Autor: PUBLIUS. 
   No hay cheque en blanco     
 
 ABC.    30/05/1980.  Página: 4. Páginas: 1. Párrafos: 6. 

No hay cheque en blanco

SI Adolfo Sufirez cree que por haber frenado (a moción de censura socialista contra el

Gobierno aquí no fta pasado nadaf se equivoca, Si Felipe González supone que por eí hecho

de haber presentado una moción de censura ha pasado a convertírse en la unica aItema ttva a

Adolfo Suárez, también se equivoca. Et debate dé estos días pasados ha deparado a la opinion

tres enseñanzas prlncipafesí .primera, que ef presidente Suérez tiene la necesidad urgente

desvolver a conectar con tas aspiraciones1 de sus electorales, que son, a fin de cuentas, la

fuente de su poder. Segunda, que la alternativa socialista está más lejos de lo que nos quería

hacer creer fe propaganda Interesada, «tinque es forzoso´decir que los esfuerzos de Felipe

González por acercarse a posiciones de moderación han sido muy considerables. Y tercera,

que se han terminado definitivamente loe consensos; entendidos como los trapícheos al

margen de las instituciones y como fórmula de sustitución de la voluntad popular .por los

acuerdos más o menos indecorosos entre dirigentes. De todo lo cual se deduce que o Adolfo

Suárez cambia su comportamiento en su partido, en ei Gobierno, en el Parlamento y en la

calle, o la alternativa, a no venir de la mano de los socialistas; habrá de surgir del seno de

UCD. ,: .

La moción de censura estaba mal planteada desde su raíz, porque al partir de la base de que

era prácticamente seguro su fracaso quedo convertida en una maniobra política de

distancíamiento socialista de la etapa del consenso, y en una mera operación de desgaste de

la Imagen del presidente. Desde el momento que Felipe González lanzó la moción de censura

al ruedo parlamentario se distorsionó lo que en puridad constitucional era fa función de una

acción de esta naturaleza, que no es otra que la sustitución de un Gobierno sin elecciones

gracias a la formación de una nueva mayoría parlamentaria. En estás condiciones, él discurso

de «Investidura» del líder socialista pasaba a no tener otro objeto que el de dar testimonio de

que los socialistas tienen un programa alternativo.

No puede decirse que Suárez haya salido triunfador de este lance. Resistir una moción de

censura perdida de antemano no es, en realidad, ningún triunfo. Por el contrario, este episodio

Ha sacado a la luz una porción de deficiencias en su manera de gobernar de las que habrá de

tomar muy buena nota si tiene la sensatez de un político responsable. Este es el momento en

que ei presidente ha de modificar sus hábitos personalistas, ha de permítr y favorecer fa

democracia interna en su partido, ha de ser el líder resultante de una amplía cantera en lugar

de ser el .único superviviente de un campo político devastado y yermo, ha de comparecer con

mayor naturalidad y sin tanto acompañamiento dramático ante elParlamentó, ante la Prensa y

ante el país. Ha de olvidarse para siempre de lamentar que sus silencios «han sido mal

Interpretados. Et experimento de John Cage encerranto a un nutrido auditorio en una sala de

conciertos para que oyese «los matices del silencio» acabó en una explosión de indignación

colectiva. Y se trataba sólo de música.

Pero Felipe González, por su. parte, tampoco ha ganado, ´evidentemente, si por tal cosa se

entienda el haber, llegado al Gobierno. Su programa moderado ya a favorecer su Imagen, en

un sector de su partido —ya veremos lo que opina eí otro, sector— y significa, posiblemente un

nuevo empujón hacía la conversión del PSOE en un partido socialdemócrata a la europea,

cosa que nos congratula, desde luego, aunque, nosotros, corno;esobvio, no creamos que un

Gobierno así sea el referible. González ha jugado fuerte, y lo que hemos visto es que a su

alternativa le falta todavía mucho camino para que pueda ser considerada con seriedad como

viable.

Por primera vez desde la transición, el resultado de este debate no termina en un nuevo

cheque en blanco para ef presidente Suárez. Ahora, si no modifica sustancialmente sus

comportamientos, se pondrá en marcha Inexorablemente el mecanismo de su sustitución como

líder de Unión de Centro Democrático. Y no cabrá hablar de traiciones ni de deslealtades. Las

cosas están ya muy claras para que podamos ver que, de seguir tes cosas como hasta hoy, los

desleales no serían, precisamente, quienes intentasen mantener enhiesta la bandera de unas

ideas en lugar de las adhesiones inquebrantables a una persona.

Aunque tarde, y no del todo bien, el debate de la moción de censura ha producido un fruto

evidente: los acuerdos por debajo de la mesa, las cartas en la manga y tes operaciones de

seducción política en los reservados de los restaurantes han muerto de muerte natural.—

PUBLIUS.

 

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