Autor: Ramírez, Pedro J.. 
   Una nueva opción política     
 
 ABC.    12/11/1978.  Página: 6-7. Páginas: 2. Párrafos: 17. 

ABC. DOMINGO, 12 DE NOVIEMBRE DE 1978. PAG. 6

UNA NUEVA OPCION POLITICA

HACE oproximadamente seis meses escribí en estas mismas páginas que la creación de ese partido

conservador — moderno, democrático, y europeo — que necesita nuestro país, en aras de que todos los

ciudadanos encuentren una opción satisfactoria dentro del espectro político, pasaba por la «voladura

•controlada» de Alianza Popular.. A los pocos días tuve la oportunidad de charlar con Manuel Fraga en

uno de los últimos asientos del mismo avion en el que viajaba el presidente Suárez — a pesar de que

llegaron a rozarse físicamente, ni siquiera intercambiaron el más leve saludo — , al término de la

campaña electoral de Asturias y Alicante Acribillándome en seguida con la imparable bayoneta áe sus

fonemas desprovistos de vocales. Fraga me advirtió: «Mi querido amigo, le aseguro a usted que aquí no

va a haber ninguna voladura, ni controlada ni sin controlar, Y la próxima vez, antes de escribir, haga

usted el favor de consultar con las fuentes adecuadas,´»

Estoy seguro de que su reacción y su valoración sítuacional serían las mismas si ese encuentro se volviera

a producir pasado mañana. Para ello me obliga a pensar que teníamos y tenemos en la cabeza cosas

distintas al encarar el concepto de «voladura controlada». Porque yo, en cambio, pienso que ese

fenómeno se ha desencadenado ya de forma plena, e incluso podría quedar felizmente rematado en el

curso de las próximas semanas.

Ni entonces ni ahora quería yo decir que Alianza Popular —su infraestructura, sus locales, sus fuentes de

financiación, su militància— tuviera que saltar en mil pedazos para que sus cenizas fueran arrojadas al

mar en medio del fasto y regocijo de un puñado de nacionalsindicalistas readaptados vía «tratamiento de

shock». Mi sugerencia tenía, por el contrario, mucho que ver con la «Carta Abierta» que cincuenta días

después de las elecciones generales Hugh Thomas dirigió a Fraga a través del «Diario de Barcelona».

«Usted dijo que deseaba crear en España un partido conservador liberal», le .recordaba «Propósito

excelente y loable. ¿Cómo puede realizarse esto? Únicamente puede hacerlo usted, me parece a mí,

ampliando su base, haciendo un mayor llamamiento al Centro, e incluso, finalmente, a algunos votantes

de] ala izquierda, que después de un año o dos se desilusionen del actual Gobierno.»

Thomas, que terminaba recordando algo tan esencial como que «un partido democrático de la derecha es

tan importante en un país libre como uno de la izquierda», había dejado caer unas líneas antes la idea

medular de la pieza: «Como jefe incontestado de Alianza Popular y el hombre más capaz, políticamente

hablando, dentro de ella, lo más seguro es que esté pensando en cuál será la mejor forma •para deshacerse

de las asociaciones del pasado.»

D El ECLIPSE DE LOS «SIETE MAGNÍFICOS»

Será discutible el grado de voluntariedad con que la presunción del historiador inglés —en el séquito

político de Mrs. Thatcher durante su reciente visita a España con motivo del Congreso de U.C.D.— ha

ido plasmándose en la realidad, pero el hecho irreversible es que los «siete magníficos» ya noexlsten y

que López Rodó es el único de ellos que se mantiene, al lado de Fraga, aceptando el segundo plano con

una serenidad y una prudencia tal vez inesperadas. Es inevitable encadenar, por otra parte, cual decorados

de una misma trama, tres episodios aparentemente desvinculados entre sí. Me refiero a la decisión de

Fraga de presentar a Santiago Carrillo en el Club Siglo XXI, al accidentado Segundo Congreso Nacional

del partido, en el que fueron elegidos los actuales órganos directivos y quedó aprobado el presente

programa Ideológico y, por último, al trascendental voto afirmativo a la Constitución formulado en el

Pleno del Congreso.

