Autor: Ramírez, Pedro J.. 
   Destellos de charol sobre los charcos     
 
 ABC.    19/11/1978.  Página: 6-7. Páginas: 2. Párrafos: 26. 

Crónica de la semana

DESTELLOS DE CHAROL SOBRE LOS CHARCOS

EL centro de la polis se ha quedado vacio. Es la hora de los rumores cuerniformes. Los moradores del

imperio han atrancado las puertas, han encendido los televisores y se han dejado la democracia fuera. Las

trias sombras de los fantasmas familiares resbalan con las garras extendidas sobre los chaflanes de las

calles principales, precediendo, viento de desasosiegos y estandartes, al chapoteo del charol sobre los

charcos. ¿Conseguirá la heroína escapar del minotauro? Faltan tres semanas para el alba.

Fuentes policiales auguran nuevos embates terroristas antes del referéndum. Es comprensible que quienes

tanto han luchado por hacer inviable la democracia en España traten de aprovechar su última oportunidad

para evitar la instltucionalizaclón plena del nuevo Estado de derecho. El asesinato del señor Mateu no ha

sido una casualidad ni ha tenido nada que ver con su trayectoria ni sus características personales. Se

trataba de matar a un magistrado, al primer magistrado, de la misma forma que hace diez años cuando

cayó Melitón Manzanas de lo que se trataba era de matar a un comisario .de Policía, al primer comisario

de Policía.

Es posible que los agentes materiales de uno y otro hecho, entonces y ahora, hayan buscado justificación

y coartada de conciencia en los aspectos más polémicos de la personalidad de sus víctimas. Por encima de

ellos actúa, sin embargo, una inteligencia superior a la que todo lo humano le resulta ajeno y para quien lo

único que cuenta es elevar de forma constante e Inflexible el listón de lo que la sociedad está dispuesta a

consentir.

? NADIE HA CAÍDO EN LA TRAMPA DE LAS MATIZACI0NES

La gran diferencia entre el episodio que dio lugar al ya histórico proceso de Burgos y el crimen del

pasado jueves estriba en la dispar reacción de aquellas fuerzas políticas que con más o menos

convencimiento y entusiasmo conservan en sus programas el concepto de revolución y la alharaca del

inconformismo con el presente modelo de convivencia. Durante el régimen anterior lo máximo que se

podía esperar de estos colectivos, representantes de una porción respetable de la población española,

según quedó demostrado, hace año y medio al vaciar las urnas, era un apretado silencio que no dejaba de

ser benévolo para con los terroristas y gélido cuando se trataba de mirar hacia sus víctimas.

Es reconfortante observar cómo las organizaciones con mayor cuota de militantes en las largas listas de

los condenados por el Tribunal de Orden Público han estado en primera línea a la hora de repudiar el

asesinato del señor Mateu, un hombre que —según certera expresión de su tantas veces adversario, toga

en ristre, Carlos García Valdés— no hizo, lisa y llanamente, sino «cumplir con su deber». El cuerpo

social entero ha cerrado filas con asombro y con horror ante su cadaver: frente a un crimen como éste,

nadie cae ya en la trampa de interponer matizaciones dé ninguna clase.

Pero eso es algo que a los terroristas les trae sin cuidado, porque para ellos nada ha cambiado en España

ni en los últimos mil días ni en los últimos diez años. Sean cuales sean las libertades públicas, sea cual sea

el nivel de autonomía, su comportamiento seguirá, siendo el mismo en la medida en que perduren los

designios de quienes Instrumentan su utopía, ¡Qué absurda iniciativa la de la manifestación de la semana

pasada en la que marcharon codo can codo la oposición y el Gobierno

¿Hacia quién iba dirigida su llamada? Los terroristas vocacionales se creen depositarios de la verdad y

consideran a todos sus semejantes en el error. Los profesionales del crimen hace tiempo que dejaron atrás

cualquier escrúpulo. Unos y otros sacarían brillo a sus armas con los recortes de periódicos que

explicaban cómo cientos de miles de españoles se habían lanzado a la calle pidiéndoles que las

enfundaran.

D EL P. S.O.E. DEBERIA CESAR A JOSE MARIA BENEGAS

Aquí, y en cualquier lugar del mundo, la única forma de luchar contra el terrorismo es la represión

policial, el legítimo uso de esa «violencia institucional» que tanto encorajina y obsesiona al limitado

sector de la población vasca que tiene en el señor Bandrés su portavoz más cualificado. El síndrome de la

locura es, sin embargo, contagioso y parece haber ganado terreno en las últimas horas. ¿Cómo explicar si

no

Gutiérrez Mellado

la disparatada reacción de algunos guipuzcoanos y vizcaínos ante la circunstancia de que por primera vez

en muchos meses se haya Invertido la relación víctima-verdugo entre los agentes del Orden y sus

habituales agresores, en un contexto, por lo demás, Inapelablemente claro? ¿Cómo comprender si no la

irresponsable toma de actitud de José María Benegas, tan alejada de la serenidad y la valentía de su

análisis de hace unas semanas en el Club Siglo XXI?

