Autor: Medina González, Guillermo. 
   La responsabilidad del centro     
 
 Informaciones.    10/05/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 11. 

LA RESPONSABILIDAD DEL CENTRO

NUNCA en la historia política española se han definido con tanta claridad como en esta

coyuntura la posibilidad de alumbrar un sistema político basado en el predominio de la

tolerancia sobre los extremos, de la moderación sobre los radicalismos. Si a lo largo de la

historia la quiebra del centro ha dejado pendiente la revolución burguesa y la estabilización

democrática del país, lo que llamamos Centro tiene hoy una oportunidad excepcional. Frustrar

esta esperanza colectiva por oportunismo, por ¡os personalismos y egoísmos, por carencia de

generosidad personal y una visión política, sería imperdonable

El país entero ha incitado a los políticos del Centro, desde los periódicos se les jalea, y hasta

los partidos de izquierda consideran normal, cuando no necesario, como su triunfo, cuarenta

años de franquismo, el Centro aparece como tercera vía entre la derecha residual, que más

bien semeja un antipartido, y la izquierda en pubertad.

Desde quienes la ven como el punto de arranque del proceso democratizador a quienes la

conciben como la próxima futura derecha liberal y democrática, pasando por quienes entienden

que es el mal menor en unas elecciones necesariamente anómalas, ia opción centrista goza de

crédito y buena Prensa, y suscita esperanzas, incluso Fraga y un sector de Alianza se

reclaman centristas. Por otra parte conscientemente de las dificultades de la transición,

periodistas, críticos y políticos han pasado por alto muchos errores cometidos y han sido

benévolos con las impurezas del proceso democratizador. Se trataba de superar la guerra civil

y el círculo vicioso franquismo - antifranquismo, y había en aras del futuro, que no ser rígidos

ante les experiencias personales

Pues bien, concretada ya la opción Centro en unas listas de personas, llega e! momento de un

primer balance entre esperanzas, dudas y sombras. Primera constatación desilusionante. ´ e I

Centro, sociológicamente amplío y perceptible, carecía de una organización de encuadramiento

y sus hombres más representativos han sido incapaces de asumir un liderazgo colectivo de !a

marcha potencial de votantes y ofrecer una clara opción de Gobierno.

Ai final, después de discusiones interminables, los políticos del Centro, dirigentes de partidos

apenas dotados de cuadros, han sido alineados por y desde el Poder, tras haber llegado a la

negociación con éste en orden disperso y con poco que ofrecer. Ciertamente el presidente

Suárez en poco c nada facilitó la unión del Centro, pero tampoco hay que cargarle a él la

responsabilidad por las divisiones y personalismos de los partidos centristas

La realidad es que en el momento de «descolgarse» Leopoldo Calvo Sotelo, el Centro

demócrata sólo había logrado definir sus candidatos en

cuatro provincias.

Aquí, sin embargo, se impone una distinción. Una cosa es la posible justificación política de la

intervención del presidente y otra la composición de la lista de hombres de Suárez» y la presión

ejercida para introducirlos en las candidaturas. Una cosa es encabezar y aglutinar el Centro y

otra convertirlo en una multitud de incondicionales organizados como partido del Poder.

La realidad es que en la unión del Centro las personalidades, los intereses y las lealtades

personales priman sobre unos componentes ideológicos —el liberalismo, la socialdemocracia y

ia democracia cristiana— que parecen relegados a un tercer plano, y sobre el aglutinante tie un

programa político aún por definir.

En segundo lugar, la lectura de las listas de candidatos del Centro justificaría cierta perplejidad.

Un Centro viable puede y debe absorber a hombres que desde sus responsabilidades en e!

período histórico anterior lucharon por la liberalización. Al fin y al cabo, la raya divisoria en ese

sentido no está clara en un país que parece optar entre tres ex ministros de Franco (Fraga,

Suárez y Ruiz-Giménez). Pero nombres de la etapa anterior desplazan con frecuencia, en las

listas del Centro, a hombres símbolos del antifranquismo. Estos últimos son inexpertos,

retóricos, orgullosos, pero también son honestos, demócratas por convicción, y su papel podría

ser efímero, pero sustancial para la credibilidad democrática de la España nueva. Sin embargo,

provincias hay en que las listas de Alianza y las del Centro van a colocar al elector ente cierto

esfuerzo diferenciador.

Si la política es el arte de hacer posible una necesidad, !as cosas, entonces, se están

desarrollando dentro de una perspectiva política. Elecciones las habrá, y de ellas, pese a todas

imperfecionés, saldrá un Poder legitimado por las urnas. Pero eso es sólo un hito importante en

un proceso que continuará con las constituyentes. El objetivo es una constitución que sea

aceptable por la gran mayoría de los españoles, y esto dependerá mucho de que la unión del

Centro sepa administrar bien su probable triunfo relativo al 15 de junio. Después, la U. C. D.

tendrá que superar la fase de alianza de la transición para convertirse en una alternativa capaz

de ofrecer soluciones y aplicar con eficacia aceptando la alternativa de una oposición.

Dicho lo anterior, no caigamos tampoco en la simplificación de sentenciar al centro, negar su

existencia, confundirlo con la derecha, porque en sus listas electorales aparezcan demasiados

nombres «procedentes de». Madrugadores los hay en todos los partidos. Lo importante es que

el centro sea capaz de expresar, en términos políticos concretos, las aspiraciones del «centro

sociológico», que desea la modificación del esquema social y político sin caer en las soluciones

autoritarias caras a la derecha tradicional. El centro tiene que superar cualquier «tentación

derechizante>, lo mismo que la izquierda debe alejarse de los dogmatismos. La derecha quiere

atraerse el centro, Impregnarlo y desviarlo; una parte de la izquierda lo niega igualmente, lo

mete en el mismo saco con la derecha; otros, esperan ver cómo se estrella en medio de una

explosión de problemas tras las elecciones. Seguimos viviendo episodios del conflicto histórico

entre fuerzas centrífugas y tendencias centrípetas.

Por Guillermo MEDINA

 

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