Autor: Romero, Emilio (FOUCHÉ). 
   Hay que hacerla bien     
 
 ABC.    28/05/1981.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 2. 

JUEVES 28-5-81

Pequeños relatos

Hay que hacerla bien

Mi experiencia de espectador de la política es larga, y no distante, sino en el puchero; y entre mis

decepciones figura la del despilfarro que hacen muchos políticos del ingenio o del talento, del buen

equipaje técnico y profesional de sus contemporáneos. El político encumbrado tiende a rodearse mal. Le

gusta más el doméstico. Estuve en la conferencia ´de Rafael Pérez Escolar sobre «Constitución y Fuerzas

Armadas», esa que no pudo pronunciar en el Club del Sable por la oposición de un joven credencializado

de liberal. Estaba claro. Muchos de nuestros liberales no son otra cosa que nazi liberales. No hay más que

verlos prohibir, escribir y hablar. La conferencia es un documento histórico. En principio hay que decir,

para evitar descalificaciones por el cliché personal, que Rafael Pérez Escolar estuvo en lo de Munich, no

fue franquista, es liberal y es demócrata. Y, por supuesto, es un jurista de primera clase. La conferencia

fue esto, esencialmente: Los políticos —todos— de las Cortes Constituyentes de 1977 dijeron las cosas

más deliciosas en el intento de convertir al Rey en un mueble, en un símbolo, en una figura incapacitada

para bajar el escalón hacia la política y el Poder. La izquierda, de tradición

republicana, era la concesión que hacía para soportar la Monarquía. El partido fundado por el señor

Suárez —político fabricado generosamente por el Rey— decía exactamente en el Parlamento: «Para el

partido mayoritario el Rey carece de poder personal.» Pero vino el 23 de febrero el Rey-símbolo salvó la

democracia, la Constitución y a los diputados, a quienes un teniente coronel había metido debajo de los

escaños. Rafael Pérez Escolar postula —lógicamente— una coherencia jurídica y política entre

competencias del Jefe del Estado y riesgos políticos. Después se refirió a la presencia de las Fuerzas

Armadas en la Constitución, del artículo octavo, y el Rey como jefe supremo de ellas en el h del 62. El

conferenciante destacó que esas competencias no indican función, sino misión, y en este asunto se abren

las compuertas de uno de los asuntos más graves y delicados. ¿Qué ocurriría si el Gobierno, o el

Parlamento, fueran infractores de la Constitución cuando las Fuerzas Armadas tienen la misión de

defender «el ordenamiento constitucional»? La tercera cuestión planteada por Rafael Pérez Escolar es la

más resonante: «Mi demanda —dijo— consiste en la aplicación del derecho de gracia, por vía de indulto,

a todos los implicados en los sucesos de los días 23 y 24 de febrero.» Naturalmente, después del juicio.

Es difícil que los políticos acepten la sugerencia de Pérez Escolar. Están más asustados .que los

republicanos con el golpe de Sanjurjo. Solamente la seguridad haría estas cosas: pero nuestra democracia

es débil, y es frágil. La exteriorización de la animosidad al golpismo, el temor generalizado de la clase

política a unas acciones militares hace imposible cualquier diálogo sobre ese asunto. Por donde falla todo

es por ese término llamado reconciliación. Aquí no ha habido tal cosa. Lo que tenemos delante de

nosotros —todavía— es vencedores, vencidos, disfrazados, desorientados y supervivientes. La

democracia, sin embargo —y con rectificaciones— no debe morir. A la democracia no se la puede

identificar con los errores políticos. Lo que ocurre es que la democracia la pueden hacer ma!. Entonces el

remedio no es cargársela, sino hacerla bien.—Emilio ROMERO.

 

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