Autor: Domenech, Jordi. 
 Declaraciones de Jordi Pujol a ABC. 
 UCD no parece tener bien meditado el modelo de sociedad a que quiere llevar a España     
 
 ABC.    17/09/1978.  Página: 8-10. Páginas: 3. Párrafos: 50. 

A B C. DOMINGO, 17 DE SEPTIEMBRE DE 1978. PAG. 8

DECLARACIONES DE JORDI PUJOL A ABC

«U.C.D. NO PARECE TENER BIEN MEDITADO EL MODELO DE SOCIEDAD

A QUE QUIERE LLEVAR A ESPAÑA»

La participación de mi partido está condicionada a la aceptación

general y a que se preserven para Cataluña los términos convenidos en el

Congreso sobre sus derechos históricos

«Queremos servir a España sin renunciar a nuestra fidelidad a Cataluña y a1

nacionalismo catalán, empeño en el que no queremos fracasar aunque sea difícil

y suscite muchas incomprensiones, como demuestran las biografías políticas de

Cambó y Carner, por ejemplo.»

«Una coalición U.C.D.-P.S.O.E. no sería conveniente,

a no ser que el país estuviera en una situación muy difícil»

«Se requeman dos o tres años para resolver el problema del paro»

«El desfondamiento empresarial es más fuerte de lo que se había previsto»

Y añade Jordi Pujol en el transcurso de la larga entrevista que con él he

mantenido en su despacho político: «Hemos afirmado en múltiples ocasiones que

nuestro nacionalismo no es separatismo.» Pero los recelos y las incomprensiones

prosiguen, a juicio del secretario general de Convergencia Democrática

de Cataluña, aunque ello no sea óbice para que cada día esté más preocupado

por la situación económica de España. A lo largo de más de tres horas de

conversación ni una sola vez habla del «Estado español». Desea, junto con su

partido, colaborar decididamente en la ardua tarea de superar la crisis y

consolidar un sistema político homólogo con el dé las democracias occidentales.

Pujol inicia la conversación contándome sus últimas entrevistas con los lideres

del empresariado español y con les responsables de la economía del país:

— Hace unos días me entrevisté con el presidente de la C. O. E., Carlos

Ferrer Salat, con el que pienso tener próximamente otros encuentros, y con el

gobernador del Banco de España. Unos días antes me había entrevistado con los

ministros de Trabajo e Industria. También tenemos contactos con los

responsables del P. S. O. E. y el P. C. E., y asimismo deseo

hablar de las perspectivas económicas y de la negociación general,

Que ahora deberá iniciarse con el vicepresidente económico e incluso

quizá con el mismo presidente del Gobierno.

NUEVOS OBJETIVOS ECONÓMICOS

— ¿Se debe interpretar esta actividad como una preocupación preferente ante la.

situación económica española? — Ya hace meses que estamos diciendo que el

problema político más importante que tiene España es el del diálogo

entre empresarios y trabajadores, y la definición, de acuerdo con

filos, con el Gobierno y los partidos políticos de nuevos objetivos

económicos. Las declaraciones del Gobierno sobre e! balance positivo de los

Pactos de la Moncloa son ciertas, aunque quizá un poco triunfalistas. Pero si

ahora no se define bien la nueva etapa y no se consigue un nuevo parto realista

y coherente, lo que hemos ganado lo podemos empezar a perder.

—Usted no parece tan optimista como el Gobierno a la hora de valorar los

resultados del Pacto de la Moncloa en su vertiente económica, ¿por qué?

— No. Yo comparto la valoración positiva que se hace de los Pactos de la

Moncloa, ya que todos estamos de acuerdo en que España dispone ahora de

más posibilidades de luchar contra la crisis que hace un año. Pero

hay algunos puntos negros que a mí me parece que la Administración no

valora debidamente.

DESFONDAMIENTO EMPRESARIAL

— ¿Como cuáles?

— El desfondamiento empresarial es mucho más fuerte de lo que se había previsto

y, como consecuencia, las perspectivas de inversión son muy inciertas.

