Autor: Alonso, José Ramón. 
   Salario mínimo     
 
 Arriba.    07/10/1976.  Páginas: 1. Párrafos: 3. 

SALARIO MÍNIMO

LA elevación del salario mínimo español a las 380 pesetas mensuales — sin llegar a esas 400 que algunos sectores laborales esperaban—, plantea el problema de lo que sea ser pobre en el mundo contempo* ranee, donde el concepto de la pobreza tanto Na cambiado en los países desarrollados. Creo recordar que el salario mínimo francés esta en los ocho francos por hora, lo que, con jornada de ocho horas durante cinco días, supone unas 4.500 pesetas semanales, mientras nuestro «mínimo» —¡nunca mejor llamado! — se queda en esas 380 pesetas, multiplicadas por siete días, ya que aquí cuentan en el salario mínimo los días festivos, o ´sea, un promedio de 2.660 pesetas semanales. No tenemos los españoles ni 1a riqueza ni la renta «per cápíta» de Francia, e injusto sería olvidar que hace poco más de una década el mínimo español era de 60 pesetas diarias. En 1975. la definición de la pobreza ha sido fijada en Norteamérica en 2.717 dolares por «fío, o sea, unos nueve dólares por día trabajado. No sin paradoja, esos nueve dolares suponen unas 600 pesetas diarias, lo cual penas supera al mínimo español en un 50 por 100. Pero allí el mínimo se eleva a 3,485 (Miares para un trabajador casado con dos hija» lo cuál supone refuerzo importante. Partiendo del salario mínimo, tenemos los españoles unos 800.000 «pobres salariales*, mientras que los americanos cuentan con 25 millones de personas, o sea, un americano de cada ocho incluido en el límite de i a pobreza oficial,

Aunque el mal de muchos sea frívolo consuelo de tontos, algo alivia saber que en el país más rico de mundo también tienen con la pobreza problemas importantes. C taro que aquí aún hablamos de «ganarnos el pan*, mientras que el americano piensa en «huevos con tocino». El pan se supone aparte,

¿Hasta cuándo va a durar ese «salario mínimo» que encubre realidades sociológicas más importantes? Unido el salario a la cotización por Seguridad Social, cada aumento de una pésela en ese salario supone para la Seguridad Social mil millones de pesetas, y tan enorme alimento sobro la economía de las empresas veda remuneraciones más importantes. Delirante sería que la Seguridad Social llegase a ser una remora para la mejora efectiva de los salarios, pero, por desgracia, así viene sucediendo desde hace mucho tiempo. También en esto parece necesaria ponerse a inventar, para salir de contradicciones lamentables. Se ha querido «proteger» tanto al trabajador que se ha llegado a olvidar lo. más importante, que es pagarle. La paradoja es grave.

José Ramón ALONSO

(«Sábado Gráfico»)

 

< Volver