Autor: Zabala, José Luis. 
   El partido gubernamental     
 
 Diario 16.    02/06/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 18. 

£1 partido gubernamental

José Luis Zabala

La operación Unión del Centro, antes Centro Democrático, ha constituido una ópera wagneriana —

decimos wagneríana por su duración que no por su grandiosidad— con música de ´"Habla, pueblo, habla"

y desarrollada en los siguientes actos:

Acto 1.°—En el que se impide la creación de una coalición electoral independiente, con sonada

defenestración incluida.

Acto 2.º—En el que se constituye la coalición electoral Unión de Centro Democrático. Variante A,

frustrada: con el compromiso de constituir después de las elecciones un solo partido. Variante B, lograda:

con el compromiso de apoyar la política de reforma del presidente después de las elecciones.

Acto 3.º—Aterrizaje en la coalición de los hombres del presidente, los llamados independientes (?), de

forma multitudinaria y colocándose en lugares privilegiados en las candidaturas. Esta colocación, como es

lógico, va en detrimento de los candidatos del Centro sector histórico.

Acto 4.°—En el que los representantes de cada candidatura provincial acuden a rendir pleitesía al

candidato-presidente. Es de destacar la ausencia de los presidentes y secretarios generales de los partidos

que constituyen la coalición.

Acto 5.°—En el que nuestros pueblos y ciudades se plagan de carteles con la foto del señor Suárez y la

leyenda: Vote Centro.

Hasta aquí la ópera. A partir de aquí empieza el futuro, lleno, por cierto, de interrogantes. Porque si el

"happy end" previsto por el letris£a está bien claro, no lo es tanto que todos los actores vayan a

desempeñar su papel hasta el final, según estaba escrito. Dicho en otras palabras, van a seguir los partidos

y personas hoy integradas en la Unión del Centro apoyando al señor Suárez después de las elecciones?

Para que esto se produzca, tienen que concurrir a mi juicio determinadas circunstancias.

En primer lugar, los partidos coaligados deben obtener en el Congreso y Senado el número suficiente de

escaños para que les compense él enorme sacrificio que ha supuesto hacer sitio a los llamados

independientes. Si así no fuera, las tensiones internas en estos partidos serían tan grandes que podrían

poner en peligro su propia existencia. En todo caso, supondrá un delicado momento para sus ejecutivas.

En segundo lugar, los partidos coaligados precisan conseguir una parcela de poder satisfactoria en el

Gobierno y la Administración del Estado. Pienso en tantos candidatos que han debido retirarse y que

esperan la compensación de una dirección general, subsecretaría o cargo similar.

En tercer y último lugar, lo más importante: coincidencia en la declaración de Cortes constituyentes, así

como en las líneas básicas de la Constitución a elaborar. En este punto, cabría pensar que los partidos

coaligados se sintieran desvinculados del compromiso suscrito por entender que el proyecto

constitucional del presidente no cumple los requisitos de plenitud democrática por ellos exigidos.

Pero suponiendo que se den estas circunstancias, lo que es mucho suponer, existen en esta coalición

algunas tendencias disgregadoras que intentaré exponer. Para empezar, una coalición electoral es por su

propia naturaleza, una unión temporal que se deshace al llegar a término, en este caso el 15 de junio. Si

añadimos, en este caso, que el fórceps del presidente ha dejado muy quebrantadas a las distintas

formaciones, mucho me temo que las tendencias centrifugas van a operar ton efecto multiplicador.

Pero, además de esta regla general, pienso que en cada tendencia van a operar tentaciones disgregadoras,

originadas por muy distintos factores.

En la democracia cristiana persiste claramente, y sus portavoces , no lo han ocultado en ningún momento,

la aspiración a la unidad de todos los partidos de esta ideología. La unión del PDC con el Equipo Español

de la DC complementaría el potencial parlamentario de los primeros con el espaldarazo internacional que

aportan los segundos, resultando una poderosa corriente con fuerza electoral y conciencia de su propia

identidad.

En las filas de la socíaldemocracia no puede negarse la fuerte atracción que ejercen los partidos socia-

listas. El tan traído y llevado obstáculo del marxismo no resiste un análisis serio. Una corriente socialista,

incrustada en la Internacional que acoge a los partidos equivalentes de Alemania, Suecia o Austria, por

poner un ejemplo, tiende a convertirse en socialdemócrata. Si después de las elecciones se produjera un

fenómeno de convergencia socialista, los que hoy se definen socialdemócratas no podrían mostrarse

insensibles a esta llamada.

En cuanto a los liberales, ¿no empieza ya a vislumbrarse una nueva fuerza liberal extraparlamentaría? Si

este fenómeno prospera, la corriente liberal, hoy quizá la más quebrantada de las que integran el Centro,

tendería inevitablemente a realizar también su unidad.

Queda, por ultimo, el caso ciertamente atípico del Partido Popular Nacido como un ensayo general del

propio Centro, dice contener en su seno tendencias liberales, democristianas y socialdemócratas. Si estas

fuerzas de disgregación prosperan en las próximas Cortes, se encontraría en una verdadera encrucijada: o

disolverse, encuadrando a sus miembros en las tres corrientes antes citadas, o absorber a los llamados

independientes y convertirse en el auténtico partido del Gobierno.

A partir del 15 de junio, parece claro que en las filas del Centro va a producirse un enfrentamiento

difícilmente evitable: la tendencia unificadora desde el Poder y la disgregadora nacida en el seno de los

propios partidos. Del resultado de esta confrontación quedará sin duda un partido adicto al presidente fíe!

Gobierno, pero puede resultar menos nutrido de lo que ahora nos parece. ¿Sería ése el momento de

rescatar el ala menos asilvestrada de Alianza Popular?

 

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