Autor: Ramírez, Pedro J.. 
   Carta abierta a los compromisarios de UCD     
 
 ABC.    15/10/1978.  Página: 8-9. Páginas: 2. Párrafos: 17. 

CARTA ABIERTA A LOS COMPROMISARIOS DE U. C. D.

AUNQUE un brillante y tenaz subsecretario, que en buena lógica pronto será ministro, comentaba el otro

día que, tal y como se está planteando, «el Congreso de U, C. D. va a resultar algo mejor que si no lo

hiciéramos y bastante peor >que si lo hiciéramos en serio» soy de los que piensan que cuanto ustedes

digan y hagan a partir del próximo Jueves en el Palacio de Exposiciones va a constituir un Importante

cuerpo de obligada referencia que sin duda condicionará intensamente la evolución política de este país

durante los próximos dos años. Esta convicción es la que me impulsa a dirigirles unas tineas sin otro título

que el de haber seguido con enorme atención y simpatía eI proceso de cristalización de su partido y sin

más autoridad que la que pudiera emanar del ensamblaje de los cientos de piezas de Información que

diariamente aterrizan .sobre mi mesa de trabajo.

Quisiera, ante tocto, llamarles la atención sobre la inmensa responsabilidad que pesa sobre sus hombros.

Después de votar al Centro el pasado 15 de junio y de comprobar que varios millones de ciudadanos con

Ideas similares a las suyas —entre ellos, sus propios familiares, vecinos y amigos— habían optado de la

misma manera, ustedes decidieron afiliarse a U. C. D. por entender que se trataba del mejor camino para

influir en la construcción de la nueva España plural y democrática. Quienes como ustedes dieron ese paso

adelante, sin duda valiente y generoso, les han seleccionado ahora, a través de un proceso

escrupulosamente libre y ponderado, para representarles en este primer gran cónclave del partido.

D DEUDORES DE QUIENES

DEFENDIERON IDEAS DE CENTRO EN EL PASADO RECIENTE

Los anhelos de todos ellos. Interprétalos desde una perspectiva de buena voluntad y rectitud personal,

constituyen, por supuesto, el primer mandato Imperativo que ha de modelar su comportamiento durante

los tres días que durará el Congreso, Su compromiso moral debe Ir, sin embargo, bastante más lejos de las

coordenadas concretas de las asambleas provinciales en las que fueron elegidos. Nunca como en un

momento de transición y cambio es tan importante que seamos conscientes de que nuestro ser Individual

y colectivo no es sino una pequeña partícula Inscrita en las grandes líneas de continuidad de la historia de

los pueblos. Y si el remontarse excesivamente en el tiempo puede parecer una cursilería, volverle la

espalda al pasado Inmediato sería una mezquindad Impropia de su talante. Porque ustedes, hombres y

mujeres de la U. C. D. que desean para España un modelo de convivencia en libertad alejado de cualquier

tino de dogmatismo, son albaceas y deudores directos de quienes, en un contexto absolutamente hostil a

estos planteaml e n t o s, consiguieron mantener enhiesta durante las últimas décadas la bandera del

racionalismo personalista que sirve de base a la cultura occidental. Una bandera que ustedes recogieron a

la sombra naranjiverde del doble semicírculo hecho «pòster» e hicieron flamear triunfalmente, arrullando,

envolviendo y transportando la sonrisa amable y audaz del hasta pocos meses antes secretario general del

Movimiento Nacional. A estas alturas del proceso nadie duda de que la suerte de las fuerzas centristas

hubiera sido muy otra sin el concurso del presidente Suárez —cuya contribución al advenimiento de la

democracia le hace poseedor de un importante activo político—; pero también es preciso convenir que sus

posibilidades de arrastre se habrían visto considerablemente menguadas de no contar con el soporte de

una sólida herencia Ideológica, repetidamente contrastada a través de envidiables experiencias

satisfactorias más allá de nuestras fronteras.

Q LA HERENCIA DE GIMÉNEZ FERNANDEZ, DE RIDRUEJO, DEL GENERAL ARANDA

Hablo de la herencia de quienes, entendiendo que sus convicciones éticas les impedían apartarse de la

democracia, negaron primero su apoyo al régimen anterior y lo combatieron luego a través de

organizaciones como la Izquierda Democrática Cristiana o la Democracia Social Cristiana. Hablo de la

herencia de quienes, comprendiendo que su lealtad para con la Institución monárquica les convertía

automáticamente en defensores del Estado constitucional y del sistema parlamentario, participaron de los

afanes del Consejo privado de Don Juan de Borbón y de las actividades de grupos como Unión Española.

Hablo de la herencia de aquellos cuyo testimonio de europeísmo les valió la incomprensión, el

ostracismo, el confinamiento y otras penalidades de diversa índole. Hablo también —s ó 1 o los

maniqueos y los resentidos pueden olvidarla— de la herencia de quienes en distintos momentos de la

historia del régimen anterior trataron desde dentro, con éxito limitado, pero esfuerzos sin cuento, de

ensanchar sus fronteras, soñando hacerlas coincidir con las dilatadas fronteras espirituales de España.

