Autor: Jiménez Blanco, José. 
 La Unión del Centro Democrático. Pros y contras (II). 
 Ideologías y partidos     
 
 Ya.    09/06/1977.  Página: 5-6. Páginas: 2. Párrafos: 8. 

La Unión del Centro Democrático. Pros y contras (II)

IDEOLOGÍAS Y PARTIDOS

EMPECEMOS por reconocer un hecho palmario en estas elecdones: partidos políticos, lo que se dice

partidos políticos, no hay más que uno organizado, y es el PCE. Los demás, por no tener clara la parte del

electorado del que pretenden obtener el voto, se presentan con una Ideología difusa, en que, por ejemplo,

el socialismo ya no es proletario, quiere apelar a las clases medias, y en esta búsqueda de votantes se

desdibuja lo que sería normal que se considerase como la ideología propia de un partido "de clase". Esto

se podría decir también del PCE, sólo que al haber mantenido en la, clandestinidad unos cuadros de

líderes activos, al menos en punto a organización no han partido de cero. De cero han partido todos los

demás en este punto de la organizado»: falta "maquinaria" de partido, o sí se quiere, burocracia de

partido; sin ella es inútil pretender luchar en una campaña, electoral moderna. A lo más que llenamos es a

partidos de la oportunidad (ojo, que no utilizo la palabra "oportunismo"). A lo que me refiero es al alto

grado de improvisación con que, ante la oportunidad de las elecciones, se han presentado formaciones

políticas todavía inmaduras o, lo que es peor, dudando afanosamente en busca de quién podrá ser el

español que los vote. De esta clasificación de partidos de la oportunidad no excluyo ni siquiera al PCE.

Pero lo peor no es que no haya partidos organizados, lo cual puede requerir un tiempo del que no han

dispuesto; lo peor es que no tengan una clara, definición ideológica desde la cual articular un programa

coherente.

Para ello si han tenido tiempo. Pero asistimos, en estas elecciones, al "travestí" político, sobre todo en los

partidos de izquierda, que consiste en camuflar las exigencias propias de Su ideología en planteamientos

de los que se suelen considerar como "moderados"—todo el mundo quiere aparecer como moderado—,

ocultando sus verdaderas metas e intenciones. Al menos eso es lo que se desprende de la lectura de sus in-

concretos y contradictorios programas.

AHORA bien, y es un "contra" de los que me propongo analizar, la Unión del Centro Democrático

aparece como la coalición—en contra de lo que se dice—de tres ideologías perfectamente claras en todo

el mundo occidental: los liberales, los social-demócratas y los demócratas cristianos. Estas ideologías

están perfectamente definidas en todos los países de la Europa occidental y no tienen en España

caracteres diferentes de los que tienen en esos países. No tienen que camuflar nada ante el electorado,

porque saben claramente que se dirigen o, una parte de la población—Las capas medias, que son la

mayoría—, y no tienen que hacer acomodos oportunistas de sus programas, a la caza del elector

despistado, indeciso o confuso porque sus votantes son un sector muy específico de lo, estructura social

de España.

Sin embargo, como partidos organizados, estas tres ideologías se encuentran ante estas elecciones con un

potencial electoral muy elevado, pero sin la burocracia que ¡os convertiría en una gran coalición electoral,

supuesto que la perfecta compatibilidad e incluso afinidad de las tres ideologías es cosa que no ofrece

dudas. Por otra parte, la organización de la militando, respecto de estas capas medias de la sociedad, tiene

caracteres peculiares. Comulgan en estas ideologías, están dispuestas a votarlas y lo harán, pero no se

espere de tilas que concurran o mítines verbeneros o cosas por el estilo. El tipo de propaganda típico de

este electorado es, por ejemplo, el debate televisado o en la radio, las publicaciones y otros medios de

propaganda más intelectualizados, de acuerdo con su nivel cultural, y no la apelación desmelenada, la

violencia verbal o el gritería emocional. En este sentido creo que la Unión del Centro Democrático en esta

campaña electoral no ha utilizado al máximo los procedimientos de propaganda política adaptados a su

electorado potencial. Lección a aprender en el futuro.

PERO si lo que refiere a las ideologías está claro—o, al menos, a mí me lo parece, y tengo la impresión

de no estar solo—, su organización como partidos con posibilidades de organizar una campaña electoral

de captación de votos era mínima en esta ocasión. Las ayudas del exterior, sobre todo alemanas, han ido a

otros sectores políticos, que, sin duda, han considerado más rentables. (Por ejemplo, en alguno de los

partidos en que todo el mundo sabe que Alemania ha hedió una fuerte inversión, no se habla para nada de

nacionalizar la industria farmacéutica, en que la presencia alemana en España — como es sabido — es

muy importante. El Partido Democrático Popular, sin semejantes ayudas, ha podido permitirse el lujo de

incluir en su programa la, nacionalización de esa industria. El PDP forma parte de la UCD.)

