Autor: Ramírez, Pedro J.. 
   Relanzamiento     
 
 ABC.    20/08/1978.  Página: 6-7. Páginas: 2. Párrafos: 24. 

ABC. DOMINGO, 20 DE A G O S T O DE 1978. PAG 6

RELANZAMIENTO

SALOU f Tarragona). La crisis de Gobierno que, de forma inevitable, sucederá

al referéndum

constitucional viene dando pábulo desde hace algunas semanas a todo tipo de

especulaciones. En medios

cercanos al partido en el Poder existe por ejemplo, la firme impresión de que,

sea cual sea la

combinación política que genere el Gabinete entrante, el relevo en la

titularidad de las distintas carteras

irá acompañado de una nueva reforma administrativa que afectará a varios

Departamentos.

En esta línea de análisis se da, desde luego, por segura la desaparición del

Ministerio de Economía —

concebido como Ministerio-staff a la medida del «genio contemplativo de Fuentes

Quintana— y la

reasunción de sus competencias por parte del Ministerio de Hacienda; cuyo

inquilino acumularía el rango

de vicepresidente para Asuntos Económicos, tal y como ya ocurriera en los casos

de Barrera de Irimo,

Caballo de Alba y Villar Mir.

Tal operación coincidente con la parte que quedó frustrada en el penúltimo

diseño del pasado reajuste

ministerial— tendería, entre otros objetivos, a asegurar la continuidad de

Francisco Fernández Ordóñez,

en estos momentos la figura mas prestigiosa y ampliamente respetada del

Gobierno. Redondeada la

reforma fiscal, Fernández Ordoñez desea desde hace algún tiempo reencauzar su

actividad, y así se lo ha

hecho saber al propio presidente Suárez. Sólo el reto complementarlo de

construir, sobre los sólidos

cimientos de] nuevo sistema tributarlo, una política económica agresiva y

coherente, capaz de sacar al

país de su largo bache, podría decidirle a seguir en su puesto.

Asegurada dicha permanencia, todos los indicios sugieren que sería el ministro

de industria,´ Agustín

Rodríguez Sahagún, quien compartiría con Fernández Ordóñez el protagonismo en el

pilotaje de este

intento de recuperación económica; La habilidad, energía y dedicación que ha

demostrado en los pocos

meses transcurridos desde su acceso al cargo —el plan energético, la

reestructuración del sector naval y

los cauces de diálogo y arreglo abiertos en temas como el de la siderurgia o el

de la Babcock y Wilcox se

cuentan entre sus logros—, así romo su contrastada capacidad de liderazgo, lo

acreditan como la persona

adecuada para un momento en que el énfasis del Gobierno ha de pasar

necesariamente de la política

monetaria a la política Industrial.

UN TÁNDEM PERFECTO, UNA COINCIDENCIA ESTIMULANTE

Difícilmente podría reclutarse ni en los círculos centristas´ ni entre las

diversas fuerzas de oposición un

tándem tan perfecto. Tanto por su trayectoria política como por su imagen

pública y sus propias

características personales, Fernández Ordoñez y Rodríguez Sahagún son figuras

complementarias donde

las haya. Por eso resulta estimulante y significativo que, en un breve intervalo

de tiempo, ambos hayan

coincidido —curiosamente, en el mismo escenario de Asturias— en aconsejar una

política de

relanzamiento económico que, en buena medida, supondría alejarse de los

planteamientos de estabilización

a ultranza que conformaron los Pactos de la Moncloa.

Su cuadro de propósitos para 1979 —muy similar al recientemente postulado por el

Círculo de

Empresarios— Implicaría una reducción de las alzas salariales hasta colocarlas

no más allá del 10 o el 12

por 100 y un razonable aumento de la oferta monetaria, con la mirada vigilante

del Gobierno

constantemente puesta en fomentar la necesaria reconversión de las estructuras

industriales mediante una

adecuada política de reasignación de recursos humanos y financieros. Tal

proyecto económico tendría

como principal objetivo conseguir una tasa de crecimiento no inferior al 4 por

100 —este año apenas si

llegaremos al 2 por 100— y reducir, consecuentemente, nuestro índice de

desempleo, que la O. C. D. E.

acaba de situar en un alarmante 7 por 100 de la población activa.