En los tres casos, el desenlace del tira y afloja interno ha sido*, favorable al sector progresista encabezado

por Félix Pastor —sería injusto silenciar los nombres de Carlos Argos, Isabel Barroso y Guillermo

piera—, que ha logrado colocar de forma sucesiva una serie de cargas de dinamita destinadas a limar

aquellas aristas rocosas que más rechazos generaron el 15 de .junio de 1977. Aunque Fraga no lo

reconocerá jamás, ha sido una especie de marcha atrás en la historia última, como quien desenreda la

madeja de los propios errores. Lo que ahora queda de Alianza Popular vuelve a parecerse bastante a

aquella Reforma Democrática inventada junto al Támesis —seria el momento oportuno para la vuelta al

redil de algunos valiosos desengañados que han buscado refugio en una operación parapolítica a plazo

excesivamente largo—, y está, por lo tanto, de nuevo en condiciones de pactar con aque

Fraga Iribarne

líos sectores de la derecha española dispuestos a mirar tan sólo hacia adelante y a hacerlo sin más lente

que la de la partitocracla parlamentaria.

D EL «LEÓN DE FUENGIROLA» HACIA EL CONGRESO

Sólo la inquina un tanto irrraclonal —en algunos casos comprensible— que obnubila a bastantes de mis

compañeros cada vez Que han de ligar en una misma baza la sota de copas de la democracia y el caballo

de espadas de la derecha, y me refiero por Igual a quienes sirven a la reacción y a quienes no llenen otro

código que el de la falsa «progresía», explica el tratamiento distorsionado que han merecido el «sí» de

Fraga a la Constitución y la subsiguiente fractura de Alianza Popular. Personalmente pienso que se trata

del último gran acontecimiento de estos mil cien días de transición que concluyen con el referéndum, en

la medida en que significa un importante corrimiento de tierras que ha de desencadenar otras fallas y

taludes en toda la orografía política posconstltucional.

La postura de Fernández de la Mora y Federico Silva resulta tan curiosa —abracadabrante en el caso del

segundo— como resipetable y legítima. Se trata, eso sí, de una actitud nítidamente diferenciada de la

sostenida por quienes durante casi dos años han sido sus compañeros de peripecia pública, que exige una

bifurcación inmediata de trayectorias. Nada tan lógico como Que estos líderes se agrupen en un partido de

«derecha dura», en compañía del señor Girón y de todas aquellas personas que comparten su análisis

insoslayablemente renuente al texto constitucional

La fractura de Alianza Popular abre las puertas a un pacto poselectoral insospechado hace apenas quince

días aprobado. Tan sólo sería de desear Que el presidente de la Confederación de Combatientes no

Insistiera en asignar el monopolio del «fervor español» a aquellas fuerzas que respondan a su

convocatoria lanzada anteayer desde la primera página de «El Alcázar» y que, por otra parte, esta nueva

formación surja con vocación de presencia parlamentarle. ¡Ojalá tengamos al «león de Fuengirola» en la

próxima legislatura, y ojalá el sucesor de Letamendía pueda permanecer en su escaño hasta el término de

la presente!

El movimiento de convergencia política que consecuentemente Fraga, Areilza y Osorio tiene la

obligación de ultimar en ej más breve plazo de tiempo posible no es, por lo demás, sino aquella que

estuvo a punto de quedar sellada tanto antes como después de la muerte de Franco, y que sólo frustró la

valoración engañosamente alcista que cada uno de los Implicados hizo de sus propias expectativas de

poder. Si la racionalidad, el patriotismo y el sentido del deber de quienes tan atosigantemente proclaman

guiarse por tales patrones Imperan sobre sus miserias naturales, todo parece indicar que los españoles van

a contar en la próxima convocatoria electoral con una nueva opción política, una opción que no tuvieron

ante sí en las pasadas generales. Quienes descarten las alternativas socialista y comunista podrán decidir,

pues, entre tres ofertas de cierta consistencia y ámbito de actuación estatal: la de la derecha inmovllista,

que podría llegar desde Blas Pinar hasta Silva; la de la derecha reformista apoyada en el baqueteado, pero

sólido trípode de los primeros espadas mencionados y, naturalmente, la de la fortalecida y radiante U.

C.D., que, con todo merecimiento, podrá capitalizar los muchos aspectos positivos de su gestión de

Gobierno.

D DEFENDER NORMANDIA Y A LA VEZ ATACAR STALINGRADO

Es posible que algunos de los miembros del clan centro-izquierdista que el mes pasado recibió el encargo

de administrar durante dos años el programa de centro-derecha, aprobado en el Congreso del partido en el

Poder, se muestren contrariados por el desarrollo de los acontecimientos. Está claro que a ellos les

hubiera gustado continuar encestándose por los siglos de los siglos los votos sonámbulos de una derecha

democrática permanentemente despistada, sin la necesidad de hacer la menor concesión ni a los

ciudadanos que se sitúan en ese registro ni a sus líderes naturales. Tal vez les toque pronto darse de

golpes contra la pared, pensando que hubiera bastado un poco de generosidad y comprensión para que

Areilza y el propio Osorio se hubieran reencontrado a sí mismos en un centro del que nunca se les debió

dejar salir.

