Suicídate y después negocia     
 
 Diario 16.    20/04/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 6. 

Suicídate y después negocia

Parece mentira, pero es verdad. La esperada ampliación del Centro Democrático no acaba de producirse

porque la Federación Demócrata Cristiana pone como condición de su integración en esa coalición

electoral, la disolución del Partido Popular que fue, como puede recordarse, uno de los artífices del

Centro Democrático. Extraño modo de negociar el de los democristianos que empieza por pedir el

suicidio a sus interlocutores. Con razones mucho más poderosas podría pedirse también a los

democratacristianos que se disolvieran, integrándose humildemente en otras formaciones, especialmente

cuando, como en el caso del grupo de los Gil-Robles, no se sabe muy bien qué representan ni con qué

seguimiento cuentan.

Decidir apriorísticamente que el sistema de partidos español ha de estructurarse en base a ciertas familias

ideológicas más o menos tradicionales, como los democratacristianos, es olvidar que ese modelo está en

vías de superación en no pocos países de Europa porque representa un estadio relativamente retrasado del

desarrollo sociopolítico. No tiene ningún sentido intentar a toda costa imponernos un modelo italiano de

partidos, porque nadie objetivamente puede sentir entusiasmo por la situación que en aquel país se ha

producido, en gran medida y precisamente, a causa de la existencia de un desmesurado partido

democratacristiano que monopoliza el centro político y que, de hecho, se ha convertido en el factor más

señalado del inmovilismo.

Pedir, por otra parte, al Partido Popular que se inmole en aras de la democracia cristiana es llevar

demasiado lejos unas injustificadas ansias hegemónicas. No estará de más recordar que en Europa hay

otros modelos distintos del italiano y que puede existir un centro sin predominio democratacristiano. En

Francia, por ejemplo, la democracia cristiana tuvo sólo una fugaz presencia en la vida política durante el

periodo de la posguerra mundial para desflecarse después víctima de sus ambigüedades. Las recientes

elecciones municipales han supuesto un nuevo retroceso de los residuos democratacristianos franceses

que han perdido algunos de los últimos feudos que conservaban en el oeste de Francia.

Como han señalado algunos estudios sociológicos en diversos países, la entidad "voto católico", es decir,

la participación electoral motivada por planteamientos religiosos o clericales, está en retroceso en todas

partes porque en ninguna sociedad evolucionada son ya las creencias religiosas motivación para el

comportamiento político. Tratar de imponer un centro con predominio demócrata cristiano, que eso viene

a ser el trasfondo de toda la maniobra obstruccionista que se comenta, es intentar aplicarnos una receta,

cuya validez para el presente momento español es, por lo menos, dudosa. Recuérdese el famoso Zentum

alemán, como se llamó el partido democratacristiano alemán prehitleriano, que tuvo bastante

responsabilidad en la degradación de una situación que terminó en la dictadura. Y aquí ya tuvimos un

periodo de predominio, de la CEDA que no dejó tras de sí, precisamente, ninguna estela de entusiasmo.

El hecho de que en el Partido Popular confluyan sectores de distintas procedencias ideológicas no lo

invalida, ya que todos tienen en común su ubicación en el centro-derecha. Gil Robles y sus amigos

deberían recordar que los demócrata cristianos en Francia llegaron a aliarse hasta con los radicales, el

partido tradicionalmente anticlerical, en el llamado Movimiento Reformador. Y cuando éste se alió con

Pompidou, primero, y con Giscard, después, nadie le pidió que se disolviera.

Si como consecuencia de estas condiciones imposibles el Centro Democrático no consigue su esperada

ampliación, la responsabilidad de los democratacristianos va a ser muy grande. Un centro que no logre

abarcar todos los grupos que van de la derecha civilizada al centro izquierda, corre el peligro de no

alcanzar esos porcentajes del 30 por 100 o del 40 por 100 que algunas encuestas le atribuyen. Saldría

perdiendo entonces la democracia que, por encima de posiciones personales, debe ser el objetivo

primordial de todos los políticos demócratas en este momento.

 

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