Estoy hablando de Manuel Carrasco y Formiguera y de Luis Lucia, de Manuel Giménez Fernández y del

general Aranda (que aún vive), de Dionisio Ridruejo y de Jesús Pabón. Cuando los socialistas honran

orgullosos el recuerdo de Largo Caballero, Prieto y Besteiro y los comunistas tienen la desvergüenza —al

menos en lo que al actual equipo dirigente se refiere—• de hacer lo propio con Comorera, Grimau y José

Díaz sería lamentable que en el Congreso de U. C. D. se omitieran éstos y otros nombres.

Muchos de quienes compartieron sus desvelos están afortunadamente entre los vivos. Algunos como

Alvarez de Miranda, Ruiz Navarro, Antonio Fontán o Iñigo Cavero forman parte de U. C. D. Otros, sin

embargo, se han quedado lamentablemente fuera. Eso es algo sobre lo que ustedes deben reflexionar en el

Congreso, a pesar de que ninguna ponencia ni ninguna parte del programa les empuje a ello. ¿Qué es lo

que les impide contar con el concurso de Joaquín Satrústegui, José María de Areilza, Joaquín Ruiz

Giménez y tantas otras personas de similar significación? O U. C. D. es efectivamente la casa grande, de

las ideas grandes y de Jas puertas grandes en la que haya sitio para todos los españoles de centro capaces

de aportar algo a sus conciudadanos —¡y vaya si lo son los mencionados!— o la Historia les Juzgará a

ustedes como a los dóciles heraldos de una simple aventura de poder de características excluyentes basada

en la convergencia de un triste puñado de intereses personales. Es cierto que cada caso está impregnado

de peculiaridades individuales —¡ y vaya si lo están los de los mencionados!— difíciles de asimilar, que

incluso pudieran hacer inviable su estricta Incorporación a la nave del partido. A quienes tanta

Imaginación y capacidad de maniobra han demostrado en otros menesteres, bien puede exigirseles, sin

embargo, que pongan ahora sus talentos al servicio de una causa tan justa y clarificadora como ésta.

D TESTIMONIO DE LO QUE SE HABLA EN EL COMEDOR DE SUS HOGARES

Más allá de cuestiones partitulares, aunque ejemplificadoras. estoy intentándoles, en el fondo, a que

aprovechen el trascendental encuentro de esta semana para profundizar en la búsqueda de sus propias

claves de identidad. Y no se treta tanto de conformar un cuerpo doctrinal

LA FRASE DE LA SEMANA

TIERNO GALVAN:

«Suárez tiene la " obligación moral de dimitir después del referéndum constitucional»

A B´C. i D O MIN G O tï 15 ?DE QCTUBRE J>E 1978, > PAG, ft.

í Crónica semana 1

sólido—sería preciso que el Espíritu Santo desatendiera el Cónclave y se dedicara «full tire> a la U. C.

D.— como de cobrar conciencia sobre cuál es el lugar que individual y colectivamente se ocupa en él

espacio político. La decantación de una Ideologia precisa de bastante mas tiempo del que ustedes han

podido atesorar en su breve singladura —«Todavía se con•funde el progresismo dentro del partido con

nna mayor participación e intervención del Estado», comentaba resignadamente Joaquín Garrigues ayer a

«Informaciones» como botón de muestra—, pero estoy seguro de que todos y cada uno de quienes han

sido elegidos compromisarios tienen, aunque sea por vía intuitiva, una opinión formada ante la mayoría

de los apartados que componen el catálogo de los grandes problemas nacionales.

Nada sería tan positivo para su partido y para su país como que ustedes dieran testimonio en Madrid sobre

lo que lisa y llanamente piensan que debe hacerse con la financiación de la enseñanza, con la entrada en

el Mercado Común y en la O. T. A.N,. con las relaciones laborales, con el paro, con los piratas del

Polisario que capturan y asesinan a nuestros pescadores, con los terroristas que Implacablemente asolan y

esquilman una parte entrañable de la patria, con las cárceles que son feudo exclusivo de la mafia y con

tantas otras cosas que a buen seguro han sido tema de preocupado comentario en el comedor de sus casas.

Sus respuestas no tendrían el rigor científico de los grandes circunloquios, pero estarían construidas desde

la espontaneidad y el sentido común, e inevitablemente se convertirían en el norte obligado de un

Gobierno que dice representarles,

Q EL «COMPROMISO HISTÓRICO» ESTA SERVIDO

Ustedes saben mejor que nadie, porque han seguido el proceso con singular atención, que el Gobierno de

U. C. D. ha quedado relegado durante los últimos meses al papel de simple gestor del consenso. Gracias a

ello se ha podido evitar la bancarrota económica y se ha podido elaborar una Constitución discutible, pero

conciliadora. El precio ha sido, sin embargo, altísimo: la parálisis absoluta de los mecanismos de

represión contra los enemigos de la democracia —¿cuánto hace que no se detiene a los autores de un

atentado en el País Vasco?— y una política exterior de brújula loca que, como bien apuntaba el diputado

García Margallo, ha terminado suscitando de nuevo la reivindicación marroquí de Ceuta y Melilla.

