Autor: Medina González, Guillermo. 
   ¿Todos contra el centro?  :   
 Frente a las tendencias a la bipolarización, el Centro debe afirmar su propia identidad. 
 Informaciones.    19/05/1977.  Página: 1-2. Páginas: 2. Párrafos: 18. 

¿TODOS CONTRA EL CENTRO?

Frente a las tendencias a la bipolarización, el Centro debe afirmar su propia identidad

Por Guillermo MEDINA

SI hay que volver nuevamente sobre el problema de! Centro es porque la orientación y el contenido que

finalmente tome éste condicionará decisivamente el cuadro político en el que va a decidirse el futuro del

país. Durante las últimas semanas "la cuestión Centro" polariza el debate y [a crónica política. Hombres

políticos y comentaristas, a derecha e izquierda, dedican discursos y artículos no a hablar de sus propias

posiciones, sino a arremeter contra Suárez y el Centro; mientras, los hombres de la UCD. salvo

excepciones, permanecen silenciosos ante ocasiones de contratacar que sus detractores ofrecen en

bandeja.

El punto esencial de la lucha política en estos momentos es el conflicto abierto entre las tendencias a la

bipolarización, en detrimento del Centro, y los esfuerzos por consolidar éste, decantándolo de la derecha

y de la izquierda. Tienen, pues, motivo de preocupación quienes piensan que objetivamente, ai margen de

la idoneidad o no de las formulaciones que adopte el Centro, la existencia de una tercera opción, capaz de

representar la gran masa flotante, pero no indiferente, entre la simple continuidad y una izquierda

mayoritariamente marxista, es vital para la continuidad del proceso democrático en España.

¿EXISTE EL CENTRO?

DURANTE los últimos días se han hecho afirmaciones públicas que, extrañamente, no han tenido réplica

por parte de los líderes de UCD. Mientras el PSOE eleva a categoría el conflicto con Suárez, haciendo del

anticentrismo un argumento esencial de su campaña, desde posiciones de izquierda se sostiene que, "hoy

por hoy, en función de las posibilidades electorales, su adversario principal (de la izquierda) no es la

derecha neofranquista, sino el centro gubernamental" (1). Desde el mismo ángulo se afirma que el

objetivo número uno es "neutralizar el centro" y presentar la alternativa de una "candidatura unitaria

democrática", eufemismo que elude una expresión más clara del mismo concepto. También desde la

izquierda se afirma que el franquismo es uno, y trino en sus formulaciones, una de las cuales (a propia

UCD; que los dos "franquismos respetables" (AP y UCD) se potencian mutuamente y se atacan en una

especie de simulacro para engañar ai electorado, repartirse los votos y poner fin a la farsa tras las

elecciones (2).

Pasemos a la derecha y veremos negar la existencia de un Centro diferenciado con no menos fervor que

desde la izquierda. "Creo que el verdadero Centro, se diga lo que se diga, es Alianza Popular", afirma

López Rodó. Y agrega Ruiz Gallardón: "¿Qué decir de la ideología centrista? Pues, sencillamente, que no

existe. Ni una sota linea programática fundamental de ese Centro le es propia y peculiar. La reforma

estuvo y está en los grupos que capitanea el señor Fraga. El Centro copia, y todo lo más echa agua al

vino" (3). Y el propio Fraga se reclama detensor inveterado de las clases medias, y escribe: "Defiendo el

centrismo político, y me considero a mí mismo hombre del centro" (4).

No queda ahí la cosa. Desde actitudes no encasillables a derecha e izquierda se ataca ¡gualmente la

formulación de la UCD. Darío Valcárcel escribe que "no es difícil hacer un vaticinio: pública o

secretamente habrá antas de las elecciones un pacto entre la Alianza Popular y la Unión del Centro" (5).

