Autor: España, Juan de. 
   Responsabilidad del centro en esta coyuntura     
 
 Ya.    21/04/1977.  Página: 7-8. Páginas: 2. Párrafos: 8. 

Y COLABORACIONES

Pág. 7 –ya

RESPONSABILIDAD del CENTRO EN ESTA COYUNTURA

ESTAMOS en una situación en la que hasta los extremistas razonables deberían desear el triunfo del

centro. Esto porque el objetivo común inmediato debe ser alcanzar unos principios de convivencia (eso es

la Constitución) aceptables para todos. Pero la calma y desapasionamiento aparente de la gran mayoría

del país contrasta con la actuación de los políticos centristas, que está provocando desconcierto y puede

empujar a las masas a engrosar filas que no son las suyas. Si como consecuencia de esto se produjera una

gran tragedia nacional (y las tragedias no son necesariamente sangrientas) sería Justo responsabilizar de

ella, en primer lugar, a los políticos que hoy se conviene en llamar del centro.

DENUNCIAR errores, anunciar catástrofes y anatematizar a izquierda y derecha no me atrae; eso es lo

fácil, el oropel literario con que algunos tratan de ocultar la falta de quilates de sus Juicios. El centro

español es hoy como es por algo, y ese algo es lo que interesa conocer para encontrar solución al

problema de su desunión.

¿Que o quién es el centro?

La pregunta se escucha en todas las esquinas.

La hacen suya los políticos de la derecha, que han intuido claramente que el país es hoy centrista y

quieren aparecer como centro. La hacen los "diletantes" intelectualistas para demostrar que ellos están de

vuelta de los "lugares comunes". La hace el hombre de la calle, que no sabe quién representa lo que él

busca.

NUNCA me ha convencido la palabra centro, que en sí quiere decir muy poco. Siempre que en el pasado

régimen alguien se definía como centrista, yo preguntaba: ¿Entre quién? Porque había centristas entre los

dos extremos de la Falange, entre el partido y los tecnócratas, entre el régimen y la democracia (versión

"abierta" o reformista del régimen). Lo único que no había era un centro visible entre los dos extremos del

país. No lo había, entre otras razones, porque tampoco uno de los extremos era visible. El otro, sí,

naturalmente. Hay que dejar bien claro esto: aparte ciertos "personajes" y grupúsculos que si su insolente

agresividad no estuviera manchada de sangre no tendrían más valor que el de anecdótica comprobación

de que en todo cuerpo social hay siempre algún grupo de exaltados reaccionarios, la derecha española real

era el régimen y hoy son sus herederos políticos, llámense a sí mismos reformistas, continuistas o como

quieran. Y no se enfade nadie conmigo, porque el término derecha no está empleado aquí con ánimo

peyorativo. Ser derechista es tan honorable como ser de izquierdas.

Ala izquierda de la izquierda también hay grupúsculos y "personajes" también manchados de sangre. Pero

la izquierda real española está formada básicamente por los partidos marxistas (socialistas y comunistas)

y por los anarquistas. Se trata de una izquierda multicolor y dividida, como la derecha, pero con más

seguidores de los que algunos le asignan.

ENTRE la derecha y la izquierda hay multitud de grupos y subgrupos (centro) de los que voy a destacar

lo que tienen en común para, de esa comunidad de intereses, extraer la proposición que quiero presentar

en este artículo. Lo que los centristas tienen en común es una característica afirmativa y otra negativa. La

primera es al carácter inconfundiblemente democrático; la segunda, el no marxismo (que no es

necesariamente antimarxismo). De aquí que una eventual unión electoral de esos grupos clarificaría

enormemente el panorama político, ofreciendo al elector demócrata seguridades de que su voto no sería

tergiversado en esas dos cuestiones básicas: democracia y marxismo. Su eslogan electoral podría muy

bien basarse en que ellos serían los únicos que en el país ofrecían ambas cosas (loa demás grupos no

pueden ofrecer con seguridad más que una de las dos). Lo que su triunfo electoral representaría es la

posibilidad de una Constitución realmente democrática y suficientemente aceptable para los extremos.