Ya no hay tiempo para bromas. O la U. C. D. se convierte en un partido de alternativa con oferta política

propia, coherente con su clientela y sus raíces, o quienes le entregaron su confianza el 15 de junio

comenzarán a buscar afanosamente a alguien que defienda mejor sus Intereses. El congreso del partido y

el referéndum constitucional a celebrar dentro de cuarenta o cincuenta días constituyen a este respecto los

pivotes de una frontera Insoslayable. Muchas de las líneas de comportamiento que hasta ahora se han

considerado válidas o cuando menos tolerables deben quedar automáticamente proscritas una vez

cumplidos estos dos trámites.

Ustedes pueden argüir que eso es precisamente lo que está en su ánimo y que como la inmensa mayoría

de los hombres de Centro que ustedes conocen también piensan en esa linea, no existe peligro alguno de

que se enfile la senda equivocada. Quiero advertirles, sin embargo, que lo que se divisa desde este

observatorio es menos tranquilizador. De acuerdo con los movimientos del Gobierno y del propio grupo

parlamentario de U. C. D.. el «compromiso histórico» con el Partido Comunista empieza a ser algo más

que una posibilidad abierta. La operación que se está cocinando en algunas trastiendas de botica en las

que el bien de España queda siempre subordinado a las ansias personales de supervivencia política

consiste en bordear las elecciones generales, gobernando con el apoyo de las minorías nacionalistas y de

los diputados comunistas. Así quedó patente el miércoles en el Congreso cuando los señores que ustedes

eligieron el 15 de junio hubieron de levantarse al alimón con los comunistas, y entre los murmullos de

denuncia del P. S. O. E., para imponer, por encima de toda lógica o criterio objetivo, el nombre de Miguel

Roca como integrante de la Comisión Mixta Constitucional. Y así quedó patente el Jueves en el mismo

umbral de la «guarida» del «brujo» Abril cuando Pujol y compañía explicaron, después de haber pasado

la mañana en la sede del P. C. E., que una de las principales virtualidades de los nuevos pactos

económicos radica precisamente en que, gracias a ellos, será posible sortear las generales.

D «UN CAPOTE COMUNISTA PARA EXCITAR A UN TORO SOCIALISTA»

Toda esta maraña de intereses entrelazados quedaba perfectamente analizada en un editorial publicado

esta semana por la revista «The Economist», cuya primera frase utilizaba un Ingenioso símil taurino: «El

matador español Mr. Adolfo Suárez está siendo Incitado a utilizar un capote comunista para excitar a un

toro socialista más bien manso.» La revista añadía Inmediatamente una sola palabra: «Wrong», «Está

equivocado». Más adelante el editorial decía: «Sería una equivocación que Mr. Suárez escuchara a este

Mefistófeles ibérico Mr. Carrillo puede dirigir el Partido Comunista occidental que mas se acerca a un

partido democrático. Pero ni la mayoría de los españoles, ni el Ejército están dispuestos a aceptarlo en el

Gobierno. El P. S. O. E. es, en cambio, una alternativa de Gobierno aceptable, porque es

Incontestablemente democrático.» El título de 1a pieza era muy simple: «¡Ole!» Confio en que no sea así

como el presidente Suárez desee «asombrar» al mundo, y en concreto a nuestros aliados naturales.

Pienso, por otra parte, que los hombres de Convergencia Democrática de Catalunya, a quienes lo único

que les preocupa es poderse llevar cuanto antes el Estatut a Barcelona, se equivocan en el pronóstico. Las

generales van a tener lugar eu cualquier caso a lo largo de 1979. Desde el punto de vista de U. C. D. el

dilema es convocarlas reflexivamente y a tiempo —con grandes posibilidades de ganarlas y de mejorar

incluso los resultados del 15 de junio— o tratar de evitarlas para terminar perdiéndolas después de verse

obligados a montarlas tarde, deprisa y mal, SI alguien piensa que con la actual distribución de escaños

existe alguna combinación de poder, de espaldas a Alianza Popular y al P. S. O. E,, que pueda durar más

de seis meses, yo propongo para él el Gran Cordón de la Orden de la Ingenuidad.

El tema es, en resumidas cuentas, lo suficientemente grave como para que ustedes hagan oír su voz.

Teóricamente ése es el propósito fundamental del Congreso, que por algo es el órgano soberano por

excelencia de todo partido. No se sorprendan, sin embargo, si una vez en Madrid se encuentran de repente

inmersos en una vorágine de intereses oreados y descubren el viento de servilismo teñido de

«organizativitis» que —un ojo en la Moncloa. otro en Castellana, 3—, zarandea a muchos de los altos

cargos de U. C. D, Nada de esto debe afectarles, pues nadie les prometió nunca que la política fuera un

jardín de rosas. A pesar de todo, deben seguir adelante. Deben obrar en conciencia y atreverse a decir lo

que en muchas ocasiones han comentado que se atreverían a decir cuando llegara el momento. El

momento ha llegado ya. Es mucho lo que depende de ustedes. Buena suerte.—Pedro J. RAMÍREZ.

 

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