Autor: Vigil y Vázquez, Manuel. 
   Los mequetrefes de turno     
 
 Ya.    12/08/1978.  Páginas: 1. Párrafos: 4. 

Cartas de Cataluña

[os mequeirefes de turno

MEQUETREFE es e1 hombre entremetido, bullicioso y de poco provecho, según definición del

diccionario de la Real Academia Española. En política no importa de qué signo; el mequetrefe, con sus

Ínfulas de adhesión inquebrantable a los principios que sean, pues hay mequetrefes para todos los

principios, es un factor de perturbación, vocinglero y petulante, cuya actividad se excita en los periodos

de cambio o transición. Uno de los delirios de los mequetrefes en estos períodos es el de sustituir los

nombres de las calles, y en el caso catalán, de poner estos rótulos en catalán, si estaban en castellano (o el

ponerlos en castellano, a partir de 1939, si estaban en catalán). En cualquier caso, antes y ahora, con

absoluta falta de respeto al vecindario. En su accidentada alcaldía, que le costaría la vida a su esposa y a

é1, don Joaquín Viola empezó a corregir los efectos de mequetrefes del 1939t devolviendo a calles típicas

de Barcelona sus típicos nombres,en catalán¡ naturalmente, que estaban por encima de las vicisitudes

políticas. Nombres que habían seguido siendo respetados en el uso normal ciudadano. Nombres de calles

más bien pe. quenas, como son las del casco antiguo.

LOS mequetrefes de turno se han lanzado por su cuenta a intentar el cambio de nombres de calles y

plazas, incluso sin respetar nombres antiguos que habían persistido, como es el de plaza de San Bernardo

Calvó, o Sant Bernat Calvó, figura importante de la historia de Cataluña, al cual han pretendido cambiar

con un acto aparatoso con sua ribetes demagógicos, por no decir histéricos, por el de plaça de la Libertat

d´Expressió. La cosa ha sido tanto más ridícula e inoperante cuanto que de mucho tiempo atrás Barcelona

cuenta no sólo con una plaza, sino también con una calle de la Libertad, cuyo nombre fue respetado por el

anterior régimen. "La Vanguardia" dedicó un editorial severo a´ semejante desmán, pero como los

mequetrefes son inasequibles al desaliento, pocas semanas después otro grupo de éstos se puso a tapar las

placas de la avenida de José Antonio por rótulos con el antiguo nombre, éste sí, de carrer de Les Corts

Catalanas. EI acto es igualmente nulo y gratuito, tanto más que, cuando llegue el momento de considerar

ei cambio, el Ayuntamiento, que es quien puede hacerlo tendrá que tentarse la"butxaca", es decir, el

bolsillo, porque la Gran Vía¡ que es una denominación que fue usual, aunque no oficial, tiene siete

kilómetros de longitud y «u numeración sobrepasa el 1.200, Calcúlese no sólo el coste de las placas y su

colocación, sino que se obliga al vecindario de tan populosa calle a un cambio den toda su documentación

personal y comercial, dado que es una calle con multitud de establecimientos de toda índole. Otro tanto

puede decirse de la avenida del Generalísimo Franco, ex avenida de la República, ex avenida de Alfonso

XIII, conocida, por su posición en el plano de la ciudad, por la Diagonal, que es como todo el mundo

barcelonés ha venido designándola, sin importar el régimen imperante. Y así, aunque no de tan grandes

dimensiones, hasta quinientas calles, que son las que fueron cambiadas de nombre * partir de 1939, con

notable impertinencia digna de los más esforzados mequetrefes. Y si sobre esto se añade lo de la

catalanización, pues véase en qué compromiso va a encontrarse el" primer Ayuntamiento salido de las

urnas, que ^ será hostigado por los mequetrefes para que demuestre con el cambio del callejero su espíritu

democrático y catalanista.

LA Vanguardia" volvió a hacer frente a estos delirios, y aun cuando el Ayuntamiento oficialmente guarda

silencio, su jefe de prensa, don Jaume Castell, ha publicado un artículo en este periódico, en el que se

recuerdan las normas preceptivas para el cambio. de nomenclatura de las calles, y que esta operaciónj a

1.300 pesetas por placa, costaría al A y u ntamiento centenares de millones de pesetas. De modo que,

aparlos intereses particulares y mercantiles implicados, es operación para muy pensada y realizada

metódicamente

Ayuntamiento está tratando también de ver si llega a un acuerdo con partidos políticos y organizaciones

sindicales para poner fin a la voraz proliferación de carteles, que han convertido las fachadas de incluso

nobles edificios, como el de la Universidad, en papeleras repletas de suciedad, a lo que contribuyen las

pintadas, cuyo paróximo se da en los corredores del Metro. Una de las últimas pintadas, estaciones de la

plaza de Cataluña, invita a los "charnegos" (término peyorativo para los no catalanes) a volverse a sus

tierras de origen, así como a la Policía, igualmente calificada de "charnega". Los mequetrefes parecen

ignorar que la mitad de la población de Cataluña tendría que abandonar ésta si siguiera tan insensata e

irresponsable conminación.

Manuel VIGIL Y VÁZQUEZ

 

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