Tampoco son buenas las perspectivas de evolución del paro, en parte como

consecuencia de lo anterior. Creo que de esto s« dan cuenta las centrales

sindicales y me parece detectar en las mismas ana actitud más dialogante que

hace unos meses, actitud que posiblemente es resultado de la conciencia que

tienen de los dos factores que antes he citado.

— ¿Qué factores le inducen a considerar negativamente las perspectivas

del nivel de paro?

— En parte, las perspectivas de baja Inversión de las empresas, especialmente

de las privadas; en parte, por la rigidez de la legislación y prácticas

laborales; y, en parte, porque aun suponiendo que haya una cierta expansión de

la producción industrial, es probable que se haga aprovechando mejor las

plantillas existentes en la actualidad, que en bastantes casos trabajan por

debajo de sus posibilidades. Factores todos ellos que me hacen creer que por lo

menos se requerirán dos o tres años para solucionar este problema.

— Además del paro ha señalado como elemento que dificulta la recuperación

económica el desfondamiento empresarial. ¿Cuáles cree que son sus

principales causas?

— Hay que distinguir entre las empresas multinacionales, que enjuician el

futuro con claro optimismo; las empresas estatales, que en último

término recurren a la Hacienda pública, y las vinculadas a los grupos

bancarios, que tienen un trato de favor. Esto por una parte. Pero por otra

parte están todas las restantes, pequeñas, medianas o grandes, que pasan

grandes apuros, superiores incluso a los previstos. Empresas éstas que están

sometidas a muchas presiones de todo tipo y entre las que cunde un

gran desánimo.

— Este análisis de la situación empresarial española me recuerda una de

sus últimas manifestaciones, en las que señalaba que la actual política

económica se hiciera a la medida de las multinacionales.

— Bueno, me explicaré. Ante todo, repito que nuestro partido ha sido favorable

a los Pactos de la Moncloa y que no se arrepiente de ello. Pero también es

cierto que consideramos que ahora ha; que variar algunos aspectos de

esta política, que de continuar destruiría buena parte del tejido

industrial autóctono español. Y en este aspecto no se puede olvidar que la

empresa privada española se encuentra de golpe con una fiscalidad más alta, que

resulta especialmente peligrosa para las empresas de carácter familiar.

Se encuentra con una legislación y prácticas laborales muy rígidas. Se

encuentra con exigencias de todo tipo superiores a las que antes tenía. Se

encuentra con una política monetaria muy restrictiva, y todo ello dentro de

una crisis general. Quede claro que muchas de las medidas que se han tomado y

que crean problemas a las empresas había que adoptarlas. Por ejemplo,

nosotros hemos votado con convicción la reforma fiscal de Fernández Ordóñez.

Esta reforma es importante, la calificamos de positiva y a la misma deben

adaptarse el país y las empresas.

Pero todas esas rosas juntas, y, además, de una manera súbita, constituyen un

problema que no todo el mundo va a poder superar, incluso empresas sanas y

no marginales.

— ¿Y qué medidas considera usted que deberían arbitrarse pava

superar esta situación crítica de las empresas españolas?

— Dentro de unos días nuestro partido va a dar a conocer un proyecto

articulado sobre este tema. Pero ya ahora puedo adelantarle alguno de los

aspectos del mismo. Por supuesto, el entendimiento entre empresarios y

trabajadores es la condición previa. Lo que requerirá el

reconocimiento del papel de los sindicatos no sólo en la vida pública, sino

también en las empresas. La aceptación del principio de la movilidad de

la mano de obra y la flexibilidad de plantillas y en aspectos más específicos

requerirá, por ejemplo, la intervención de las organizaciones empresariales

y sindicales en la gestión de las oficinas de empleo, la regulación de jornada o

suspensión parcial del contrato de trabajo en determinadas circunstancias;

todo ello, por supuesto, con las garantías que se precisen. Por ejemplo, me

parece justa la reivindicación sindical de que los días de suspensión parcial

de los contratos de trabajo no cuenten como días de paro. Y como ésta deben

haber otras garantías. Pero en todo caso si queremos crear una sociedad

democrática y europea, tenemos ¿que crear estructuras, mecanismos y

comportamientos europeos, tanto en lo laboral como en lo fiscal,

etcétera.