Las bases centristas pueden sentirse, en cualquier caso, de enhorabuena. Porque si bien es verdad que a

corto plazo habrán de afrontar una Inesperada competencia, altamente cualificada, por su flanco derecho,

viéndose abligados a defender Normandía a la vez que atacan Stalingrado, también es verdad que a medio

plazo va a quedar abierta una suculenta posibilidad de pacto de Gobierno con la que no podían ni soñar

hace apenas un mes. Soy consciente de que la sola mención de esta posibilidad debe de meterles el sudor

en el alma a algunos de esos «condottieros» con vocación de arcángeles espadones que han proliferado

dentro de la U. C.D. y ahora medran en la convicción de que preservar los lindes del Paraíso equivale a

preservar sus boletos .para la próxima rifa de aquellos Ministerios cuyos titulares le .gastan al presidente

bromas tan pesadas como la de querer presentar una lista alternativa en un Congreso democrático. Hasta

los más flamígeros de entre ellos deben darse cuenta, sin, embargo, que ni siquiera el «gran señor de la

Moncloa» es capaz de convencer a quienes han pagado .la entrada del teatro —que la «claque» aplauda

no tiene ni mérito ni significado— que Monsieur Areilza, que dejó a la ultra-derecha sin huevos podridos

durante el primer Gobierno de la Monarquía, y Mister Osorio, que posibilitó la construcción y ejecutoria

del segundo Gobierno de la Monarquía —tan occidentales y educados ellos—, están mucho más alejados

del propio proyecto político que el dilecto camarada Carrillo y la circunspecta camarada Pasionaria.

D DOSIFICAR LA EXPOSICIÓN PUBLICA DE FRAGA

La sacrallzación del sistema proporcional a través de consenso constituyentes —Abril le debía haber

intentado cambiar a Guerra tres o cuatro docenas de artículos y un par de tebeos del Jabato por el bendito

«ballotage»— descarta la estrategia de los pactos preelecto rales que, equivocadamiente, proponían los

epígonos de la «Nueva Mayoría». Cierto que concurriendo separadamente se dilapidan los balsámicos

efectos de la regla D´Hondt, pero también lo es que ésa parece la única manera de cubrir un espectro lo

suficientemente amplio como para componer un Gobierno estable. La derecha democrática perdería los

votos más conservadores si presentara listas conjuntas con la U.C.D. y otro tanto le ocurriría al partido en

el Poder con los sufragios más progresistas. Pero lo de menos es que el reparto sea «fitly» —«fifty» como

en Francia o algo parecido a ese ochentaveinte o ese noventa-diez previsible aquí—, que nadie espere el

milagro de los panes y los peces porque Motrico y Fraga se hayan puesto, por fin. de acuerdo; lo

importante es que la suma sea cien, y de ahí para arriba. Ya se encargará la Historia de Ir estableciendo

los oportunos trasvases de votos, de acuerdo con el signo de los tiempos.

Además de este realismo básico —y de un nombre medianamente feliz para el nuevo tenderete—, la

estrategia expuesta en los párrafos anteriores exige, desde mi punto de vista, dos decisiones Inmediatas: la

primera significaría la suspensión unilateral de las hostilidades hacia U. C. D. —la reciprocidad tardaría

en llegar, pero sería inevitable—, y la segunda, una adecuada dosificación de la exposición pública de

Manuel Fraga. No estoy propugnando, ni mucho menos, su apartamiento de la política o su marglnación

de los órganos de gobierno de la coalición resultante, sino, simplemente, la sujeción de todos sus actos y

gestos a un férreo control táctico, del que él sería el primer beneficiario. No en vano le explicaba en 1974

Giscard d´Estaing a un reportero de «Time» que «el estilo es la estética de la acción». Y no en vano,

añadiría yo, la estética, la razón de ser de cualquier tipo de «marketing».— Pedro J. RAMÍREZ

LA FRASE DE LA SEMANA

FELIPE GONZÁLEZ:

«Carrillo

propuso

al presidente

Suárez

crear un

super

gobierno»

 

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