tipo, que tos hay, pero están tan dispersas, son tan antiguas y su contenida es tan difuso que pasa lo que pasa: que nadie las cumple. Hay, por ejemplo, tratados y convenios de reciprocidad y doble nacionalidad con algunos países que sólo se cumplen aquí (me remito al problema que tuvo hoce unos años el Sindicato del Espectáculo con su homólogo argentino).

Tenemos «trato favorable» o «preferente» con tos países del Mercado Común, pero quien únicamente observa ese «trato preferente» es España. El problema de España es que no tiene credibilidad en el extranjero. Una Inercia de mucho tiempo ha hecho que casi ningún país de los que puede ayudarnos nos respete. Y es que, está claro, el respeto empieza por uno mismo.

Consuelo SANCHEZ-VICENTE

 

< Volver