Autor: P. I. . 
   "Debe elaborarse una Constitución que esté a la justa medida de la realidad social española"     
 
 Ya.    12/05/1977.  Página: 5-6. Páginas: 2. Párrafos: 15. 

"Debe elaborarse una Constitución que esté a la justa medida de la realidad social española"

Debe elaborarse una constitución...

Entrevista con Oscar Aiaga, profesor agregado de Derecho Político • "Un techo utópico que muestre ef

país mejor al que se fia de tender" • El baile de constituciones, llaga más grande de nuestra historia

constitucional • "£n ocasiones, las constituciones más rígidas son las menos duraderas" • "Hay que exigir

a los partidos que acaben de cuajar tras fas elecciones constituyentes"

Constitucionalismo, partidos políticos y grupos de presión fueron los tres temas que se 1« asignaron a

Oscar Aizaga, Villaamil, profesor agregado de Derecho Político de la Universidad Autónoma de Madrid

y miembro de la Comisión ejecutiva del Partido Demócrata Cristiano de don Fernando Alvarez de

Miranda, dentro del curso sobre formación para la vida pública que los días pasados iba a celebrarse en el

CEU. curso que ha sido suspendido recientemente.

Los tres temas tienen una candente actualidad en el momento político español. El próximo periodo

constituyente, el juego que en él puedan realizar ios partidos y los condicionamientos que pudieran

presentar ios grupos de presión reocupan fuertemente pn muchos y variados circuios político-sociales del

país. Acudimos al despacho de Oscar Aizaga para que nos hablara de los fies citados asuntos.

—¿Sobre qué bases jurídicas y éticas habrá de conformarse la futura Constitución española?

—Las bases sobre tas que tendría que elaborarse una nueva Constitución serían las siguientes: En primer

lugar, ésta debería hacerse a la justa medida de la realidad social española, puesto que la elaboración de

una Constitución no puede hacerse a imagen y semejanza de una prenda de confección de almacén,

fabricada sin pensar en un cliente concreto, sino como un traje a la medida de la problemática de un país

particular. En segundo término, una Constitución se ha de basar en las lógicas aspiraciones de un pueblo a

un orden de convivencia tan libre y justo como sea posible. Es decir, una Constitución, sin despegarse de

la realidad, debe tener siempre un mínimo techo utópico que muestre el país mejor al que se ha de tender.

En tercer lugar, una Constitución se ha de basar en las aportaciones del Derecho jurídico moderno sobre

la mejor protección de los derechos humanos, el debido equilibrio entre los diferentes órganos del Estado,

el mejor deslinde de competencias entre las diferentes esteras de gobierno, etcétera.

—E«a Constitución habría de hacerse, lógicamente, con el beneplácito de todo el pueblo.

—Por supuesto. Una Constitución moderna no se puede construir de espaldas al pueblo, como tampoco se

puede hacer al margen de las conclusiones a las que ha ido llegando la moderna ciencia del Derecho. La

Constitución se ha de basar en el consenso de la inmensa mayoría de un pueblo. O, lo que es lo mismo,

debe ser un gran pacto entre fuerzas sobre las bases de convivencia, puesto que el Derecho constitucional

debe aspirar, más que a ser un Derecho coactivo, a ser el Derecho que refleje el equilibrio político

fundamental de un país, ya que las bases constitucionales no pueden discutirse a diario y más bien son el

soporte indiscutible sobre el que se construye el diálogo diario en el que se han de solventar los conflictos

propios de toda sociedad, y que un» democracia pluralista, con el mejor de los realismos, debe conocer

sin practicar la política del avestruz.

UN GRAVE RIESGO

—La historia de España eis una muestra continua de que cada partido elabora el texto constitucional que

más le conviene. Por ello el baile de documentos de este tipo ha sido tan enorme, que los gobiernos se han

visto muchas veces, sobre todo en el siglo XIX y primeras décadas de] XX, con imposibilidad de

gobernar. ¿Volveremos a caer en la misma piedra?

—Pone usted el dedo en la llaga más grande de la historia de nuestro constitucionalismo, puesto que en

España los partidos se empeñaron no en hacer constituciones para todos los españoles, sino en redactar la

Constitución que le parecía ideal al partido que en cada momento conseguía ostentar el proceso decisorio

constituyente. Hoy, el grave riesgo político que vive nuestro país consistiría en una victoria electoral el 15

de junio del bloque aliancista o del bloque marxista (si es que éste llega a fraguar), pues ambos tienen Un

modelo constitucional incompatible con el establecimiento de un régimen de vid» política para todos los

españoles. En el espectro del centro entiendo, por el contrario, que se es absolutamente consciente de ese

peligro y se aspira, por contraposición, no a e-laborar una Constitución de partido, sino una Constitución

democrática de corte occidental, sin tacañerías que impidan la entrada en el juego a nadie, para sentar una

base flexible Je convivencia para todos los españoles.

BUSCA K LA GRAN FOKMU LA DEL CONSENSO

—¿No sería conveniente arbitrar medidas que aseguraran la subsistencia cíe la nueva Constitución? Así,

al menos, se podría evitar el baile de «Has que ha habido hasta ahora en nuestra historia.

—Las medidas técnico-jurídicas para garantizar la perdurabilidad de una Constitución son muy diversas y

han dado lugar a toda una serie de mecanismos que dificultan su modificabilidad. Es lo que los técnicos

en la materia denominamos "rigidez constitucional". Ahora bien, esa materia es muy compleja y difícil de

exponer en la brevedad que obliga esta entrevista. Pero le puedo apuntar que. en ocasiones, las constitu-

ciones menos rígidas en teoría son las más duraderas. Tenemos, por ejemplo, la inglesa. Por el contrario,

las cláusulas de absoluta inmodíficabilidad, que aspiran a construir constituciones total o parcialmente

pétreas, con frecuencia resultan ineficaces. ¿Usted cree que los Principios Fundamentales de! Movimiento

van a mantenerse eternamente en vigor diga lo que diga el texto de su ley? Lo único que se ha escrito para

regir durante miles de años es la Biblia. A lo que sí podemos aspirar es a que la Constitución que se

elabore esté en vigor durante varias décadas.

—¿Piensa usted que los partidos políticos y los grupos de presión impondrán muchos condicionamientos

a la factura de esa Constitución de la que hablamos?

—Entiendo que los partidos políticos deben desempeñar un rol mucho más protagonista en esos fines que

los grupos de presión, aunque es admisible que algunos de estos grupos, los sindicatos por ejemplo, ten-

gan algo que decir sobre diversas materias a regular constitucionalmente. En cuanto a los partidos, lo

primero que hay que exigirles es que acaben de cuajar tras las elecciones constituyentes, pviesto que,

presumiblemente, entre los grupos parlamentarios van a surgir los verdaderos partidos políticos. Hoy, en

muchos casos, no hay sino pre-partidos. Ellos deben buscar la gran fórmula del consenso que debe ser una

constitución democrática, pero no creo que deban buscarla en conciliábulos, sino mediante un debate

abierto, con luz y taquígrafos, en los plenos de las nuevas Cortes elegidas para, de esta forma, incidir

sobre la opinión pública y que la misma, a su vez, de alguna forma incida sobre los debates. Yo diría que

ésta es una exigencia de entre las muchas que impone la moderna democracia participativa a la que, como

superación de la democracia clásica meramente representativa, debemos aspirar en nuestro futuro

inmediato.

P. I.

 

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