Las declaraciones de Rodríguez Sahagún y Fernández Ordóñez significan, en el

fondo, una decidida

profundizaron en la senda liberalizadora tímidamente abierta por el Ministerio

de

Comercio con sus

recientes medidas sobre precios, Importaciones y aranceles, y sirven de

respuesta a las demandas de

auxilió que distintas organizaciones empresariales vienen dirigiendo desde hace

tiempo al Gobierno. El

último de estos mensajes ha sido el emitido, en tonos un tanto, dramáticos, por

el Fomento del Trabajo

Nacional, la más poderosa Patronal catalana.; Profetizar el colapso de miles de

empresas en las próximas

semanas, tal y como sugería el comunicado de su Comité ejecutivo, posiblemente

sea un poco exagerado,

pero no cabe duda qué el mantenimiento de unas restricciones crediticias que han

terminado situando el

interés medio del dinero interbancario por encima del 55 por 100 —la caída en

picado del dólar ha

repercutido esta semana como una agravante más— es una de las vías más seguras

para dinamitar

cualquier economía de mercado.

AUMENTAR EL TAMAÑO DE LA . TARTA O REDUCIR EL DE SUS

PORCIONES

Si en algo estamos, aquí y ahora, todos de acuerdo es en considerar la lucha

contra el paro como la gran

prioridad de las prioridades. Como ha advertido el profesor Lasuén, con un

millón y medio dé personas

sin trabajo —cifra que está ya en él horizonte— no hay democracia que valga;

Pues bien, hasta la más

Toscá de las inteligencias comprende que no hay sino dos formas de dar asiento:

a nuevas bocas a la hora

de .repartir la tarta ,de las rentas salariales: aumentar el tamaño de la tarta

o reducir el de sus porciones. Y

cuanto mayor sea la tarta, cuanto más deprisa crezca, menos habrá que menguar la

cuota de cada uno de

los comensales.

Este planteamiento nos lleva a la conclusión de que sólo poniendo fin a la

actual atonía inversora —

aumentando el nivel de productividad— podrá romperse el circulo vicioso que para

la clase trabajadora

supone el tener que optar entre dejar fuera del banquete a buena parte de sus

miembros —dicho sea de

paso, ésta ha sido hasta ahora la alternativa elegida por las centrales

márxistas— o tener que pasar por

el aro de un deterioro real del poder, adquisitivo de sus salarios. Hasta, aquí,

todos conformes. La gran

diferencia entre las propuestas de la izquierda parlamentaria y las que se

supone deben partir de un.

Gobierno que defiende la libertad económica y la iniciativa privada consiste,

´en • que aquélla —véase

nomo muestra reciente las sugerencias de la U. G. T.— desearía que fuera el

sector, público,

acompasando nuevas inversiones y .prestaciones por desempleo, el que tomara

fundamentalmente la

Iniciativa.

Sin entrar por esta vez en el análisis comparativo de las concepciones

personalista y colectivista de la vida

que laten tras una y otra posibilidad, la ineficacia de nuestro sector público

es un argumento Irrebatible

contra las pretensiones de comunistas y socialistas. Tras examinar él último

balance del Instituto Nacional

de Industria, un prestigioso semanario de trayectoria Inequívocamente

progresista no ha podido por

menos que sentenciar: «Unos resultados que ninguna empresa privada podría

permitirse el lujo de

soportar.» Mientras ése sea el sesgo de las cosas, cualquier propuesta de

incrementar el protagonismo o el

volumen de nuestro sector público tenderá, indudablemente, a igualar a los

ciudadanos, pero a igualarlos

en la pobreza.

