Autor: Tusell, Javier. 
   Las candidaturas del Centro Democrático     
 
 Ya.    12/05/1977.  Páginas: 2. Párrafos: 5. 

TRIBUNA LIBRE

LAS CANDIDATURAS DEL CENTRO DEMOCRÁTICO

Me imagino que un estremecimiento de estupor habrá recorrido la espina dorsal de muchos demócratas

españoles y aun de la nación entera cuando hayan leído en la prensa la relación de candidatos de la Unión

del Centro Democrático. Durante los últimos días hemos presenciado el aterrizaje sobre cada una de las

candidaturas provinciales de insignes vocaciones electorales hasta el momento desconocidas. A muchos

de estos nuevos candidatos no se les conoce afiliación ideológica mínimamente precisa y, desde el punto

de vista biográfico, son perfectamente trasplantables a Alianza Popular. La deducción inmediata que

pueden llegar a hacer los españolitos de a pie es la de que así como el general Franco se quejaba de los

que "especulaban torpemente con su edad", ahora ellos tienen derecho a protestar de que Suárez ha

especulado torpemente con el deseo de moderación, de democracia y libertad, en orden de la inmensa

mayoría del pueblo español. El peligro de S u á r e z (todo el mundo lo había, dicho desde hace unas

semanas) era convertirse en una especie de Pórtela. Ha, venido a resultar, tras las semanas más llenas de

incertidumbre de la más reciente política española, un super Pórtela, tanto por lo que ha exigido y

obtenido como porque en realidad no ha tenido nadie capas de enfrentársele.

POR decirlo castizamente, "Suarez se ha pasado". Si se quiere hacerlo de una forma más erudita y, en el

fondo, más explicativa, el pecado del presidente ha sido la "hybris" esa gran protagonista del teatro

clásico. La "hybris" viene a ser una especie de desafío a las fuerzas de la naturaleza y la divinidad; a ella

le sigue inmediatamente la tragedia. ¿Por qué esta última en el caso concreto de la actuación de Suárez en

estas elecciones? Por muchas y gravísimas razones. Suáres, haciendo lo que ha hecho, potencia

argumentalmente a la derecha y la izquierda; crea en el electorado español, ya mal traído de anmanejado,

porque a un pueblo español, ya may traído de antiguo, no se le pueden ofrecer algunas de las

individualidades con que ahora se nos pretende obsequiar; da la sensación de que algunos de los

diputados y senadores electos pueden no tener el menor empacho en correrse, en el Parlamento, más hacia

la derecha o la de que, por medios más o menos subterráneos, las Cortes no serán constituyentes; puede

perjudicar incluso a la institución monárquica; daña a los propios aliados del presidente, y en fin, lo más

importante de todo, impide que de estas elecciones pueda llegar a surgir un verdadero sistema de partidos

políticos mínimamente viable. Nadie puede dudar de que lo que ahora va a suceder no será sino un

expediente temporal. Nos esperan muchos meses más de dudas, disputas y contramarchas hasta que

lleguemos a, tener un panorama político semejante al de otros países europeos. Porque—supongo—el

presidente no pretenderá tener tras de sí una ideología o una filosofía política más allá del puro

pragmatismo.

CUALES han sido las causas de lo sucedido? En parte (pero sólo en parte) derivan del propio Suárez, que

después de coquetear con todos se ha decidido por el autísmo político, quedándose co n sigo mismo,

después de haber burlado a sus pretendientes. Pera también la culpa reside en el propio Centro

Democrático. Como autor de un libro sobre el "encasillado", permítaseme que lo diga con toda claridad:

incluso cuando en España en unas elecciones se desea pactar con el Gobierno lo mejor es previamente

contar con la suficiente f u erza como para que el pacto lo sea verdaderamente y no resulte mía

imposición de aquél. Todas esas disputa centristas de semanas pasadas sobraban, y faltaban, en cambio,

una resolución decidida de dirigirse al elector. Y, en fin, son también culpables de lo que ha venido a

suceder quienes tenían que haber estado en el centro y han ido por su cuenta y riesgo a las elecciones: la

Federación de la Democracia Cristiana. Si ésta hubiera entrado en la Unión del Centro se hubiera podido

resistir mejor a Suárez o, en su caso, marcar un rumbo diferente. Por no querer hacerlo se ha venido a

causar problemas de credibilidad al centro, sin ventaja concreta, pues no creo (y con toda sinceridad lo

digo, ojalá, me equivoque) que Hacia la Federación se desvíe una. porción importante del electorado en

esa dirección. En definitiva, las candidaturas del centro son el producto del fracaso de una porción

importante de nuestra clase política. Reivindiquemos los españoles el derecho de hablar claro y echar la

culpa a quienes se lo merecen.

QUE hacer en estas condiciones quienes, como el que esto suscribe., veníamos, desde hace tiempo,

defendiendo una alianza electoral circunstancial entre socialdemócratas, liberales y demócratacristianos?

Indro Montanelli dijo, con ocasión de las últimas elecciones italianas, que él se taparía las narices, y en

aquel momento, vistas las circunstancias, votaría a un partido acusado de corrupción como era la

democracia cristiana. Prescindamos, por el momento, de la veracidad de esta afirmación. Confio en no

tener que taparme las narices (de la limpieza electoral depende), pero si lo haré con mis oídos, para no oír

algunos de los convincentes argumentos de sus adversarios cuando vote por el Centro Democrático. ¿Qué

hacer si no? La tentación del electorado puede ser más que u n a Federación Demócrata Cristiana,

desorientada hasta el extremo de pactar en ocasiones con los comunistas, el socialismo, pero aparte de

que éste viene necesitado de una cura de reposo en la oposición que le llegue a convertir algún día en un

posible equipo gubernamental, imagínense por un momento unas Cortes en las que a Alianza Popular y al

socialismo les correspondan a cada uno un tercio de los escaños: por allí se va al caos; no, desde luego,

por lo menos fácilmente, a una constitución para todos los españoles. Tampoco tiene sentido no votar,

hacerlo en blanco o por los proveristas, fórmulas más o menos sofisticadas de protesta ante la situación en

que se nos ha puesto. Hay que votar a la Unión del Centro Democrático, entre otras cosas, porque, como

los paracaidistas independientes (nunca ha sido más inoportuno este adjetivo; sugiero, por el contrario, el

de domésticos), se sitúan, por ejemplo, en Madrid, en los primeros puestos, a más alta votación que se

logre, menor peso específico tendrán sobre el total de la alianza electoral. Evidentemente, el voto por el

centro debe suponer la exigencia de que los partidos aliados recuperen su libertad en las Cortes y la

posibilidad (inexistente en el caso del Congreso) de seleccionar cuidadosamente la candidatura senatorial.

COMO, de acuerdo con lo que antecede, acabo de hacer un acto de propaganda electoral en favor del

Centro Democrático, me permito hacer también una petición. Sugiero que en las vallas se utilice como

eslogan "Vote al Centro Democrático. No queda más remedio", o ya más en serio, que se prescinda por

completo de cualquier tono oficialista. Por favor, que no se nos abrume con una oleada de estúpida

propaganda como la, del pasado referéndum, que a muchos nos hizo depositar nuestro voto afirmativo

casi con vergüenza. En definitiva, todavía podemos cambiar si las cosas van a peor.

Javier TUSELL

 

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