Un año democrático     
 
 Informaciones.    31/12/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 4. 

31-UN AÑO DEMOCRÁTICO

FINALIZAMOS hoy el primer año plenamente democrático. Sin ninguna duda, este es el principal rasgo

característico de estos últimos doce meses. Cuando iniciábamos 1977, éramos una sociedad en transición.

El punto de inflexión fue el pasado 15 de junio. Aquel proceso electoral selló todos los esfuerzos de la

inmensa mayoría de la sociedad española por homologarse con las sociedades occidentales desarrolladas.

A partir de entonces nuestra vida política es similar a la que existe en el continente europeo: partidos

políticos, centrales sindicales, Parlamento, libertades de Prensa y opinión, ausencia de presos políticos,

etc.

Desafortunadamente, este proceso democrático ha coincidido con la agravación de la crisis

socioeconómica. De nuevo tenemos entre nosotros las tremendas secuelas de cualquier depresión

productiva. Para la mayoría de los españoles, 1977 es también sinónimo de preocupación e inquietud por

el inmediato futuro, cuando no por el agobiante presente. La herencia económica de la anterior situación

política, unida a una crisis Internacional, es la otra característica del año que acaba.

Pero esta ambigüedad que, desgraciadamente, tanto se repite en nuestra Historia —coincidencia de la

crisis económica con el proceso democrático—, no difumina la conclusión principal que puede extraerse

de 1977: el vivo deseo de todas las clases sociales de no dramatizar las dificultades y conflictos político-

económicos. Este anhelo de paz, lógico después de las pasadas experiencias trágicas, es el factor

fundamental que nos ha permitido traspasar sanos y salvos todas las graves trampas de 1977.

El pueblo español no se ha dejado abatir por los reiterados Intentos de sectores minoritarios de romper el

orden democrático alcanzado. Y es que la sensatez del pueblo español està y estará por encima de

cualquier intento desestabilizador. Un espíritu de moderación y equilibrio, una clara voluntad de

convivencia y de consolidación del nuevo régimen democrático han prevalecido y prevalecerán sobre

todas las dificultades. Las lógicas tensiones que todo proceso de transición conlleva han sido ya —en

ocasiones, dolorosamente— salvadas, y 1978 se dibuja en el horizonte cercano como un año lleno de

nuevas dificultades, pero también cargado de sazones y de frutos. Estamos, pues, abriendo las puertas de

la esperanza.

 

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