NACIONALISMO, SI; INDEPENDENTISMO, NO

— A determinados sectores políticos les puede parecer extraño que

usted, y dada su condición de nacionalista catalán, esté tan

preocupado por la situación económica de todo el país, ¿podría

explicar los motivos de esta, aparente contradicción que algunos

creen observar en su comportamiento político?

— Nosotros hemos afirmado siempre que nuestro nacionalismo no es

separatismo. Y hemos demostrado no solamente interés, sino conocimiento y

voluntad de intervenir en la problemática general española o en

problemas concretos de otras zonas de España que no sean

Cataluña. Por ejemplo, dudo que haya algún partido español que se haya

preocupado más que nosotros por los problemas del desarrollo regional.

Los problemas de Almería o de Asturias son nuestros problemas. Pero, ello

no obsta para que nosotros afirmemos nuestra particularidad

histórica, cultural y lingüística dentro de España y pensemos que

en España hay diversas nacionalidades.

— Sin embargo, y a pesar de esa voluntad de participación en la resolución de

los problemas de toda España, usted sabe bien que los recelos y la des-

confianza persisten. Hay quienes en última instancia lo siguen

consideran-do como «potencialmente separatistas».

SALVAR A ESPAÑA

- Esta es una desconfianza con la que se han tenido que enfrentar muchos

políticos catalanes. Por ejemplo, Cambó, de quien nadie duda tuvo que

soportar muchos desplantes y vejaciones por este motivo. O Carner, que fue

ministro de Azaña, o Companys. O incluso, en plena época franquista, el

propio Porcioles. ( quien si se lo pregunta no se lo desmentirá. Reconozco que

a veces la relación es difícil. Por eso la última vez que ví al Rey me

limité casi exclusivamente a decirle lo siguiente: ha habido catalanes

en la historia moderna de España, como Cambó, como Carner, que

quisieron servir a España sin renunciar, antes al contrario, a su

fidelidad a Catalunya y a su nacionalismo catalán. Estos hombres en

realidad fracasaron. La historia de Cambó es conocida. La de Carner no

lo es tanto, pero basta leer el diario de sesiones de las discusiones del

Estatuto de mil novecientos treinta y dos para comprender hasta qué

punto fue denostado e injuriado. El caso es que estos hombres fracasaron,

y lo que yo le dije al Rey es que nosotros no queríamos fracasar en este

empeño de servir a España sin renunciar a nuestra fidelidad a Cataluña

y al nacionalismo catalán.

Jordi Pujol pronuncia estas palabras con fuerza y convencimiento, al mismo

tiempo que observo en él una expresión dolida. Al preguntarle si acierto al

juzgar su actual estado de ánimo como dolido, me responde:

— Bueno, hoy me encuentra usted toda-vía bajo el efecto de la votación

de las enmiendas de Ricardo de la Cierva y otros senadores de U. C. D., que me

han dejado muy perplejo. Piense que para Cataluña la enseñanza, la

lengua y la cultura son elementos básicos. Y que éstos son precisamente

los puntos concretos sobre los cuales arremetieron U. C. D y los

senadores reales. Con lo cual, dicho sea de paso, rompieron el

consenso.

— ¿Estas variaciones en el proyecto constitucional pueden hacer cambiar la

postura de C. D. C. ante el referéndum constitucional?

— Vera, si yo fuera un político más temperamental y fogoso quizá le dijese que

si. Pero ésta es una cuestión que hay Que re-flexionar y que hay que hablar

con los que convinimos los términos exactos del consenso. En todo

caso, sí es cierto que nos sentimos defraudados, porque hemos estado

explicando al pueblo de Cataluña que nuestros derechos serian

reconocidos a través de nuestro diálogo con Madrid y participando en la

labor de resolver la problemática general español. Y ahora

U.C.D. y los senadores reales parecen que quieran dar la razón

a quienes han criticado y critican nuestra política de entendimiento.