El potencial electoral estaba muy claro, pero su conexión directa con su electorado resultaba difícil sin

contar con los medios necesarios de una campaña electoral moderna. De ahí surgió la primera idea de

crear el Centro Democrático: la de unir sus escasos recursos los partidos liberales, social-demócratas y

demócratas cristianos, junto con el Partido Popular, que nació con una, clara apelación al centro, a la que

más tarde se fueron uniendo otras formaciones políticas y a la que, finalmente, dio forma definitiva, la

presentación del presidente Suáres, como candidato independiente, pero dentro de la nueva Unión de

Centro Democrático. Todo este pro. ceso de reunión de grupos afines y perfectamente compatibles ha

sido el que ha hecho posible que las tres ideologías de partida robustezcan su presencia electoral y

comparezcan ante los comicios como una coalición claramente identificable por el electorado,

principalmente el electorado al que la Unión se dirige—las capas medias, mayoritarias, como ya he dicho

antes—.

Se me dirá que la democracia cristiana o los social-demócratas no se encuentran sólo en la UCD. Lo cual

es cierto. Pero no como partidas de centro, con pretensiones de derecha ni de izquierda. En esto hay que

ser rotundo: ni el PCE, ni el PSOE, ni la Federación Democracia Cristiana, ni Alianza Popular, son

partidos de centro, aunque—a conveniencia—así se quieran presentar en occisiones. La Democracia

Cristiana realista, en España, es un partido de centro, y el antiguo nombre de Izquierda Democrática de

una de las formaciones de la Federación Democracia, Cristiana no es sino un elemento más de confusión

en un panorama electoral ya. de por sí confuso. Las pretensiones de social democracia del PCE y del

PSOE, cuando les conviene presentarse asi hoy no sería mal tema de análisis las diferencias del contenido

de las intervenciones de estos partidos y afines en ideologia, según se trate de hablar en televisión o en un

mitin multitudinario: del radicalismo más rabioso a la moderación más comedida sólo median loa focos y

las cámaras de TV), no ofrecen credibilidad alguna. No hay más social-democracia que la que forma parte

de la UCD, y nuestros vecinos de Europa, puestos a reconocer en sus internacionales a unas u otras

formaciones españolas, más parecen haber considerado la rentabilidad de su inversión que el contenido de

ideologías y programas. El tiempo dirá si la elección de este grupo o el otro estaba fundado en razones

objetivas, y no en motivos espúreos.

La presencia de Suarez, en lo coalición- y esto es otro "contra" de los que se esgrimen—resta carácter

inequívocamente democrático y no franquista al primitivo Centro Democrático. En esto hay que ser muy

claro: 1º) Al haberse producido el proceso de cambio de régimen hacia la democracia por vía de reforma,

y no de ruptura, hay que contar con los españoles que sirvieron al anterior régimen. 2º) Es exigible de

éstos una sincera conversión a la democracia, cosa que Suárez: ha demostrado con ¡os hechos—tales

como la ley de Reforma Politica el reconocimiento y la legislacion de los partidos politicos, el reconoci-

miento y la legalizacion de las centrales sindicales libres, la amnistia, etc. Quien dude que esos hechos

son credenciales de democratismo sencillamente miente. 3.Si nos tenemos que creer que Fraga y Alianza

Popular. Carrillo y el Partido Comunista, e incluso el PSOE, son democratas, cuando ,su pasado dice

exactamente lo contrario, no sé por qué no nos vamos a creer que, Suárez y los hombres del presidente"

son demócratas. En España ha habido una transición hacia la democracia, masivamente manifestada en el

referéndum del 15 de diciembre, y sólo el que quiera, excluirse de este movimiento histórico de los es-

pañoles hacia, la democracia — como un Blas Piñar—queda en entredicho en cuanto a democratismo. Si

una vez más queremos volver al triste, pero repetido episodio español, de las prueban de "limpieza de

sangre", advierto que tengo un "dossier" sobre manifestaciones no-democráticas salidas de todas esas

formaciones y líderes políticos, ahora, "demócratas de toda la vida". Del mismo modo que antifranquista

no equivale necesariamente a democrático, tampoco el haber colaborado con el franquismo, sobre toda en

sus últimas fases, en que se vivio en un clima de apertura—¿lo recuerdan?: hace muy poco tiempo—.

equivale a no-democrático. Como nunca he colaborado en nada, con el franquismo personalmente, puedo

entender este proceso con toda objetividad. Hay mucha gente que, habiendo colaborado con Franco, en

vida de éste, ya estaban claramente por la democracia. Suárez era uno de ellos, y lo mismo se puede decir

de los llamados "hombres del presidente" en las listas electorales. La misma indulgencia que se aplican a

sí mismos los otrora totalitarios de todos los signos, apliquensela por coherencia a Suárez. Sin Suárez no

estaríamos a punto de celebrar unas elecciones generales. De haber seguido el retórico camino de la

ruptura—de la que, supongo, que por vergüenza ya no habla nadie—no nos encontraríamos en vísperas

electorales.

José JIMÉNEZ BLANCO

 

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