Autor: Gotor Ciller, Antonio. 
 Un derecho llamado huelga. Cara. 
 Decreto realista     
 
 Arriba.    24/03/1977.  Página: 6. Páginas: 1. Párrafos: 8. 

Decreto realista

Ignorar el derecho de huelga no consiguió impedir la existencia de frecuentes conflictos colectivos. Regular cu ejercicio no puede equivaler a dar facilidades a la aparición de «huelgas salvajes.

Cualquier solución, jurídica, en consecuencia, tiene que procurar conciliar la aceptación de la realidad con la espiración a una sociedad ordenada, en la que una norma adecuada trate de encauzar las relaciones de convivencia, dentro de ga, consecuentemente tiene que tomar en consideración dos hechos a) la existencia de un marco legal anacrónico, y b) que las características propias de un proceso de transición no permiten articular normas cerradas y definitivas. Valoremos el primer aspecto. El pasado año 1976 se cerró con un triste balance: más de 100 millones de horas de trabajo perdidas por causa de las huelgas. ¿Fueron todas ellas estrictamente laborales? Lo único cierto es que obedecieron a semejantes planteamientos. Se decidieron en asambleas y, por lo general, por medio de votación a mano afeada. Los trabajadores rechazaron, en la mayoría de los casos, cualquier otro órgano de decisión ajeno a la asamblea.

Se puso en entredicho a los enlaces y Jurados de empresa. No se aceptó otra legitimidad que la de los representantes elegidos por la base en aquel momento. Se negó que ningún acuerdo o compromiso pudiera ser válido, al no era previamente ratificado por la base asamblearia. Esa es la, realidad. ¿Y, puede decirse, a la vista de todo ello, que e! real decreto-ley que analizamos peca de falta de realismo? ¿Acaso ignora estos hechos o mas bien por el contrario de encauzarlos?

Esa parece ser la razón de que, sin prejuzgar soluciones de futuro, se haya dictado una normativa adecuada el actual momento que viva el país. En modo alguno marginé a los representantes de los trabajadores. Lo que ocurre es que no Impone una determinada representatividad. Antes o después de la libertad sindical, los trabajadores podrán depositar su confianza en aquellos compañeros que juzguen más aptos para defender los Interese» de todos. Así de sencillo. No hay límites para el refrendo democrático, de ninguna actitud u opción. Pero tampoco se dan primas a la audacia o a la demagogia.

Razones similares son las que parecen haber aconsejado el establecimiento de un plazo de preaviso. El legislador habría podido reconocer e! derecho de huelga, no como desenlace de una situación conflictiva, sino como medida Inicial de presión o de lucha. Y aceptar, en definitiva, que los Tribunales decidieran, «a posterior si la huelga era Justa o no. Pero, con ello, en lugar de acercar nuestra legislación a la de los países occidentales, habría facilitado e) desorden y el caos.

La opción fue por al sistema más común a nivel europeo.

torledad de un preaviso que permita apurar todas las posibilidades de no Interrumpir la continuidad de la vida laboral.

Hay que ser sinceros. El pretender el reconocimiento del derecho de huelga sin limitación alguna, con subordinación a las decisiones de una minoría, en ocasiones, radicalizada o sometida e dictados de intereses, no siempre cleros, sería llevar a la clase trabajadora a una lucha estéril, escasamente eficaz y dudosamente democrática.

La representatividad del comité de huelga es Irreprochable. Y nada Impide que las futuras céntreles «indícales, a través de sus representantes en la empresa o en el sector, lo constituyan, y asuman la responsabilidad y ia dirección de la huelga. Por otro lado, hay que tener en cuenta que, en el futuro Inmediato, la tasa de sindicación constituye una verdadera incógnita. Siendo deseable le mayor sindicación posible, hay que reconocer que, en la mayoría de los países de Europa occidental, no llega, al 50 por 100 el censo laboral, y, en nuestra vecina Francia, está en el 22 por 100. SI nuestro país siguiera este camino, nada impediría que la mayoría sindicada tuviese las mismas posibilidades pero declarar y dirigir la huelga, en defensa de sus intereses. Esto hay que entender que es democrático, salvo que. por democracia, se entienda solamente los Intereses de las minorías.

Antonio GOTOR CILLER

 

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