Debería ser el Partido Socialista quien de forma fulminante ordenara su dimisión como titular de la

Consejería del Interior del órgano pre autonómico vasco. Y paira justificar esa decisión le bastaría hacer

un sondeo entre sus electores de Teruel, de Badajoz o de Zamora. Las cosas están llegando a un nivel en

el País Vasco que cada vez son más los españoles —pregunten ustedes sobre todo en Navarra, en

Cantabria o en la Rioja— que en lo más íntimo de su corazón hacen suyo aquel pensamiento absurdo y

extremista de Goldwater, cuando dijo que le gustaría aserrar el Oeste de su patria —la para él perversa y

corrompida California— y dejarlo perderse a la deriva en el océano.

Unase a todo esto la psicosis de miedo cada vez mas palpable ante la proliferación de la delincuencia

común y se completará un panorama verdaderamente desalentador. Puede que lleve razón Rodolfo Martín

Villa y que el aumento de los homicidios, robos, vejaciones y demás actos de pillaje sea menor de lo que

parece. Pero el clima ciudadano es fundamentalmente el conjunto de una serie de impresiones que nadie

sabe bien de dónde nacen y que rápidamente, si son certeras, provocan reacciones en cadena. No es del

todo justo derramar sobre el mismo vaso la acción de una banda de navajeros y la huelga general de

Guipúzcoa, pero es el hombre de la calle quien desgraciadamente llena así la coctelera.

En uno y otro ámbito el Gobierno viene mostrándose altamente ineficaz. O al menos lo parece, y

entramos de nuevo en el terreno de los mecanismos de la formación de la opinión pública. Suárez

proyecta la impresión de estar jugando una partida de ajedrez en´la soledad de la Moncloa —¿elecciones o

Investidura?, ¿pacto con los comunistas o acuerdo con los socialistas?, ¿ministros «traidores» a la calle o

ministros «traidores» en el Gobierno?—, completamente ajeno a un país real que se le desmorona. La

oposición revolotea en torno al tablero sin ofrecer soluciones de recambio. Hace tiempo que se desconfía

de los

ABC. DOMINGO, 19 DE NOVIEMBRE DE 1978.

Crónica de la semana

El jueves por la mañana, un grupo de oficiales del Servicio de Información advirtió personalmente al

presidente de la existencia del complot

políticos y empieza "a desconfiarse del propio sistema. Gustará o no, pero así es como es.

? LAS FUERZAS ARMADAS, TRAS LAS BAMBALINAS

Precisamente en momentos difíciles como éste es Imprescindible que aquellas Instituciones que por su

naturaleza específica constituyen los pilares básicos del orden social sepan mantener la cabeza fría para

discernir entre lo fundamental y lo accesorio. Lo fundamental es que sólo en un marco de reconocimiento

y plasmación real del principio de la soberanía popular, sólo en una democracia, quedan garantizadas la

dignidad de la persona humana y su depecho a perseguir la felicidad. Lo accesorio probablemente sea el

mal funcionamiento de algunas de las piezas que aquí y ahora constituyen nuestro engranaje de

•autogobierno.

Cuando el próximo día 6.los españoles refrenden masivamente la Constitución, habrá quedado rematado

un proceso de transición sin par en la historia de los pueblos que más allá de nuestras fronteras no

suscitan sino respeto y admiración. Tras las bambalinas permanecerán entonces, como ahora, como a lo

largo de todo este tiempo, asegurando el desarrollo de tan singular representación, nuestras abnegadas

Fuerzas Armadas. Cuando los hijos de nuestros hijos reciban dentro de cincuenta años el legado de la

sociedad próspera y libre que nosotros queremos y podemos construir, su principal agradecimiento deberá

dirigirse a una ejemplar generación de militares que en circunstancias dramáticas y difíciles supo asimilar

y garantizar el cambio político que exigía la modernización de España.

Símbolo y resumen de todos estos jefes, oficiales y suboficiales, la figura del teniente general Gutiérrez

Mellado significa el naturad ensamblaje del racionalismo que mueve a la sociedad española de hoy con

las demás virtudes específicamente castrenses. Militar mil por mil —ésa ha sido su propia

autodefinlclón—, el ministro de Defensa subordina todos sus pasos a aquello que considera mejor para su

Patria y los instrumenta a la luz de esa Intangible disciplina, por la que se siente obligado y por la que

obliga a los demás. Esas son sus grandes líneas de continuidad, más allá de escaramuzas y de anécdotas.