- En todo caso se trata, evidentemente, de un hecho muy grave.

- ¿Entendimiento que podrá llevar incluso, y de superarse la

actual situación creada en la Comisión constitucional del Senado, a

un Gobierno de coalición U.C.D.-C.D.C.?

- Este es un asunto que ahora no está sobre el tapete. La Prensa ha

especulado mucho sobre esto durante el verano. Lo que comprendo, pues

hay factores objetivos para ello, aunque sea un tema del que no se ha

hablado en absoluto desde octubre del año pasado.

GOBERNAR EFICAZMENTE ESPAÑA

-¿Pero cuál sería la respuesta de su partido si tuviera

que decidir sobre su posible participación en un Gobierno de coalición con

U.C.D.?

—Nosotros como partido no tenemos más política que la siguiente: pretendemos

ayudar a que España pueda ser gobernada y pueda progresar eficazmente

hacia un modelo de democracia occidental. Actitud que nos ha llevado a ayudar

en diversas ocasiones a U. C. D., ya que no vemos que España, hoy por hoy, pueda

ser gobernada por un Gobierno que se base en U. C. D. Y también nos ha llevado a

sentir preocupación por las fluctuaciones y contradicciones de U. C. D, que no

parece tener bien meditado el modelo de sociedad al cual quiere llevar al país.

Esto, en términos generales. Y en términos concretos, los objetivos de C. D. C.

son: elecciones municipales, cuanto antes; discusión y aprobación del Estatuto

de Autonomía y el inicio de la recuperación económica.

—Y estos objetivos cómo entiende que se lograrían mejor, ¿con la celebración

de elecciones generales después del referéndum constitucional o sin que éstas

se celebren?

—Nosotros no consideramos indispensable la celebración de elecciones generales

una vez aprobada la Constitución. Necesidad que entendemos que sólo se dará si

no existe la posibilidad de gobernar el

país eficazmente.

NO A LA COALICIÓN U. C. D. - P. S. O. E.

—¿Cuáles son, a su parecer, entonces, las alternativas Que se pueden ofrecer si

no se efectúan elecciones legislativas?

—Una de ellas es, no se olvide, un Gobierno de coalición U.C.D. - P.S.O.E.

—¿Y piensa Que esta fórmula gubernamental tiene alguna probabilidad de

convertirse en realidad antes de unos nuevos comicios generales?

—Mire, yo creo que el P. S. O. E., diga lo que diga, lo desea; porque el

P.S.O.E. necesita dar una imagen de capacidad de gobernar que hoy no da. Y no sé

si la desea U. C. D. En cuanto a su conveniencia, pienso que no sería una buena

solución a no ser que el país estuviese en una situación realmente muy difícil

que obligara a la plena corresponsabilidad a los dos partidos principales del

país, aún a costa de atentar contra el principio inmanente a toda democracia que

es el de la alternativa política.

—¿No podría definirse concretamente sobre esta posibilidad de entrar en el

Gobierno si fuera ofrecida en firme a su partido?

—Me ha cogido usted en un mal momento, por lo que antes le he dicho de las

enmiendas de Bailarín y de La Cierva. Pero aparte de esto, una respuesta

concreta ni es importante ni estoy en condiciones de dársela. Pero lo que sí es

seguro es que si no se produce un rechazo de la intervención política catalana

(quiero decir de los partidos políticos que no dependen de Madrid), por parte de

la clase política y opinión pública española, y si se aceptan

nuestros derechos en la fórmula que defendimos durante la redacción de la

Constitución en el Congreso, seguiremos intentando aportar nuestra colaboración

al progreso político, económico y social de España. Y como le decía antes, ni

como catalanes ni como españoles podemos aceptar el fracaso en la consecución de

este objetivo.

Está claro que Jordi Pujol, cada vez más camboniano, está dispuesto a hacer

los esfuerzos necesarios para que la democracia se consolide en España. —

Jordi DOMENECH.

 

< Volver