La intervención del Estado en la vida económica debe tender a asegurar a todos

los contribuyentes la

prestación de unos servicies básicos en cantidad y calidad suficientes. Sólo

cuando ese objetivo pueda

darse por logrado tiene sentido abrir el gran debate nacional sobre las

dimensiones mínimas y máximas

del sector público y las áreas más adecuadas para su expansión. En tanto en

cuanto uña gran parte de las

empresas del I.N.I. sigan siendo deficitarias, no cabe sino tachar de

masoquistas a quienes se lamentan de

qué, porcentualmente, el sector público en España sea bastante más reducido de

lo que se estila en el resto

de la. Europa occidental/ Simultáneamente no puede haber más que parabienes a la

hora de evaluar, la

filosofía de la «purga» —éste ha sido el término empleado por so presidente,

José Miguel de la Rica

actualmente en marcha en el «holding estatal

LA FRASE DE LA SEMANA:

FERNANDO

ABRIL

MARTORELL:

«El carné de Prensa es un residuo del régimen anterior. Quizá algunos

partidos de izquierda les interese mantenerlos como instrumento d« control»

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El relanzamiento económico debería servir de marco a una nueva

conciencia ciudadana que rehabilite la imagen del mundo de

los negocios

DEL PROFESOR FUENTES QUINTANA AL POETA LEÓN FELIPE

Junto a las lógicas objeciones que cabe

esperar desde la izquierda, el Gobierno puede encontrarse también con otras

voces disonantes al máximo nivel, si es que prospera la tesis del relanzamiento

económico.

Esa es, al menos, la impresión que se desprende del último número de «Coyuntura

Económica», boletín editado por el Servicio de Estudios de la Confederación

Española de Cajas de Ahorros, órgano que, como se sabe, alienta desde hace

tiempo el profesor Fuentes Quintana. En dicha publicación se denuncia la

existencia «de presiones de todo tipo» encaminadas a variar

el rumbo marcado por los Pactos de la Moncloa, y se advierte que una

«reactivación a toda costa» puede llevar al país &

la misma situación caótica de hace un año. Teniendo en cuenta que el profesor

Fuentes Quintana encabeza el supuesto equipo de asesores económicos el

presidente Suárez, todo parece augurar una gran colisión en las alturas de la

«intelligentsia» del dinero.

Como todos los grandes teóricos, el ex vicepresidente del Gobierno siempre ha

tendido a aplicar sus atinados planteamientos como si el marco del juego fue

una campana neumática en cuyo seno se hubiera hecho el vacío purificador. De ahí

sus críticas contra algunos de sus antiguos compañeros de Gabinete, a quienes

acusa de no haber cumplido al pie de la letra lo pactado en la Moncloa. Fuentes

Quintana quizá olvida que nada hay tan peligroso en política económica como

sacralizar lo que no pasa de ser sino una receta de coyuntura, hasta el punto de

convertirla en un incómodo corsé que termine asfixiando

al enfermo. Así lo entendía hace unos días el editorialista de un influyente

vespertino barcelonés al proponer una mayor fluidez monetaria de acuerdo con las

demandas empresariales: «De lo contrario, es posible que se frene el crecimiento

inflacionario, pero que este logro vaya acompañado de tal desastre social que

tenga unas consecuencias para el conjunto del país peores que las de un aumento

de la inflación superior al previsto en los Pactos de la Moncloa.»

Todo esto no quiere decir que deban echarse en saco roto las advertencias de

una voz tan autorizada y respetable como la del profesor Fuentes Quintana.

Desdeñar, por ejemplo, la evidencia de que nuestra tasa de inflación, aunque

considerablemente inferior a la de hace doce meses,

todavía queda varios puntos por encima de la media del club de los países

desarrollados, sería impropia de ningún político

de categoría. Por eso la expresión «reactivación a toda costa» del profesor

Fuentes Quintana debe dejar paso a la de «expansión responsable», manejada por

los técnicos de la O. C. D. E. como sugerencia

dirigida a todos los países socios de la organización. En palabras de León

Felipe —uno de los poetas favoritos de Fernández

Ordóñez— esta nueva cabalgada de nuestra economía, esta vigorosa huida hacia

adelante debería realizarse pues, «con las riendas tensas y refrenando el

vuelo».

