Autor: Campmany y Díez de Revenga, Jaime. 
   Señores ministros: ¡A escena!     
 
 ABC.    12/01/1978.  Página: 11. Páginas: 1. Párrafos: 6. 

JUEVES, 12 DE ENERO DE 1978. PAG. 11

ESCENAS PARLAMENTARÍAS

Señores ministros: ¡A escena!

AYER larde, en el Congreso, los oradores hablaban de los gastos y los programas de Televisión, de los

conflictos de la Universidad de Alcalá o de la cesantía de los profesores de Formación Política. Pero la

atención de muchas señorías estaba en otro sitio. La atención de muchas señorías estaba pendiente de las

noticias del tiroteo de Pamplona. De vez en cuando, un ujier se acercaba al señor ministro del Interior,

don Rodolfo Martín-Villa, le daba un recado y el señor ministro salía del salón de sesiones con paso

diligente que, quizá adrede, no quería ser apresurado. A los pocos minutos, el señor ministro del Interior

se reintegraba a su si tio en el banco azul, después de haber depositado algunas palabras en el oído del

señor presidente del Gobierno. Del tiroteo de Pamplona llegaban noticias de muertos. En el tiroteo verbal

de la Cámara la sangre no llegaba al rio. Las hostilidades entre el Gobierno y la oposición se mantenían

dentro de un tono de polémica gris, casi monótonamente lluviosa, como la tarde, y sólo en algunos

momentos la oratoria se avivaba como un chisporroteo de rescoldos o como un súbito y breve chaparrón.

La sesión venia coleando desde antes de abrirse el paréntesis de las vacaciones. Y comenzó, igual que

otras veces, con cifras de millones de pesetas. Aquí, mientras no se termine de pegar a la capa del

presupuesto los flecos de los suplementos de crédito y de los créditos extraordinarios, cada vez que se

reúna el Congreso empezarán sus señorías por derramar sobre la Administración una lluvia más o menos

Intensa de millones de pesetas, que Dios quiera sea fecunda. Ayer, las señoras y los señores diputados

volcaron el cesto de los millones sobre Prado del Rey. La Televisión es un plato demasiado goloso como

para que la oposición lo dejara pasar sin comentarios críticos y sin alguna apostilla sarcàstica. La

oposición votó a favor de otros créditos, por ejemplo, el que hará posible la modificación de la plantilla

diplomática. Cuando el presidente del Congreso, don Fernando Alvarez de Miranda (de quien diré entre

paréntesis que parece haber asistido con aprovechamiento a algún cursillo intensivo de presidente no

presidido), anunció el resultado de la votación en el que sólo aparecían algunas abstenciones no

Identificadas y el voto nulo del despistado de turno, don Marcelino Oreja dejó entrever una sonrisa de

satisfacción. En cambio, los millones para Televisión fueron aprobados con la abstención de casi la mitad

de los presentes y con una Incisiva e Irónica explicación de voto por parte de los socialistas.

Es natural que la pequeña pantalla —a la que otros llaman «pantalla gigante* por la gran influencia que

puede ejercer sobre la feligresía inscrita o no en el censo electoral— concite la atención de los partidos

políticos. Ese fenomenal Instrumento que sirve para meternos en el cuarto de estar sucesos y rostros,

ideas y opiniones, se encuentra ahora bajo la lupa crítica de los partidos y se ha convertido en objetivo

codiciado de todas las Ideologías y facciones. El joven socialista don Baldomero Lozano, que ya ha

demostrado en otras ocasiones su capacidad de oratoria parlamenría cortante y afilada, fue el encargado

de someter a bombardeo la Casa de Televisión. Aprovechando que el suplemento de crédito pasa por la

Cámara, es decir, que el Pisuerga pasa por Valladolid, habló de canonjias, de contabilidades oscuras, de

pagos a extranjeros que podían suponer evasión de divisas y falta de pago de cuotas de la Seguridad

Social, de programas que se producen y no se emiten. Ofreció a la avidez de sus señorías, en tiempos de

austeridad, las cifras que se pagaban al presentador y al realizador del programa «625 lineas», y calificó

este programa de una invitación al masoquismo al adelantar «las tonterías» que vamos a ver en la pantalla

durante la semana siguiente.

Poco a poco, burla burlando, vamos recobrando las costumbres del parlamentarismo democrático. Los

señores diputados formulan interpelaciones y hacen preguntas. Y los señores ministros deben abandonar

el banco azul y subir a la tribuna de los oradores. El destile de los señores ministros se inició ya en

pasadas sesiones del Congreso y del Senado. Ayer, nuevas interpelaciones obligaron a otros dos ministros

a escuchar la voz conminatoria; ¡a escena! El señor Carro había acusado al Gobierno de mantener a

Galicia apartada del desarrollo industrial. No es necesario aclarar que el señor Carro es gallego. Le

contestó el ministro señor Oliart El señor Olíart contestó por lo lírico y por lo matemático. El señor

ministro ama a Galicia, aunque no haya nacido en sus prados, y el señor ministro pudo decir que del total

nacional de expedientes para el desarrollo industrial, el 40 por 100 había sido para Galicia; que en la

creación de nuevos puestos de trabajo, el 31 por 100 se había Ido para Galicia, y que en el total de

millones concedidos, el 28 por 100 habla correspondido a Galicia. Cuando el señor Carro intervino para

contestar al señor ministro, hubo de reconocer que ya de antiguo el señor Oliart se le conocía con el

cariñoso mote de «Cerebro Electrónico» y pidió que se tuviera en cuenta la desesperanza y el desaliento

de los gallegos.

Doña Pilar Brabo era conocida hasta ahora en la Cámara por su proclividad a abandonar el uso de ciertas

prendas femeninas. Desde ayer conocemos también su preocupación por la Universidad de Alcalá. Doña

Pilar Brabo quería saber tantas cosas de la Universidad de Alcalá que estuvo a punto de dejar anonadado

al ministro de educación, señor Cavero. Doña Pilar Brabo demostró saber tantas cosas acerca de la

Universidad de Alcalá, que el señor ministro de Educación no tuvo más remedio que reconocer que tas

noticias de ta diputado interpelante sobrepasaban las que conocía el propio señor ministro. Y a

continuación el señor ministro explicó cumplidamente el problema de la Universidad de Alcalá. Quedó

claro algo que preocupaba especialmente a doña Pilar Brabo: la Univrsidad de Alcalá no va a pasar a

manca del Opus Del ni de la Editorial Católica.

Otra vez a escena don Iñigo Cavero. Esta vez para quitarse de las manos una castaña caliente que le había

dejado en ellas don Licinio de la Fuente al preguntarle sobra el despido de los miles de profesores de la

asignatura de Formación Política, o Civico-social, como se llamó después. Una de las «tres Marías*,

como le llamaban los estudiantes. Esos profesores fueron mantenidos en el anterior régimen en la

situación de personal eventual. Buenas palabras, buenos propósitos, pero el señor ministro, a la pregunta

del ex ministro de Trabajo, dijo rotundamente «no». Don Licinio no se conformó con la respuesta, y el

señor ministro sonreía bondadosamente, comprensivamente. Y hasta otra. Un, dos, tres..., responda otra

vez.—• Jaime CAMPMANY.

 

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