Los destellos, justamente adjetivados como «descabellados», que de forma súbita han planeado sobre los

lodos de las últimas lluvias, no deben tampoco soslayarse. El Gobierno está obligado a sacar enseñanza

de este tipo de expresiones por muy arcihiminoritarias e innocuas que resulten. Es urgente una nueva

estrategia por parte de quienes administran el ejercicio del poder que desemboque en fórmulas más

operativas ante los gravísimos problemas del país. Sólo así podrá quedar el nuevo orden democrático

definitivamente amparado de situaciones limites, cuyo advenimiento casi nadie desea.

D EN NINGÚN MOMENTO SE PENSÓ EN EL SECUESTRO DEL REY

Junto a estos comentarios es Importante hacer algunas significativas precisiones sobre los sucesos que

durante las últimas horas han conmocionado a la «gran familia militar», que así es como llama Gutiérrez

Mellado al Ejército. Todo comenzó el jueves por la mañana cuando un grupo de oficiales del Servicio de

Información Militar solicitaron ser recibidos con urgencia por el presidente Suárez. Este accedió y fue

informado de que había sido detectado un complot en el que podrían estar Implicados numerosos jefes y

oficiales.

Es entonces cuando Gutiérrez Mellado regresa súbitamente de Murcia en helicóptero, reuniéndose con el

presidente en la Moncloa. Entretanto, el presidente del Consejo Supremo de Justicia Militar, teniente

general Gómez de Salazar, ha recibido el encargo de realizar una investigación al efecto. De acuerdo con

sus instrucciones, los presuntos encartados son interrogados por sus superiores inmediatos. El mismo

jueves por la noche se tienen ya datos fehacientes de lo ocurrido y todo el «dossier» pasa a manos del

capitán general de Madrid, teniente general Latorre Pascual.

Al parecer, de acuerdo con tal Informe, solamente el teniente coronel Tejero y el capitán Instrilla estaban

realmente Implicados en la conspiración, la cual quedó en evidencia al rehusar el coronel López de

Vicuña —al mando del Regimiento de Infantería Alcázar de Toledo 61— sumarse a la iniciativa,

denunciándola ante sus superiores. El supuesto plan de Tejero e Instrilla consistía en entrar en el Palacio

de la Moncloa el viernes por la tarde, pensando en que allí podría encontrarse el Gobierno en pleno, por

ser éste el día habitual de los Consejos de Ministros. En ningún caso llegaron a plantearse el secuestro del

Rey ni ninguna otra acción contra su persona. Su acción estaba de hecho prevista para un momento en el

que el Rey ya no estaría en territorio nacional.

D NADIE SECUNDO AL GENERAL ATARES

Gutiérrez Mellado regresó a la reglón levantina al día siguiente con la lógica preocupación ante lo

sucedido. La reunión del Cuartel General de Instrucción de Marinería de Cartagena transcurría de forma

distendida cuando el capitán de corbeta Casado pidió permiso para hacer una pregunta. El ministro de

Defensa se lo dio y comenzó a leer un papel que traía preparado con todo tipo de disquisiciones sobre la

historia española contemporánea. En el momento en que se referia a la Constitución, calificándola de

«divorcista y atea», Gutiérrez Mellado le interrumpió explicando que eso no era una pregunta, sino una

arenga.

En ese Instante, presa de gran excitación, el general Atares comenzó a dar vivas a España, a Franco y al

Ejército. Un limitado sector de los asistentes, concentrado en las primeras filas del salón, le aplaudió, aun

cuando no estaba demasiado clara cual era su intencionalidad. Gutiérrez Mellado le ordenó callar y le

pidió que saliera de la sala. Se afirma que fue entonces, éste es un detalle Importante, cuando Atares se

volvió desde la puerta, llamándole «traidor». El ministro de Defensa mandó llamar al teniente general

Milans del Bosch y éste a su vez dio Instrucciones para que dos generales arrestaran a su colega.

Gutiérrez Mellado se dirigió a los que´ antes habían aplaudido —todos estaban ya en posición de firmes—

y les Indicó que si alguien estaba de acuerdo con Atares debía abandonar el recinto. Nadie se movió. La

mayoría de los presentes, en especial los oficiales más jóvenes, aplaudirían en seguida calurosamente el

comportamiento de Gutiérrez Mellado. El coloquio continuó durante un buen rato y tuvo como colofón

un almuerzo de hermandad en el que el teniente general departió animadamente con sue subordinados.—

Pedro J. RAMÍREZ.

 

< Volver