No faltan centristas para los cuales el Centro "es una opción coyuntural", mientras otros, demócratas

sinceros, confiesan en privado ("no es esto, no es esto") que van a poner poco entusiasmo en defender

públicamente las listas de la UCD en la que están incluidos. "Centristas históricos", enfadados,

desplazados, automarginados, se refugian en una actitud de tan alto significado testimonial como escasa

eficacia política. En fin, el propio Alvarez de Miranda escribe con honestidad: "Hay que confesar que la

coalición de Centro no tiene una ideología demasiado definida." Basta, ciertamente, comprobarlo en unos

carteles publicitarios que definen al Centro por exclusión de derecha e izquierda.

Que pensar de todo esto? Que no contribuye a dísminuir la desorientación y la confusión; que refleja la

expansión de tendencias centrífugas; que las críticas a la UCD encuentran apoyo en hechos recientes,

pero que hay mucho de proceso de intenciones, de picoteo de votos en un centro erosionado, y hasta de

claves personales; que después de haber impedido una alternativa a su derecha, Alianza Popular busca el

voto moderado ("ricupero a sinistra", llaman los italianos a esta operación clásica); que hay hombres de la

UCD que después de haber partido de agudos contrastes con con AP acortan las distancias. Hay quienes

ya hablan de bipolarizar las próximas elecciones municipales; hay quienes advierten sobre una unión de la

izquierda que no se ha producido, y que no hay indicios claros de que se producirá, para proponer a

continuación una especie de "unión preventiva" del centro y la derecha.

ALIANZA Y UNION DEL CENTRO: ¿LA MISMA OPCIÓN?

Todo esto me parece insensato, y a ello hay que añadir cierto estupor ante la división y la pasividad de los

responsables del Centro ante la depredación del espacio político que representan. En este país puede

haber muchas sorpresas después de las elecciones, y no seré yo quien niegue la posibilidad de una

convergencia entre el Centro encabezado por Suárez y la Alianza dirida por Fraga. Todo puede suceder.

Pero si el país se bifurca y el Centro contrae un raquitismo incurable, entonces se frustrará una nueva

oportunidad histórica de concordia nacional.

Ni la derecha fiel al franquismo ni la izquierda que conocemos son centristas; en estas condiciones,

pretender que aquí y ahora dos grandes partidos podrían configurar una situación como la alemana o la

británica es tan pueril que sería risible si no fuera por la peligrosidad de semejante teoría. ¿Hay

posibilidades de pacto, de alternancia en el poder, entre Fraga y Felipe González, entre Torcuato Lúca de

Tena y Tierno, entre Carlos Arias y Carrillo? La unión del centro y de la derecha probablemente se haría

bajo el predominio de la derecha, estimularía la unidad de la izquierda y estaríamos ante la temible

bipolarización. Entre una izquierda defraudada, hostigadora, reivindicativa, desconfiada y radicalizada, y

el ejercicio continuado del poder por una derecha tradicional y conservadora, sólo habría un exiguo centro

testimonial, sin fuerza de arrastre político; de nuevo, los liberales y reformadores serían vencidos por una

dialéctica de dos Españas encontradas.

Si la AP y la UCD son la misma cosa, entonces la suerte está echada y pierde la democracia. Si antes o

después de las elecciones hay "síntesis" AP-UCD, entonces o no hay Constitución o ésta sería incapaz de

dar cobijo a una izquierda democrática. Si la UCD es el recurso de unos avispados —con comparsas de

demócratas sinceros— que creen inservible la opción del franquismo tradicional y buscan una forma de

legitimación de viejos privilegios, entonces apaga y vamonos. Sería un fraude, la frustración de una

esperanza, un error imperdonable.

Por todo eso urge una identificación del Centro frente a izquierda y derecha, frente a ésta, sobre todo. Está

muy bien lo de "no ser antifranquista ni antimarxista", pero no campea la duda sobre el no marxismo de

los hombres del Centro, sino sobre su no franquismo. El Centro no puede ser una mera y oportunista

opción coyuntural. Es un espacio con electores y con candidatos, pero falta militancia, falta organización

partidaria; debe definir una respuesta a los problemas concretos del país y valorar los ingredientes —

liberales, socialdemócratas, demócrata-cristianos— que hoy figuran en un segundo plano.