CLARO que hablar de la unión de los grupos demócratas no marxistas parece una perfecta tontería,

teniendo en cuenta la situación y las diferencias ideológicas. Porque en lo que impropiamente llamamos

centro hay derechistas e izquierdistas. Quizá tienen razón algunos " reformistas" cuando dicen que

determinados centristas no son más avanzados que ellos socialmente, como tiene razón la izquierda

democristiana cuando encuentra más afinidades con «1 socialismo que con otros grupos del centro. Todos

tienen razón, pero quizá todos tienen desenfocada la cuestión. De ahí proviene el galimatías político

actual. Porque el verdadero problema del momento (sobre el que el pueblo ya se ha pronunciado, en

principio) es constitucional, y el dilema primario que ese problema encierra es el de la democracia (sí o

no, verdadera o simulada). Nadie presenta al público claramente la gran cuestión que las próximas

elecciones plantean. Y cuando digo nadie significo exactamente lo que digo. No se crea que los que

hablan con más seguridad (derechas e izquierdas) ofrecen una visión más clara. Lo que ocurre es que sus

planteamientos son más simplistas, y no hay que confundir claridad con simplismo. La gran dificultad de

los que no anteponen el interés (como la derecha) o la ideología (como la izquierda) a la democracia es

que al prestar acatamiento de principio « un ideal ético (democracia) ponen unos limites a la propia

maniobrabilidad que no tienen los otros, Pero unos y otros se separan de la gran cuestión del momento.

Así, por ejemplo, la derecha se pierde en confeccionar programas de gobierno absurdamente detallados

(gran y antipolítico error), en lugar de definirse respecto a la Constitución que ofrece. Por su

parte, algunos democristianos se empeñan en anunciar que la unión de la democracia cristiana no es

posible hasta finales de julio. ¿Es que no se han dado cuenta de que lo que exige inmediatamente el país

no tiene nada que ver con esas uniones? ¿Es que pretende posponer el logro de la democracia a la

resolución de sus problemas de grupo ? Dejen éstos, en buena hora, para el momento oportuno y alíense

con quien haga falta para lograr la democracia. Porque sin «Ha no se unirán en julio.

SI el problema se enfoca adecuadamente, la famosa y confusa palabra centro pueda ser sustituida por otra

expresión: democracia no marxista En mi opinión, es posible y necesaria una gran confederación electoral

de demócratas no marxistas, en la que, sin que nadie hipoteque sus ideas, agrupan todos los que pueden

garantizar al país urna Constitución sinceramente democrática. Al que esto le parezca irrealizable le diré

que la política es el arte de lo posible y que la virtud de los grandes políticos es coger las grandes ideas

con oportunidad. Si para vencer las resistencias inmovilistas fue posible (y quizá necesario) organizar

´"coordinadoras" y "plataformas" que agrupaban elementos tan dispares como comunistas y liberales en

una comunidad de intereses negativos (derrocamiento de un régimen), ¿quién puede atreverse a decir que

no es posible hoy una confederación electoral de demócratas no marxistas con el solo e importante fin de

garantizar la resolución satisfactoria del problema político más importante que tiene el país? Eso

contribuiría a la resolución del segundo gran problema actual, que es el económico. Porque tienen razón

algunos derechistas cuando dicen que lo económico no se puede dejar hasta que se resuelva lo político.

Pero eso no avala la consecuencia a la que quieren llevar, que es transformar unas elecciones

constitucionales en lucha por la conquista del poder, que, logrado, permitiría aplazar "sine día" la

redacción de una verdadera Constitución democrática. Para afrontar el problema económico no hace falta

resolver previamente el político, pero si "hacer luz" en él. En cuanto se claree el panorama, cualquier

gobierno podrá adoptar medidas económicas d« alcance suficiente para poder iniciar una recuperación

que depende en gran parte de factores subjetivos y externos (apoyos), que se ven favorablemente

afectados por la clarificación política.

Juan DE ESPAÑA

 

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