Más que la magnitud del salto, lo verdaderamente importante es que este

relanzamiento económico sirva de marco a una nueva conciencia ciudadana que

rehabilite la imagen del mundo de los negocios. A una nueva valoración social

en la que toda empresa deje de ser el simple preámbulo

de la rapiña organizada, y atributos como la creatividad y la competencia pasen

a ser estimulados y no atrofiados. Con todas sus imperfecciones y toda su

necesidad de correctivos, ya va siendo hora de que la Unión de Centro

Democrático rompa una lanza en favor del capitalismo, empezando por sustraer a

esta denominación de sus actuales connotaciones peyorativas.

Y paralelo al relanzamiento económico

debe llegar el relanzamiento político. El relanzamiento de nuestra enclenque

democracia, a base de poner punto y raya a la mixtificación del consenso,

devolviendo a instituciones como el Parlamento, el Consejo de Ministros o los

Consejos Municipales el contenido que les es propio. En el fondo se trata de lo

mismo: de emprender con convicción el camino de la libertad,

yuxtapuesto a ese otro «camino de servidumbre», descrito por Hayek, en el que

hasta la fecha han desembocado la totalidad de los proyectos socialistas. La

experiencia conocida y constatada nos demuestra que

sólo hay libertad política allí donde prospera la libertad económica, y que. una

vez abortada ésta, el óbito de aquélla es sólo

cuestión de tiempo.

LA «PREOCUPACIÓN» DEL P.S.O.E.

Quiero terminar esta crónica con la glosa de dos recientes titulares de

periódico.

De acuerdo con el primero, el Partido Socialista está «preocupado» por el

anuncio del próximo viaje de Don Juan Carlos a la

República Argentina, previsto para la primera quincena de noviembre, y tiene

incluso el propósito de interpelar parlamentariamente al ministro de Asuntos

Exteriores al respecto. Según se afirma en el segundo, Fraga piensa que no hay

sino dos posiciones políticas: la marxista y «otra

que recoge todo lo demás».

Lo de los socialistas parece cosa de chiste y habría que tomarlo a broma si no

existiera el riesgo de que su insensatez llegue a calar en una parte de la

opinión pública. De acuerdo conque el régimen de Videla no es un dechado de

virtudes democráticas —más bien todo lo contrario—,

pero el Rey de España viene sirviendo desde su acceso al Trono, con dedicación y

patriotismo admirables, a una concepción de las relaciones internacionales según

la cual los mecanismos de amistad y cooperación deben acercarnos al mayor número

posible de Estados soberanos, independientemente del sistema político por el

que se rijan.

SI hubiera que aplicar el rasero de la

salvaguardia de los derechos humanos antes de cualquier viaje regio,

desgraciadamente, Don Juan Carlos habría agotado ya hace tiempo sus

posibilidades de desplazamientos. Ni la reciente visita a China

ni la proyectada a la Unión Soviética tendrían, desde luego, cabida en su

agenda.

¿Por qué el Partido Socialista no ha protestado en ambo casos y sí en éste, que,

por otra parte, afecta a un pueblo con tantos lazos en común con el nuestro? La

inefable Carmen García Bloise ha respondido que en España hay refugiados

políticos argentinos y no hay refugiados políticos rusos. Sorprende un argumento

así, esgrimido por una mujer inteligente. ¡Pues claro que no hay refugiados

rusos en España ni en casi ningún lugar de la Tierra!

Salvo en un puñado de casos de personas cuya libertad ha sido esforzadamente

arrancada, tras peripecias sin cuento, a la luz de los Acuerdos de Helsinki, los

potenciales refugiados políticos de la Unión Soviética, de los países del Este,

de las patrias del proletariado donde se construye

el socialismo, viven y mueren en los archipiélagos Gulag y yacen enterrados al

pie del muro de Berlín que baldíamente pretendieron traspasar. ¿Hasta cuándo el

papanatismo ideológico, más farandulero que político, va a impulsar a algunos

demócratas de izquierdas a utilizar diferentes pesos y medidas según se trate

de unas a

otras dictaduras?-

Pedro J. RAMÍREZ.

 

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