Alianza Popular y UCD no son hoy —pese a los errores atribuibles a los promotores de esta última— la

misma opción, como sostienen tantos detractores del centrismo capitaneado por Suárez. Ni lo serán si éste

es consciente de que su personalidad como líder político

no nació en S. G. del Movimiento, sino asumiendo abiertamente la democratización del país, y el

Objetivo de una nueva Constitución y manifestando claros contrastes con una AP que le ha hecho objeto

de duros ataques. Suárez en la derecha sería devorado por otros.

RELANZAR EL CENTRO

HAY quien afirma que la opción Suárez y la opción Fraga se parecen como un huevo a otro huevo. Eso es

coger el rábano por las hojas. En primer lugar, no se trata de "Fraga o Suárez", sino de Alianza Popular o

la UCD. El matiz es importante, porque no hay que identificar a Fraga con la Alianza ni al Centro con

Suárez. Eso es una simplificación de quienes tienen interés en identificar a la opción derechista y a la

centrista, que es una forma de descalificar a esta última frente a sus electores más genuinos.

No sería honesto negar a Fraga la posición centrista que tuvo en tiempos, cuando era aliado de Pío

Cabanillas y de Areilza y cuando algunos demócratas que hoy te atacan acudían a la Embajada en

Londres.

Pero hoy Fraga aparece identificado con los albaceas del franquismo, y afirmar que se puede ser

franquista y centrista me parece una burla. Las posibles coincidencias actuales o pasadas entre Suárez y

Fraga no pueden llevar a la confusión entre UCD y AP. La historia reciente de este país es rica en

anécdotas personales sobre los cruzamientos de biografías, pero no parece justo ni deseable mirar al

pasado o personalizarlo todo. Vayamos a diferenciaciones objetivas. Mientras AP. rechaza —no hace

falta mayor demostración— la legalización del PCE, Suárez ha tenido que enfrentar los mayores riesgos

políticos por este motivo. Mientras AP plantea un programa económico drásticamente estabilizador, que

no puede sino hacer inviable la posibilidad de un pacto económico-social, sólo el Centro puede plantear el

tipo de reformas con que obtener a cambio la paz social en una política antiinflacionista. Pero aparte

otros, hay un punto esencial de diferenciación entre AP y UCD: el carácter constituyente que el Centro

dará a las próximas Cortes.

¿De verdad se parecen la Alianza y el Centro como un huevo a otro huevo? Carrillo sabe bien las

diferencias y las consecuencias del triunfo de una u otra opcion, y no se recata en mostrar preferencia por

el Centro. Unos Llaman a eso oportunismo, y aún entreguismo, pero yo prefiero llamarlo sentido de la

realidad y estrategia política hábil.

Hay que invitar a los hombres del Centro a que se identifiquen con sus ideologías genuinas y a que desde

éstas inicien una ofensiva política que les permita enlazar con su electorado. Y a quienes desde el centro

político critican el centrismo de Suárez, pues que planteen una alternativa de signo inequívocamente

centrista. Unos y otros tienen que superar el complejo que les ocasiona la "acusación" de no ser "ni chicha

ni limoná". Hay muchos españoles a quienes no les gustaría madrugar con la chicha de la izquierda ni

desayunar con la limoná de ja derecha. Y unos y otros tendrán que agruparse después de las elecciones en

lo que entonces si será una plena Unión del Centro. Que no se machaquen ahora.

(1) Francisco Diez del Corral. «Diario 16», 29 de abril.

(2) Francisco Rubio. «Diario 16».

(3) J. M. Ruiz Gallardón. «A B C, 6 de mayo.

(4) Manuel Praga. «El País». 27 de abril.

(5) Darío Valcárcel. «El País», 7 de mayo.

Pag. 2 - 19 de mayo de 1977

 

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